Apuntes

Borges, un siglo rigiendo nuestro destino

La más reciente obra de José Miguel Oviedo (Lima, 1934), Historia de la literatura hispanoamericana (Alianza Editorial, Madrid, 2001 / cuatro volúmenes),
insiste en las cualidades de Jorge Luis Borges.
He allí que para Juan Gustavo Cobo Borda, Oviedo, en este trabajo,
convierte a Borges en el "privilegiado mirador desde el cual oteamos pasado
y presente": "El es ahora nuestro ángulo de visión (…), gracias a su ceguera
nuestra mirada se ha enriquecido de modo insospechado"


Foto: Alicia D'Amico
Jorge Luis Borges, "el iconoclasta que rehizo la biblioteca a su gusto"

 

"Sus libros forman una biblioteca creada por la imaginación
a partir de una biblioteca real manipulada por él".

José Miguel Oviedo: Historia de la literatura
hispanoamericana. 4. De Borges al presente.

Madrid, Alianza Editorial, 2001.

En el formidable y exhaustivo trabajo de José Miguel Oviedo, sintetizando en cuatro volúmenes la historia de nuestra literatura, la presencia de Borges se convierte en el privilegiado mirador desde el cual oteamos pasado y presente. El es ahora nuestro ángulo de visión. Condenados a Borges, gracias a su ceguera nuestra mirada se ha enriquecido de modo insospechado. No sé si los beneméritos trabajos anteriores de, por ejemplo, Luis Alberto Sánchez o del no hace mucho fallecido Enrique Anderson Imbert tenían también detrás un implícito demiurgo que orientaba pesquisas y valoraciones. Pero en el caso de Oviedo su prosa se hace eficaz y amena gracias al filtro de Borges. Es obvio que los conocidos libros que Oviedo ha dedicado a José Martí, Mario Vargas Llosa o el ensayo latinoamericano eran ya garantías de un sagaz explorador en la selva de nuestras letras, sin mencionar sus asedios a Ricardo Palma o sus sugerentes compilaciones del cuento hispanoamericano. Pero gracias a Borges podemos pasar, como lo dice Oviedo, de las ideal fictions a los imaginary essays.

Es decir, a un mundo regido por la ironía y la serenidad y el libérrimo fuero imaginativo. No hay límites, no hay fronteras, y la mente avanza animada por una educada sensibilidad, tan aparentemente conocida en sus artilugios -"laberintos, rosas, tigres, dobles, los Borges, el ajedrez"- como insospechada en su rigor visionario. Oviedo, por ejemplo, nos insinúa que Pierre Menard se da coetáneo con la muerte de Leopoldo Lugones y que el homenaje crítico que implica el cuento de Borges es ya la primera puesta en duda, al pie de la tumba, de la vasta producción de quien se consideraba tan helenista como promotor de "la hora de la espada". Pero no importa, en definitiva, si la hipótesis pueda probarse, por así decirlo, técnicamente. Lo que importa es que ella sea sugerente e incitadora. Por existir Borges, leemos a Lugones de otro modo.

"La ironía es principalmente una autoironía, en la que está implícita una moral de escritor según la cual este debería ejercer su oficio sin mayores esperanzas, pero con probidad, como si fuese una causa perdida" (José Miguel Oviedo, Ibid, p. 28).

¿No radicaría la decisiva trascendencia de Borges en esa sincera actitud de distancia ante los ropajes de oráculo de juventudes, que a veces ostenta Ernesto Sábato, o esa convicción militante de que la actualidad política abordada tanto desde el manifiesto como desde el periodismo contribuiría a mejorar el mundo, tal como la encarna, en ocasiones, Gabriel García Márquez? Borges no tuvo nunca tan ilusas posturas. Como lo expresó en sus conferencias de Harvard en 1967-1968, recogidas ahora en This craft of verse (2000), la poesía es "a passion and a joy". Y los libros son sólo "ocasions for poetry". No es que convirtiese su vida en literatura -que lo hizo. Lo valioso es que su literatura nos da vida.

Abro el libro de Alberto Manguel: Una historia de la lectura (1999). Se refiere a Borges. Dice:
"Me subyugaban sus comentarios, que eran enormemente eruditos pero discretos, muy divertidos, a veces crueles y casi siempre indispensables" (p. 36).

Abro el libro de Adolfo Castañón: América sintaxis (2000). Leo:
"Lo inconcebible que sería imaginar siquiera la posibilidad de una literatura que no incluyese sus libros. Una de las primeras consecuencias de tal formación fue la espontánea suspicacia con que aquel lector repasaba la literatura realista, naturalista, el relato y la novela, pero sobre todo, la crónica y el documento periodístico" (p. 47).

Y añadía Castañón:
"Sin prisa pero sin pausa, vislumbrábamos la solidez de lo que había creado Borges a medida que comprobamos cuánto había destruido y cómo había limpiado la casa de las letras de objetos olvidados pero, ante todo, de chatarra recién fabricada. Los lectores de la generación anterior tuvieron con Borges la singular experiencia de que con cada uno de sus cuentos y poemas se desplomaban y ardían bibliotecas enteras" (p. 48).

Abro el libro de Roger Chartier, El juego de las reglas: lecturas (2000). Como me lo temía, inevitable, indispensablemente, el primer trabajo está dedicado a Borges. Y en él la anécdota perfecta:
"Momentáneamente: tal fue la respuesta a una mujer que le preguntó si era Jorge Luis Borges" (p. 28).

Los que se toman en serio, los que creen que existen, los que perfilan su obra para alcanzar el orín de la gloria, ven erosionadas todas sus certezas. Borges es el duende invisible que alegra nuestras letras y hace sonreír al espíritu. Es el burlón bibliotecario ciego que ha reescrito todos los libros que amaba y que ha prescindido, con la más sana insolencia, de toda la bazofia trascendente o comprometida que asolaba nuestras tierras. Sólo eran, en definitiva, frutos endebles o cursis. Por ello todo recuerdo de Borges debe arrancar del inconoclasta que rehizo la biblioteca a su gusto. Ya lleva un siglo -el siglo XX- rigiendo nuestro destino. Es natural que continúe presidiendo nuestro olimpo. Por ello, si comenzamos con José Miguel Oviedo es justo que concluyamos citándolo de nuevo. Borges hizo de la cita, falaz o prolija, la mejor vía para escribir nuestra propia página:

"Aunque no los necesita, tal vez el mayor elogio que se pueda hacer de Borges consiste en decir que es un escritor cuyo rigor (de geómetra o arquitecto de laberintos y de austeras pirámides verbales) no le impide ser amable y entretenido como muy pocos. Si la grandeza se mide por el placer que la lectura y la relectura producen, entonces Borges es uno de los más grandes" (p. 37).

Juan Gustavo Cobo Borda. Narrador y poeta colombiano

 
N 10 Año VI
Caracas, sábado
07 de septiembre
de 2002
 
 

Lo que aún resplandece
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del trópico

Visiones de Araya
(Maurizio Fantoni Minnella)

 
 

Creación
Gustavo Valle peregrina
en la página para dar cuenta
de su extravío


"...ya nada
me habla
el mismo idioma
"
(poemas)

 

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(Juan Gustavo Cobo Borda)

 
 

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