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La
paz
¿Si te
pidiese la paz, qué me darías
pequeño insecto de la memoria de quien soy
nido y alimento? ¿Si te pidiese la paz,
la piedra del silencio cubriéndome de polvo
la voz rojiza de los frutos, qué me darías
respiración pausada de otro cuerpo
bajo mi cuerpo?
Perdóname
ser tan solitario y aún hablarte
de mi exilio. Perdóname si no te pido
la paz. Apenas pregunto: ¿Qué me darías
a cambio si te la pidiese? ¿La sabiduría?
¿Un caballo de ojos verdes? ¿Un campo de batalla
para grabar en él tu nombre junto al mío?
¿O apenas una faja de fuego, intranquila
en el centro del corazón?
Nada te pido,
nada. Visito, simplemente,
tu cuerpo de ceniza. Hablo de mí,
te entrego mi destino. Y vivo la muerte
sólo de preguntar: ¿Qué me darías si
te pidiese
la paz
y supieses cómo la quiero construida
con materias vivas de libertad?
Arte poética
La palabra
Silencio: la
palabra
respira. Cuerpo dejado
en el mar. Silencio de fuego
y música.
Silencio: la
palabra sangra
su cántico de polvo. Pez
de sombra
mordiendo las estrellas.
La palabra solamente.
La palabra
refresca. Hueso abandonado
en la playa desierta.
La palabra de
agua
donde niego la muerte. Pausa
de sol.
La música
La música
se derrama
en el cuerpo terroso
de la palabra. Se inclina
en el mundo mutante
del poema.
La música
trae en el bagaje
memoria de sangre; camino
de sol. Lumbre y cima
de palabras pulidas.
La música
rompe un río de lava
creado por sí mismo. Lágrima
endurecida
donde cabe el mar
y la muerte.
***
Las armas más
íntimas
maduran a la sombra
de tus senos. La dulce batalla
va
a empezar.
La palabra cansada, corazón errante,
se enciende a la luz de este lugar.
***
Entraste en
la casa de mi cuerpo,
desordenaste todos los cuartos
y ahora no sé quién soy, dónde estoy.
El amor sabe. El amor es un pájaro ciego
que nunca se pierde en su vuelo.
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