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Tributo RAFAEL JOSE ALVAREZ ABRE UNA RENDIJA A LO VIVO Y su voz cruza el viento Al poeta Rafael José Alvarez podría reconocérsele como un místico de las arenas que le vieron nacer y que hoy esparcen su voz y la de las cabras y las aguas con las que desde lo más primario del nombrar ha levantado su obra. Allá, en Santa Ana de Coro, sigue afanado exhumando los corazones de su memoria, y agradecido por el Doctorado Honoris Causa que le concediese la Universidad Francisco de Miranda, como relata Luis Alberto Angulo
El epígrafe es de Rafael José Alvarez (Santa Ana de Coro, 6 de noviembre de 1936), autor del poemario antológico Trina y otras memorias, publicado el pasado año por Ediciones Poesía de la Universidad de Carabobo. Alvarez, un escritor de excepción en la ya sin par lírica venezolana del siglo XX, no goza quizá de la aclamación de muchos de sus esenciales coetáneos, pero su obra, explorada cada día con mayor interés por la lectura especializada, es dueña de una voz madura, luminosa, plena de musicalidad y saturada de la autenticidad de quien ha asumido en su búsqueda los signos de su propio entorno espiritual. Como un fotógrafo de lo imposible dentro de lo real, Rafael José Alvarez desanda los caminos de un universo propio, de una memoria colectiva y local, que escindida y casi borrada, logra ser restituida, no obstante, por el ensalmo del verbo: "Su rostro implora la fotografía / que no se pudo hacer", nos dice en A esta hora, un poema revelador que husmeando en las cenizas, recoge ciruelas, camina la sordera de Trina que barre con sus ramas tristes, un claro lugar de lo que escribe el poeta.
Ahora, cuando conduzco hacia la ciudad de Coro, impulsado por la alegría y el deseo de felicitar al poeta recientemente investido por la Universidad Francisco de Miranda como Doctor Honoris Causa en Educación, creo sorprender a Trina bajo la sombra de un cují, en el instante en que diviso la magnífica planicie y se levanta a mi izquierda la no menos espléndida sierra falconiana. La he visto por un instante, en el refulgir absoluto del trópico, caminar entre cardonales por la ruta consagrada donde asciende su alma en temblorosos vuelos. Antes, recuerdo también: vi una cabra sin ojos cruzar el tiempo y el gallo y la nube enredados en el aire de otros versos indelebles. De este poeta, narrador y periodista, autor de Tratos con duendes (1999), Consagraciones (1993), Oikos (1986), Aposentos (1983), Sagrarios (1978) y De gallo y nube (1978), dijo alguna vez nuestro Vicente Gerbasi que su poesía está constituida del dramatismo que configura esta región deslumbrada por un sol furioso y por los espectros demoníacos de la noche, y su contenido dramático adquiere una especial calidad poética por los vivenciales hallazgos metafóricos que usa el autor con verdadera maestría lírica. Claridad y generosidad, para reconocerse a sí mismo en el otro, es la del poeta, cuyo regocijo, frente a una voz propia en el universo de todos, no deja de asombrarse y hacerse hallazgo. Soliloquio de Trina, de Flor María, de Rafael José, que dialogando va entre la gente, abriéndole una rendija a lo vivo. Luis Alberto Angulo. Poeta |
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