Reseña

LEONARDO PADRON

La ciudad misma


Foto: Cheo Pacheco
Padrón "se convierte en mediador de lo inevitable"


Leí Boulevard, este libro reciente de Leonardo Padrón, con mi hija despierta en el regazo. No la dejaba dormir la emergencia de la ciudad, la urdimbre de la multitud que no tiene cura ni remedio y que lleva de paseo su enloquecida vida por la acera de una calle llamada curiosamente, El Recreo. Tuve un acercamiento a esta literatura cosmopolita de Padrón en Tatuaje (Eclepsidra, 2000), donde el escritor dejó ver una perspectiva estrictamente poética sublimando todo aquello que por doloroso debía pasar desapercibido. La entrega que nos hace ahora en Boulevard, (Ediciones cincuenta de cincuenta, 2002) define a una ciudad más despiadada. Aquí el lugar se pelea la libertad de ser, sencillamente, lo que es. Padrón pareciera atrapar emotivamente las cosas de la vida real en instantes épicos y escaramuzas urbanas a lo que la otra vida, la del poeta transeúnte, no le queda opción sino dejarlas tal cual son. En este último libro, no existe la intención de poetizar la ciudad. No hay pretensiones de invencionar una mejor que la que tenemos. Simplemente el poeta se convierte en mediador de lo inevitable. Esta convivencia en espiral, como en el estupendo "Caracas Family Center", rescata a la ansiedad de su recóndito sitio reprimido:

"…los ascensores suben y bajan sin abrir sus puertas, los sótanos revuelven los carros como un dominó enloquecido, ¿dónde comienza el día?, ¿donde se apaga el domingo?, tiendas donde venden puestas de sol y almanaques que dan cuenta de los días que tengo sin verte, computadoras que poseen el color de animales ya extinguidos, son las cuatro de la tarde y ya me he mordido la cola varias veces".

Padrón se apoya escasamente en el lirismo, lo usa sólo cuando ya es imposible dejar de sufrir la realidad. Esta decisión nos remite a lo que brillantemente expresó Rafael Cadenas: los pájaros van a posarse en un alambrado sin tener ellos la culpa de lo poético o no que pueda resultar el evento. La aceptación de la ciudad en Boulevard, ese pacto con su miseria, hacen que el libro se transforme en el diario de un cronista, al narrar cada suceso con la honestidad de un aventurero.

Experimentamos también la presencia de una voz en off: la reflexión. El autor la inserta en el cuerpo narrativo, producto de su periódica convivencia urbana, además de ceder terreno a otros autores extranjeros que padecen el mismo mal citadino.

En una oportunidad dijo Isaac Chocrón que Caracas era un clima. Esta aseveración comparte escena con el enfoque de Leonardo Padrón. No hay necesidad de buscarle excusas y explicaciones, no hay necesidad de embellecerla o endiosarla, ella, la ciudad, es ese clima sentido y omnipresente, ese rumor, esa emergencia que no deja dormir a los niños; la calle El Recreo, el "Caracas Family Center", los perros con hambre, las autopistas. Es gratificante que en la poesía venezolana contemos con esa voz urbana que es Leonardo Padrón y con su escritura contemporánea, verdadera, que transfiere todo un pensamiento poético a la ciudad convirtiendo un lenguaje particular, en la ciudad misma.

Thelma Carvallo. Escritora

 
N 31 Año V
Caracas, sábado
04 de mayo
de 2002
 
 
Carlos Duarte relata "La vida cotidiana en Venezuela durante el período hispánico"

Mito y olvido
de la memoria

(María Ramírez Ribes)
 
 

Reflexión

Universo tecnológico
y literaura
(Gisela Kozak Rovero)

 
Creación
Casimiro de Brito expectante
ante la palabra,
el silencio,
la libertad...

¿Qué me darías si te pidiese la paz?
(poemas)
 
 

Apuntes
Jesús Díaz
y la verdad como forma plena
de la ficción

El arte cubano de la fuga
(Julio Ortega
)

 
 

Reseña
Leonardo Padrón

La ciudad misma
(Thelma Carvallo)

 
 

Ensayo
La vuelta
al mundo de la vida cotidiana
a través
de la escritura

Fenomenología de la literatura
(Julio Quesada)