Reseña

"DEFINICIONES MAYAS" DE ROFFE

Un paisaje divisible

"El devaneo temporal, la tiranía de la casualidad…" hacen el poema en Definiciones Mayas
de Mercedes Roffé. Una escritura en la que Sergio Chejfec encuentra a la poesía misma,
ya no como entidad conceptual sino como procedimiento: una suerte de guía que recurre
a la misma lógica del diccionario y trata de "reproducir el 'género poético' que el nativo,
quizá sin saberlo -en textos recogidos de diversos hablantes mayas-,
configuró al actuar como informante"


Mercedes Roffé

A veces, también, entonces, paisaje. Esta frase breve y pausada es críptica como el deseo de cualquier escritor. El devaneo temporal, la tiranía de la casualidad, las palabras que suman sin agregar hasta que al fin tenemos algo nítido, establecido, una cosa a la que agarrarse aunque sea intangible como todo lo demás, el paisaje. Mercedes Roffé eligió en sus Definiciones Mayas (Pen Press, Nueva York, 1999, 20 páginas) escribir sobre la poesía misma. Si bien son muchos los poetas que lo hacen, como también por ejemplo son muchas las novelas que hablan sobre la novela, en este caso la poesía no es una entidad conceptual, no es lo escondido ni lo explícito, como tampoco lo necesario, lo vivido o lo inventado; es, más simple y profundo, el procedimiento. "A veces, también, entonces, paisaje" son las cuatro expresiones que el libro define. Los poemas que explican cada término no se interesan sin embargo por el significado; son prácticos como el habla, aunque debe haber pocas cosas más alejadas de lo coloquial, y por eso se preocupan por aclarar el uso. ¿Cuándo se usa una expresión y no otra?, ¿por qué?, ¿ante quién?, ¿qué protocolos mundanos deben cumplirse o cuáles mecanismos mentales deben encadenarse para usarla como corresponde? Es por eso que cada poema se despliega como una guía de procedimientos, tomando la forma de un circunloquio caprichoso, obsesionado por el matiz y la minucia, que se preocupa tanto por las claves como por los ejemplos. Tengo la impresión de que cuando Roffé elige el formato del léxico como objeto, o sea, cuando opta por la enumeración de aspectos conocidos, recurriendo a la misma lógica que organiza los diccionarios, está diciendo que la poesía se mueve por esa zona de redundancia donde la palabra enmudece, o se hace invisible, que es el espacio en el que las palabras están de relleno, sirven para mantener la atención ocupada mientras se explica un suceso o hila un argumento. No la escritura del azar, sino la perorata de un hablante que se cree llamado a transmitir un saber que sin embargo todos conocen.

Estas Definiciones Mayas se abren con una explicación. Cierto antropólogo tituló así ("definiciones mayas") parte de los textos que otro colega recogió de diversos hablantes mayas. Aparentemente, en la cultura maya la idea de "conversación" excede el intercambio instrumental de mensajes. Es un evento en el que cada uno conoce su propio rol en favor de la continuidad del diálogo y sabe qué actitudes asumir para estar a la altura del narrador. El antropólogo aprendió el idioma maya de esta forma, mientras un hablante local le explicaba el sentido y oportunidad de las palabras ignoradas. Y estas definiciones, concluye Roffé, la inspiraron, no tanto para poner en castellano los significados mayas sino para tratar de reproducir el "género poético" que el nativo, quizá sin saberlo, configuró al actuar como informante.

Después de leer este breve prólogo uno piensa en las probables postulaciones de la poesía: ¿la poesía es algo que se produce cuando se transmite un saber o cuando se reconstruye?, ¿o es algo que necesita una escena, un "como si" dentro del cual las palabras y las frases recuperen su virtud olvidada?, ¿o la poesía necesita del acto cultural, imaginar un intruso ante quien, bordeando la inocencia, deletreamos los significados prácticos? La poesía ha sido desde siempre la forma literaria más propicia para los procedimientos constructivos. En este libro, como promete el título, el procedimiento es semántico. De las cuatro definiciones, la última ("paisaje") lógicamente no se dirige tanto a describir el uso como a desentrañar su verdadero significado. Y aquí es cuando la contradicción -o sea el desvío que introduce lo poético- en la que se apoyan estos poemas -definir con ejemplos- se hace más flagrante y rica. En esta lengua maya, el paisaje comienza siendo un recorte visual, después una serie de visiones estandarizadas por la cultura y la experiencia (valles alpinos, pampas con árboles, mares agitados). Pero el paisaje es infinitamente divisible, explota en fragmentos y resonancias, tanto que, por ejemplo, vemos los cráteres oceánicos junto a los lunares y organizamos nuestros recuerdos como si fueran paisajes. Hasta que la misma idea se disuelve en los desvíos de su morfología ortográfica: es pasa, peisaj, pija o asia, varias de estas palabras con su propia definición. Creo que con este final Roffé no quiere exponer tanto una vanidad anagramática como efecto último de las definiciones, sino el peligro irracional que está escondido en ellas, a la espera de que un informante entonces, a veces, también, comience a hablar sobre el paisaje de su propia lengua y advierta con desconfianza que puede detenerse cuando quiera; pero que de seguir, la tarea sería interminable.

Sergio Chejfec. Narrador y ensayista

N° 19 Año IV
Caracas, sábado 10 de febrero de 2001
 
 
 
 
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