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Hace
no sé cuántos sueños se inició este
viaje
ribera del sol ribera
de la muerte
Como un velo se hunde hacia atrás en la memoria
aprendiz de destierro
oh espejo, luna de mal agüero
Desde qué monte preguntaré a las aguas el camino
ribera del sol ribera
de la muerte
El tiempo se ha detenido
y sin embargo
hay verbos que acontecen
ayer un chopo tal
vez mañana un sauce
Cruzo la tarde como la espesura blanca de la leche
Desde las costas me alargan sus brazos un ciego
un
monje
una
muñeca
Yo había profetizado la pérdida
del reino
Yo había
visto desfilar las barcas de la locura
Yo había visto el gesto excelso de los sacerdotes del ocio
Entrañas
de los buitres, vosotras
me habíais develado la destrucción del templo
Mas
quién oyó
No hubo en Toledo
ni en Alejandría lugar
la negra lengua del vate
Yo había
profetizado la muerte de los dioses
Mas
quién oyó
Antigua
edad
algo como un canto como un
crepitar de cuerpos en la hoguera
como un hongo sagrado
se
alza
Vientre
alquimia de la noche en la oración
Piedra fundamental
(tu
solo privilegio)
La fractura
ese balbuceo seco-sin saliva
con aristas de piedra como acantilados
Entonces surge a veces
la palabra
flaca
única
escuálida como un hueso
y el trazo demasiado uno
y el silencio
Dónde
serán para mí las aras
sino en los montes
donde serán mis fuegos rubios pezones
moradas cúpulas
para los pechos erguidos de la tierra
dónde
si no será para mí la ceremonia
sino donde encendí la primera
teas
engalanadas para los juegos
sino donde canté y fui canto
y fui Huésped y Esposa y Disidencia
y Pócima y Encantadora
y Tierra y Madre
(del
Ungido Hacedor del)
gloria
in excelsis
del que hoy soy el silencio
Dónde
se alzarán para mí las aras
sino en los rubios montes
-como
una fiesta galante en lo alto
de
un carro de heno
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