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Reseña LEONARDO PADRON La ciudad misma
" los ascensores suben y bajan sin abrir sus puertas, los sótanos revuelven los carros como un dominó enloquecido, ¿dónde comienza el día?, ¿donde se apaga el domingo?, tiendas donde venden puestas de sol y almanaques que dan cuenta de los días que tengo sin verte, computadoras que poseen el color de animales ya extinguidos, son las cuatro de la tarde y ya me he mordido la cola varias veces". Padrón se apoya escasamente en el lirismo, lo usa sólo cuando ya es imposible dejar de sufrir la realidad. Esta decisión nos remite a lo que brillantemente expresó Rafael Cadenas: los pájaros van a posarse en un alambrado sin tener ellos la culpa de lo poético o no que pueda resultar el evento. La aceptación de la ciudad en Boulevard, ese pacto con su miseria, hacen que el libro se transforme en el diario de un cronista, al narrar cada suceso con la honestidad de un aventurero. Experimentamos también la presencia de una voz en off: la reflexión. El autor la inserta en el cuerpo narrativo, producto de su periódica convivencia urbana, además de ceder terreno a otros autores extranjeros que padecen el mismo mal citadino. En una oportunidad dijo Isaac Chocrón que Caracas era un clima. Esta aseveración comparte escena con el enfoque de Leonardo Padrón. No hay necesidad de buscarle excusas y explicaciones, no hay necesidad de embellecerla o endiosarla, ella, la ciudad, es ese clima sentido y omnipresente, ese rumor, esa emergencia que no deja dormir a los niños; la calle El Recreo, el "Caracas Family Center", los perros con hambre, las autopistas. Es gratificante que en la poesía venezolana contemos con esa voz urbana que es Leonardo Padrón y con su escritura contemporánea, verdadera, que transfiere todo un pensamiento poético a la ciudad convirtiendo un lenguaje particular, en la ciudad misma. Thelma Carvallo. Escritora |
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