Libros, Lecturas y Lectores

ANTE "EL LIBRO, TRAS LA DUNA" DE ANDRES SANCHEZ ROBAYNA

Una fértil andadura espiritual

El libro, tras la duna de Andrés Sánchez Robayna obliga a Gustavo Valle a destacar la incandescencia de la fibra con la que está hecha la íntima andadura de este poeta de origen canario, que ha consumado votos por verter su poesía "de un estar a un ser", "de un paisaje a un sujeto": "Un ser atravesado por el paisaje y continuamente interrogado por los enigmas de la composición poética", un ser siempre atado a la topografía insular y espiritual, reconoce Valle


Foto: Gustavo Morales
Andrés Sánchez Robayna comulga con "el deseo del ser en la unidad"

El libro, tras la duna (título que bien podría firmar un Edmond Jabès) abre un camino nuevo dentro del trabajo poético de Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, Islas Canarias, 1952). Decir esto de un poeta cuya obra se ha caracterizado por una profunda coherencia interna puede traer equívocos. Maticemos: El libro, tras la duna (Editorial Pretextos. Valencia, 2002) abre un camino nuevo, pero en él también convergen y se expanden las preocupaciones y búsquedas que el poeta nos ha ofrecido en libros anteriores. Aún más: El libro, tras la duna es, por su esfuerzo evocativo y su intento totalizador, una propuesta espiritual de gran ambición, pero también de alto riesgo.

Andrés Sánchez Robayna ha dicho que su poesía ha evolucionado de un estar a un ser. Y podríamos agregar: de un paisaje a un sujeto. Sus primeros libros (Clima, Tinta, La roca) sientan las bases de un territorio, de una geografía íntima. A través de una extremada economía discursiva el poeta conforma no sólo la mitología de un espacio insular sino el lugar fundador de su canto. Para decirlo con palabras de Eugenio Montejo, estos tres primeros libros apuntan a la construcción de una terredad. Por lo tanto este paisaje es una topografía pero sobre todo una mirada, la ventana desde la cual el poeta observa y es observado: el lugar donde nace su palabra.

Sus tres libros siguientes (Palmas sobre la losa fría, Fuego blanco y Sobre una piedra extrema) están marcados por la reflexión del ser y del tiempo dentro del marco de un paisaje totalmente consustanciado al poeta. Siempre atados a esta topografía insular y espiritual estos tres libros van desgranando poco a poco un ser. Un ser atravesado por el paisaje y continuamente interrogado por los enigmas de la composición poética.

Con El libro, tras la duna Andrés Sánchez Robayna quiere ir más allá. Aquí la empresa poética tiene como objeto el sujeto, el sujeto histórico. Esfuerzos, esperanzas y deseos se enlazan a las exploraciones anteriores. Poema extenso y único, o conjunto interdependiente de fragmentos, El libro, tras la duna intenta la reconstrucción del sujeto y su esfuerzo se centra en una invención autobiográfica. De ahí que la memoria sea el verdadero protagonista de este libro. La memoria como invención, claro, pero también como fuerza dadora de sentido. Es como si, llegado a este punto, el poeta necesitara ordenar lo que en otros libros existe de manera rica y constelada. Como si extrajera del éxtasis de la contemplación estelar una cosmogonía propia. Para ello el poeta se sumerge en la noche de los tiempos, en la luz de la infancia, y ve allí el génesis (siempre cíclico) de una vida espiritual y una experiencia estética:

Y grabé en una piedra
bajo los cielos cómplices
la inicial de mi nombre
para dejar señal
de mi nombre y su secreto

Esta acción genésica de la infancia, suerte de impronta cósmica o feliz signo del destino (ya mencionada en Sobre una piedra extrema) abre la puerta a una especie de bildungsroman donde el poeta inicia su atenta vigilia y su andariego aprendizaje. Así asistimos, en primer lugar, al asombro ante la naturaleza insular, "El rumor de los árboles / y su texto infinito", y el universo visto como un idioma generoso y emocionado. El poeta en ciernes intenta leer como un alumno de Pitágoras el "silabario del cielo", intenta conocer, aprender, pero rápidamente advierte que a la luz del saber la acompaña una sombra. Esta sombra se identifica con una nube que señala continuamente las trampas del conocimiento. La "nube del no saber" sobrevolará los pasos del poeta y lo devolverá cada tanto al lugar ignoto de los comienzos, donde todo es asombro.

Así, el poeta crece, conoce el deseo. Y el deseo se manifiesta como una "obstinación solar" y proyecta la imagen de la mujer deseada frente al volcán de la isla. La naturaleza, cual espejo deseoso, se erotiza y dialoga desde su materialidad sensual. Los cuerpos, desde su rotunda desnudez, intercambian sabidurías. El deseo como aprendizaje y trascendencia, comunión vital y metafísica:

El deseo del ser en la unidad
Y la unidad de Dios resuelta en fuego

La andadura continúa y el mundo de la experiencia trae noticias de viajes, de encuentros, la estancia del poeta en Barcelona, sus años de formación, lecturas y autores se entrelazan a los poemas de este libro dejando significativas huellas: Stevens, Paz, Wordsworth, San Juan de la Cruz y otros, colaboran en la escritura de algunos versos a través de un diálogo textual recíproco. De igual forma sucede con la pintura, donde algunos poemas parecen dedicados a Goya o a Tàpies. Este vínculo entre pintura y escritura (quizás la obsesión más atractiva y sugerente de su obra) lo lleva Sánchez Robayna a límites extraordinarios donde la escritura de ciertos poemas parece obedecer a las palabras del gran Severo Sarduy: "escribir es pintar con las vocales".

La historia y el horror de la historia (tema prácticamente inédito en la poesía anterior de Sánchez Robayna), y de manera inevitable la reflexión sobre el mal y su reincidente banalidad, y por si esto fuera poco la problemática del otro, de la otredad y la reflexión acerca del ejercicio poético son asuntos que también atiende El libro, tras la duna en un intento casi titánico de autobiografiar el complejo y vasto proceso de formación de un poeta, a través de un programa poético que quiere otorgar orden y estructura a experiencias tan significativas y enriquecedoras, como también disímiles.

En El libro, tras la duna asistimos al trabajo de un poeta que nos tiene acostumbrados al buen gusto, pero también echamos en falta la claridad solar, la economía obsesiva y la materialidad exacta que asumía la palabra poética en libros anteriores. Celebremos el alto riesgo que ha corrido Andrés Sánchez Robayna al sumergirse en su propia historia e ir tras sus propias huellas, y esperemos nuevos ordenamientos y profundizaciones, quizás menos ambiciosos y totalizadores (también menos programáticos) de su fértil andadura espiritual.

Gustavo Valle. Ensayista y poeta

 
N 5 Año VI
Caracas, sábado
03 de agosto
de 2002
 
 

Armando Romero cierra su trilogía de novelas,
de ciudad
en ciudad

En continuo flirteo con lo extremo
(Rafael Courtoisie)

 
 

Creación
Profetisa
y deseosa Mercedes Roffé indaga

Hace no sé cuántos sueños se inició
este viaje

(poemas)

 

Tributo
Rafael José Alvarez abre una rendija a lo vivo

Y su voz
cruza el viento

(Luis Alberto Angulo)

 
 

Anotaciones
Diálogo y comprensión: ¿hacia la reconciliación posible? (I)

Una condición inicial: la defensa del libre diálogo
(Cristian Alvarez
)

 
 

Apuntes

La tarea de pensar nos convoca
(Laura Arias
)

 
 

Libros, Lecturas y Lectores
Ante "El libro, tras la duna"
de Andrés Sánchez Robayna

Una fértil andadura espiritual
(Gustavo Valle
)

 
 

Libros, Lecturas y Lectores
"La casa sin sombrero"
de Jacqueline Goldberg

En conexión con el alma del niño
(Laura Antillano
)