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Apuntes La tarea del pensar nos convoca La palabra libertad debe exigirnos a todos una mirada al menos curiosa al aproximarnos a ella. Viktor Frankl, un sobreviviente de los campos de concentración nazi, recomendaba que la estatua de la Libertad de Nueva York se complementase con la estatua de la Responsabilidad en la costas de California. La libertad es uno de los ideales más preciados de la modernidad, pero cuando está mal elaborada puede convertirse en un "delirio de autonomía". En un creer que puedo hacer lo que quiero. Visto así, la libertad deja de ser un asunto público o político y pasa a convertirse en un problema interior que remite a nuestros pensamientos y acciones. A la libertad se le presenta el yo quiero y el yo debo querer, dos mandatos que pueden ser la gran causa motivadora de nuestros conflictos. El querer puede incluso entrar en desacuerdo con el poder realizar. La actual situación de desgaste presente en Venezuela, no requiere precisamente un sujeto político sin propuestas definidas, un sujeto que sufre sin remedio, cuyo único deseo casi animal es volver a sentirse bien. Kafka a lo largo de su obra ya anunciaba la aniquilación del sujeto víctima del poder y su consecuente animalización. Debemos crear la responsabilidad singular por parte de cada uno, de interrogarnos cómo "vivir juntos". Esto implica tener la voluntad de darse al trabajo de conocer la realidad presente, con lo que evocar la realidad es pensarse. La errónea
percepción de la realidad social de las personas concretas implicadas
en una defensa de Hugo Chávez y de otro, los antiChávez,
es el espectro de una querencia al idealismo que no hace sino perpetuar
la ignorancia de los reales problemas de Venezuela. La pasión del
idealismo (tal como la entiende Freud en el sentido de estados
patológicos normales) puede evocar fácilmente el totalitarismo. Esta puede ser una clave para analizar el trasfondo de los discursos de Hugo Chávez y también de las imágenes que despierta: la de ofrecerse como víctima. Pero desde el momento en que deja de comportarse como tal, se convierte de inmediato en autoritario verdugo, dictador (para comprender esto es necesario conocer la ideología de la víctima). Hugo Chávez debe vencer en sí mismo un enemigo llamado soberbia. Esta es la enfermedad profesional de los políticos con mayoría absoluta. Ejercer la libertad, día a día, hora a hora, si queremos realmente trabajar por Venezuela y curarnos de los idealismos patológicos, Chávez-antiChávez, implica conocer el efecto de todo imperativo, los efectos que producen. Un actuar sin saber muy bien por qué actuamos o, como en las inhibiciones, un querer incapaz de realizarse en la acción. Basta con dar una mirada a algunos de los célebres imperativos kantiano, lacaniano o hacer presente el imperativo de Adorno: "que Auschwitz no se repita". Que el hombre no se destruya, el mal no es el sufrimiento que un hombre le inflige a otro hombre, sino hacer al hombre superfluo (Hannah Arendt y la banalidad del mal). Goce impuesto: intolerancia de la otredad. ¿No será éste el imperativo de aquellos que no toleran el surgimiento de una oposición digna y pensante en Venezuela? Mientras Hugo Chávez piense de forma idealista fabricará formas de poder donde todo puede ser justificado. Nuestra sociedad en vez de hacernos más libres nos hace cada vez más esclavos de lo que ella prepara para cada uno de nosotros desde antes de nuestro nacimiento. Esto equivale a decir que cada vez puede resultar más extraño a nosotros mismos lo que queremos y por qué hacemos lo que hacemos. Es necesario, sano, o inteligente preguntarnos si cuando actuamos respondemos a un deseo propio, singular, creativo, o respondemos a los imperativos de la sociedad, o, en este caso, del líder. Preguntarnos por los motivos que nos llevan a actuar puede explicarnos la mayor parte de las veces por qué abundan la insatisfacción y sus consecuentes patologías por no realizar la tarea del pensar(se). En ese sentido ignorar un "vivir junto" como arte de la política conduce a la pérdida de la experiencia del pensarse al pensar la realidad. Desconocer esta experiencia conduce al extrañamiento mutuo de los seres humanos. Giorgio Agamben en su excelente Homo Sacer desarrolla el doble movimiento que funda la política occidental: "Si el soberano es, en efecto, aquel a quien el orden jurídico reconoce el poder de proclamar el estado de excepción y de suspender, de este modo, la validez del orden jurídico mismo, entonces cae fuera del orden jurídico normalmente vigente, sin dejar por ello de pertenecer a él, puesto que tiene competencia para decidir si la constitución puede ser suspendida in toto". Así, cuando los hombres son capaces de todo, este todo adquiere un carácter impensable. Desconocer nuestra responsabilidad como venezolanos impide cualquier posibilidad de reflexión. Con lo cual aparece el hombre que advirtiendo el peligro de destrucción a su alrededor decide volverse él mismo fuerza destructiva. El hecho de que los hombres normales no saben que todo es posible nos obliga a volver siempre al vínculo entre libertad y responsabilidad. Desconocer estos principios tal vez se deba a que no queremos saber de nosotros mismos. Por ello huimos a través de todas las formas de alienación que encontramos, condenados a cometer errores entre las diferentes formas de escapar a nuestro deseo más propio. Es necesario descubrir a dónde nos está conduciendo Chávez, sus dobles discursos, su doble faz de víctima y verdugo, populista y autoritario. La tarea del pensar nos convoca. Escoger y responsabilizarnos de lo que queremos puede ser el comienzo de un verdadero ejercicio de libertad y democracia. Laura Arias. Psicoanalista |
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