La
escasa divulgación de la literatura venezolana en el extranjero
—constante queja— "determina una participación muy limitada en el
debate internacional". De allí que Gustavo Valle celebre el espacio
que otorgara recientemente la revista Cuadernos Hispanoamericanos
de Madrid a las voces de Antonio López Ortega, Gustavo Guerrero,
Rafael Castillo Zapata y Víctor Carreño, y a su propia voz, en el
dossier «Aspectos de la cultura venezolana». Luego, "no todo son
malas noticias", apunta Valle
Algunos
años viviendo en España me confirman algo que todos sabemos: la presencia
de la cultura venezolana fuera de sus fronteras es casi inexistente.
Ana Nuño ya advertiría al lector español del profundo desconocimiento
de la literatura venezolana en España y la característica insular
de una cultura que parece manifestarse en forma de involuntario monólogo.
Esta alerta la recoge Nuño en el prólogo a la antología de
Rafael Cadenas publicado por la editorial Visor. El ejemplo salta
a la vista: un poeta de la calidad y solidez de Cadenas era,
hasta hace muy poco, un perfecto desconocido en la península.
Estas quejas no son nuevas. Mucho menos inciertas. De alguna manera
han acompañado siempre el quehacer de nuestros escritores y artistas.
La repercusión internacional de nuestro producto cultural ha sido,
en el mejor de los casos, tenue. Hace unos años atrás varios escritores
venezolanos fueron invitados por la Universidad Católica de Eichstät,
Alemania, para hablar sobre nuestra literatura. Karl Kohut,
organizador del encuentro y prologuista del libro que recogió aquellas
jornadas, advirtió en la mayoría de los conferenciantes un común descontento:
la escasa divulgación internacional de la literatura venezolana. Las
razones son varias y complejas y "sería engañoso —concluye Kohut
con una frase esperanzadora— dar demasiada fe a esas voces de autocrítica".
Razones, sin embargo, no faltan.
Como habitual usuario de la biblioteca del Instituto de Cooperación
Iberoamericana de Madrid, puedo advertir algo lamentable: la progresiva
ausencia de libros venezolanos en los depósitos de la biblioteca.
Ignoro a qué responde esta falta. Si bien con altos y bajos, la producción
de libros en Venezuela nunca se ha interrumpido y sorprende ver cómo
los fondos de nuestra literatura envejecen en una de las bibliotecas
de tema hispanoamericano más importantes del mundo.
La falta de circulación de nuestros productos culturales determina
una participación muy limitada en el debate internacional. Cuando
se habla de la capacidad "exportable" de una cultura, no se trata
solamente de obtener los beneficios de un mercado, sino de apuntar
a un mayor alcance, expandir el imaginario e inscribirlo en diálogos
más amplios. Siempre me ha sorprendido nuestra capacidad permeable
e integradora: somos un pueblo abierto al mundo, pero el balance entre
nuestra integración y nuestra exportación es precario, también injusto.
Sin embargo, no todas son malas noticias. Con bastante frecuencia
podemos leer en revistas especializadas norteamericanas y europeas,
artículos o notas acerca de nuestra cultura. La revista Iberoamericana,
editada por la Universidad de Pittsburgh, dedicó hace algunos años
un número completo a Venezuela. La cátedra José Antonio Ramos Sucre
en la Universidad de Salamanca ha llevado adelante una labor ininterrumpida
de divulgación de nuestra literatura. Los libros de la Biblioteca
Ayacucho son una referencia indispensable de la cultura latinoamericana.
El Premio Rómulo Gallegos es para muchos el más importante de la región.
Escritores y poetas como Adriano González León, Salvador Garmendia
o Eugenio Montejo, han ganado lectores en muchas partes del
mundo. También críticos y estudiosos venezolanos ocupan con frecuencia
las páginas de las revistas más importantes. Hablo de Gustavo Guerrero,
Miguel Gomes o Beatriz González Stephan.
El dossier "Aspectos de la cultura venezolana" que acaba de publicar
la revista Cuadernos Hispanoamericanos de Madrid viene a contribuir
con esta tarea de divulgación y acercamiento del lector extranjero
a nuestras manifestaciones culturales. Con las colaboraciones de Antonio
López Ortega, Gustavo Guerrero, Rafael Castillo Zapata, Víctor Carreño
y quien esto escribe, el dossier intenta ofrecer un panorama útil
para la curiosidad de los lectores en nuestro idioma. A lo largo de
los cincuenta años que tiene la legendaria revista, es la primera
vez que se dedican tantas páginas a nuestro país. Si este dossier
sirve para despertar un genuino entusiasmo o, cuando menos, una curiosidad
auténtica por nuestra cultura y sus oficiantes, habremos satisfecho
con creces los objetivos.
Gustavo
Valle. Poeta y ensayista
N
9 Año V
Caracas, sábado
1 de diciembre
de 2001
De
Lorenzo Lotto, el pintor que pareciera no haber existido nunca