Libros, Lecturas y Lectores

"LA CASA SIN SOMBRERO" DE JACQUELINE GOLDBERG

En conexión con el alma del niño

Un niño es la voz en este libro de Jacqueline Goldberg. Un niño, quien, cómplice de la ensoñación del padre, nos cuenta acerca de sus sueños.

Su padre es un "hacedor de casas", un soñador.

El niño hila, encadenando en una madeja esos sueños del padre, los que tienen como centro la posibilidad de una casa.

Lo interesante, y he allí el origen de la materia poética, es que este libro (La casa sin sombrero / Alfaguara, Caracas, 2001), dentro del contexto de la obra de Jacqueline Goldberg publicada para niños, se convierte en el resultado de un proceso de síntesis, porque sus libros anteriores en esta línea: Una señora con sombrero (1992) y La novia voladora (1994), establecen ambos la definición de un espacio subjetivo en conexión con el alma del niño, espacio de la soledad interior y del descubrimiento primario, que enseña cómo la imaginación puede convertirse en un territorio de propiedad individual dotándonos del lugar de la intimidad donde somos solos con nosotros mismos.

Para los niños descubrir ese espacio, convertido en esa posibilidad, constituye la definición de sí mismos como personas, como individualidades con derecho a la autonomía.

La autora consigue pues, otorgar a través de las palabras este encuentro.

La casa sin sombrero es como la metáfora la dibuja: una casa, un lugar de los afectos y la vida, que ha nacido en y de las palabras, y que el niño, hijo, la percibe originada a partir de las propuestas del papá.

Pero esa casa que partió de los sueños tiene una existencia propia, la del poema que es: el libro. La de este imaginario comunicado y colectivizado.

El escritor Enrique Pérez Díaz, autor de numerosos libros para niños, define el lugar desde la perspectiva de quien escribe y quien lee:

"(…) al franquearse la página en blanco, ese mítico umbral, antes inexistente para cualquier lector, y penetrar el narrador dentro de él, lo que sus ojos ven, intuyen, sufren, admiran, describen, cuentan debe hallarse en un lugar determinado, lugar que produzca en nosotros -los domesticados y serviles lectores de siempre- aquella emoción tan necesaria y buscada para descifrar los códigos anímicos y estilísticos (esto es, la lectura) que nos permitan acceder ilesos a la atmósfera real de este lugar" ("El sentimiento de lugar en los libros para niños", 2001 / Ponencia presentada en el Congreso Lectura 2001 para leer el XXI, La Habana).

Esta búsqueda en la escritora Jacqueline Goldberg, en relación con la ausencia, con la soledad cósmica, con el llenar o rehacer un espacio de lo que no está (estuvo con el abuelo, estuvo con la novia, está en el sueño del papá con la casa imaginaria) cumple en la lectura y su relación con el interlocutor-lector infantil y adolescente, con esa profunda sensación de soledad intrínseca a esas edades, acerca de lo cual Gaston Bachelard ha escrito tantas páginas:

"La soledad del niño es más secreta que la soledad del hombre. A menudo descubrimos muy tarde en la vida, en toda su profundidad, nuestras soledades infantiles, la soledad de nuestra adolescencia (…) el niño soñador, es un niño solo, muy solo. Vive en el mundo de su ensoñación. Su soledad es menos social, menos dirigida contra la sociedad, que la soledad del hombre" (La poética de la ensoñación, 1982, pp. 163/164).

La definición de ese lugar en las obras de la escritora Jacqueline Goldberg concentra un motivo que se nos hace muy importante, ya desde el punto de vista de quien acerca el libro al lector ideal, porque, independientemente de que pensemos que el libro no tiene edad, sino que hay lectores para cada libro, su esencia desde el motivo mismo que genera el "lugar" en su obra, puede considerarse para ser destinada a jóvenes y niños, dado que cumple en términos literales con lo que podríamos señalar como la aproximación a los motivos emocionales e intelectuales de ese joven lector hoy, caracterizado desde la perspectiva de un nuevo lector infantil o juvenil, "el nuevo lector implícito".

El proceso de lectura del texto reproduce el acto de creación de un universo interior al mismo tiempo. El niño y su papá son lo que el lector al texto del escritor (de la escritora en este caso).

Así, quien nos narra manifiesta simultáneamente lo que percibe del sueño del padre y suma a ello lo que el mismo sueña. La belleza del texto reside en esa comunidad de voces fusionadas.

Celebramos este libro de una poesía que no hace concesiones y que valoriza con creces nuestra literatura publicada para niños.

Laura Antillano. Narradora y ensayista

 
N 5 Año VI
Caracas, sábado
03 de agosto
de 2002
 
 

Armando Romero cierra su trilogía de novelas,
de ciudad
en ciudad

En continuo flirteo con lo extremo
(Rafael Courtoisie)

 
 

Creación
Profetisa
y deseosa Mercedes Roffé indaga

Hace no sé cuántos sueños se inició
este viaje

(poemas)

 

Tributo
Rafael José Alvarez abre una rendija a lo vivo

Y su voz
cruza el viento

(Luis Alberto Angulo)

 
 

Anotaciones
Diálogo y comprensión: ¿hacia la reconciliación posible? (I)

Una condición inicial: la defensa del libre diálogo
(Cristian Alvarez
)

 
 

Apuntes

La tarea de pensar nos convoca
(Laura Arias
)

 
 

Libros, Lecturas y Lectores
Ante "El libro, tras la duna"
de Andrés Sánchez Robayna

Una fértil andadura espiritual
(Gustavo Valle
)

 
 

Libros, Lecturas y Lectores
"La casa sin sombrero"
de Jacqueline Goldberg

En conexión con el alma del niño
(Laura Antillano
)