CREACIÓN

RETORNA A LO MAS INGRIMO DE LA PALABRA

Sánchez Peláez, reincidente en el enigma de lo real

"Y espero, espero el porvenir", escribiría Juan Sánchez Peláez (1922) profesando su inclinación por el enigma, su vocación por no extraviar la lucidez en la derrota, por honrar su oscura filiación con lo roto del vivir. Sí, el autor venezolano que cinceló el pórtico de acceso a la modernidad, aceptó reincidir, aceptó seguir buscando "un párpado de inasible bruma" y devolverle a sus lectores Elena y los elementos, reedición asumida por Monte Avila Editores, así como Los cuadernos del destierro de Rafael Cadenas y El Reino de Ramón Palomares, como expresión celebratoria del título de Doctor Honoris Causa que la Universidad de Los Andes les otorgase recientemente. Diríase entonces que con Elena resurrecta, resurrecta está la poesía toda y escenario para escucharle será el de la Semana Internacional de la Poesía que en esta nueva edición, pautada del 26 al 30 de este mes, distingue a Sánchez Peláez como invitado especial


"Muchos años han pasado desde la aparición de Elena y los elementos.
Las correcciones que le he hecho al libro están por primera vez explícitas.
Esos años que han transcurrido, y suman no pocos, entre el ayer
y el día de hoy conservan cierta frescura en mi memoria con el recuerdo
de amigos que me acompañaron y otros ya ausentes"


JSP

 

Experiencias menos objetivas

(a Henry Michaux)

En todas las estaciones vomita mi cuerpo, la ansiedad
de mi cuerpo y mis nubes.

Máscara hechizada de mi albedrío, ¿quién lo sabía?
Yo descendí a los bosques primitivos de mi nostalgia,
yo regresaba triste y altivo como los conquistadores
de la noche. El crepúsculo adora la esclavitud de esta
tierra desolada. Yo soy mi propio ángel y mi único
demonio. Yo busco un párpado de inasible bruma.
Y espero, espero el porvenir.

Pacientes trabajadores de un Wonderland
embrionario: sois demasiado escrupulosos para
comprenderme. En un arroyo vulcanizado, con
la sandalia de oro de los desiertos, por la puerta
de coral de los infiernos entraréis vosotros, con
vuestro código matrimonial, con las leyes tiránicas,
con las grullas del horizonte. Un fantasma —muy
amable por cierto— mece suavemente mis cabellos.

Y su ternura de león estrangulado sobre la vía láctea
no volverá jamás.

 

 

Elena y los elementos

Sólo al fondo del furor. A Ella, que burla mi carne, que
//////////desvela mi hueso, que solloza en mi sombra.

A Ella, mi fuerza y mi forma, ante el paisaje.

Tú que no me conoces, apórtame el olvido.
Tú que resistes,
resplandor de un grito, piernas en éxtasis, yo te destruyo
//////////sangre amiga, enemiga mía, cruel lascivia.

Nuestras voces de bestias infieles trepando en una
habitación suntuosa sin puertas ni llaves.
Cuando me desgarra un soplo náutico de abejas, yo pierdo
tus óleos, tus imanes, una calesa de esteras en el vergel.

Mi primera comunión es el hambre, las batallas.
¿Rueda mi frente en un aro,
//////////saltan mis ojos sobre la nieve pacífica?
¿Florecen campanas melodiosas en un abismo de miedo?

Después, sin designio, el rocío extiende por el mundo su
//////////gran nostalgia de húmedos halcones.

***

Yo atravesaba las negras colinas de un desconocido
//////////país.
He aquí el espectáculo:
Yo era lúcido en la derrota. Mis antepasados me
//////////entregaban las armas del combate.
Yo rehuí el universo por una gran injusticia.
Tú que me escoltas hacia una distante eternidad:
Oh ruego en el alba, cimas de luto, puertas que
//////////franquean tajamares de niebla.
Salva mis huestes heridas, verifica un acto de
//////////gracia en mis declives.
Pero, ¿qué veo yo, extenso en una maleza de tilos
//////////imberbes? Un glaciar cae lánguido
//////////en el césped.
El mármol se despide del hombre porque éste
//////////es una estatua irreverente.

 

 

Diálogo y recuerdo

Encumbrado a ti,

//////////¿El relámpago de mi respiración?
//////////¿El vuelo marítimo de un cisne o un zamuro?

¿Qué signo mío te iba a despertar?

//////////¿Los buscadores de oro?
//////////¿La campana salobre mecida por el huracán?

Dejadme la pureza del estío y el canto del manantial
//////////sobre los pinos en una hora alta
//////////de paz y alegría.

Huérfano, y sin trompeta, y la mujer que abre su entrecejo
y es una potestad engañosa y el día que es una nube
efímera, y tú que vienes en el Fasto, es lo natural,
Simplemente reposas o desvarías.

Desde el instante mío:
//////////El que tañe en la raíz del húmedo fósforo
//////////El de pulposo corazón, El que dilapida con
//////////Ojos de ironía la escritura visible,

//////////El de la parodia chirle, El de batir las
//////////palmas, El supliciado, El que huye y tropieza
//////////Con la máscara y el atavío,
//////////El que amaina en la médula,

En algún lugar del camino, con ese regusto anticipado
del pueblo en que ibas a poner pie,

//////////En la ruta, a remolque. Nulo. A
tiro de fusil.

 

 

 



 
Nº6 Año V
Caracas, sabado10 de noviembre de 2001
 
 
El escenario de un mito

Leda en las colinas de Vinci

(Alejandro Oliveros)
 
 
Reseña

Diamela Eltit, a partir del cuerpo y sus diferencias

(Leya Olmos)
 
 
Creación
Retorna a lo más íngrimo de la palabra

Sánchez Peláez, reincidente en el enigma de lo real

(Poemas)
 
 
Artes Visuales
Eduardo Chillida, desafiante frente al mar

El sueño bajo el yunque y el viento que se peina

(María Ramírez Ribes)
 
 
Reflexión
Manhattan, 11 de septiembre

Dilemas del mal radical

(Lorenzo Dávalos)




Se las extraña…

(Marta López-Luaces)