Ensayo

EL DIVORCIO ENTRE JUVENTUD Y POLITICA

Aproximación al aburrimiento

¿Qué provocó la rebelión de los jóvenes de los sesenta? ¿Y por qué hoy, después
de un "largo sueño", la juventud protesta nuevamente? Las más recientes manifestaciones
contra el capitalismo llevan a Teódulo López Meléndez a indagar en el pensamiento de Brecht
y Sartre, dos incitadores de los "cansados" de entonces que exigían "la vuelta de la inteligencia",
y en el de Virilio, predicador de las consecuencias de la industrialización
que nos arrastra al "aburrimiento": motivo central de los actuales enfrentamientos


Foto: Gisèle Freund
Brecht asume un lenguaje desmitificador

Nadie previó que la apacible ciudad de Seattle iba a saber de gases lacrimógenos y cargas de la policía durante la reunión del Fondo Monetario Internacional. Después fue Washington sacudida por una protesta masiva. Luego los enfrentamientos fueron el primero de mayo en Londres y en las calles de Hannover, amén de otras ciudades europeas. Que no hubiese rudos trabajadores en las protestas de Seattle era comprensible, pero no, vista la fecha, en la capital inglesa o en las ciudades alemanas. En uno y otro caso se trataba de jóvenes manifestantes. En Bruselas, en medio de la pasión de la Eurocopa de fútbol, o en los alrededores de la Convención del Partido Republicano de Estados Unidos, hemos visto manifestaciones del mismo tenor.

Las protestas que han estado sacudiendo las calles del Primer Mundo son contra el capitalismo. El divorcio total entre juventud y política ha sido uno de los fenómenos más interesantes de los últimos treinta años. Después del Mayo Francés y los excelsos años sesenta, la juventud se dedicó al abandono hippie, a vincularse con sectas de dudosa factura, a deleitarse con algunas enseñanzas orientales, al exhibicionismo yuppie, a la indiferencia o al consumo de droga. Abotagada por "il benessere" y los estupefacientes, la juventud había renunciado a cualquier rol protagónico. Súbitamente redescubre el valor de las luchas sociales, las llamadas "causas justas", y vuelve a las calles a la "actividad liberadora" de enfrentarse a la policía. Ha redescubierto un motivo de protesta después del largo sueño.

Ahora los incendios en las calles del Primer Mundo son para exigir la condonación de la deuda de los pobres del tercero, para condenar las prácticas del FMI y del Banco Mundial, para decirnos que el capitalismo es aborrecible. Tampoco eran rudos veteranos molidos por la maquinaria capitalista los que salieron a las calles de París en el famoso mayo. Eran jóvenes cansados. En medio de este aburrimiento atroz donde ni una idea conmueve, estaba abonado el terreno para la entrada triunfal de una "causa justa". No sé si los nuevos manifestantes se dedican a copular al término de la protesta o si se retiran a sus habitaciones para entrar en Internet, sólo que ambas alternativas parecen ser una sola. De allí salen confirmados: enfrentar a las fuerzas represivas de lo establecido. Malas noticias para el hampa, dueña del acto agresivo, y para los traficantes de drogas, agentes superados del sueño de una juventud aletargada.

Los jóvenes de los años sesenta estaban cansados. Las viejas costumbres y la vieja moral eran una carga demasiado pesada. Querían sexo libre, entregarse a una vida placentera fuera de los viejos cánones familiares que imponían limitaciones. Estaban dados todos los elementos de la rebelión. La política de posguerra, por lo demás, se había tornado cansona, estéril y utilitaria. Entonces apareció la proclama de un amor libertario y del llamado a una inteligencia desbordada. Los líderes de aquel movimiento son hoy viejos burgueses acomodados al sistema y sus planteamientos han sido absorbidos. El amor es libre como nunca y la inteligencia fue diluida por la banalidad industrializada. La tecnología se encargó del resto, con la producción de un "delincuente" que se harta de pornografía y se divierte interviniendo los sistemas más sofisticados de la red.

La protesta no es ya como en mayo, exigiendo la vuelta de la inteligencia. Lo que ahora se quiere es encontrar un antídoto contra el aburrimiento. Les preocupa el fin de semana. La serialización es aburrida, cuando no existe horizonte la vista se cansa, cuando no hay distancia quedamos sin visión.

II
El cansancio que lleva al Mayo Francés tiene dos escritores emblemáticos que marcan el tiempo de la posguerra. Son Bertolt Brecht y Jean-Paul Sartre, ambos estrechamente relacionados con el marxismo. Brecht, desde sus orígenes, había tomado del Expresionismo un marcado acento contra los valores burgueses y asumido un lenguaje desmitificador en donde no faltaba la proclama de una "humanidad buena", pero, y es su mérito, también una desmitificación lúcida de los mecanismos en los cuales se apoyaba el sistema a combatir. Su visión del arte es antirromántica, una escogencia ética y moral. Ante la Europa que se cansa, Brecht aparece como el artífice de un planteamiento con vastas implicaciones históricas, políticas y sociales. El otro polo que solivianta a los cansados es Sartre. El mismo es un "cansado", un extraño al mundo burgués. Las luchas que desarrolla van desde la guerra en Indochina hasta la política francesa en Argelia. Convierte en sus textos lo absurdo y el divorcio con lo burgués en una experiencia psicológica que cala profundamente en la juventud europea. Sartre concientiza sobre una sensación de inutilidad, de falta de significado. El deseo de superar esta situación es un abono demasiado fuerte para la juventud cansada, hasta el punto de que en medio de las revueltas de París se le señala como el líder intelectual. El planteamiento existencialista urgía a cambios rápidos en la sociedad. Estaba abonado el camino para la rebelión contra el cansancio. La utopía estaba viva, las "causas justas" sobraban; para los protagonistas de la revuelta el objetivo era el magnificente de cambiar la sociedad. En el fondo, la exigencia era de una nueva cultura.

Hoy no existe un planteamiento de este tipo. La desesperación de Cioran no prende en el alma, porque es única y personal, sin propósitos de contagio. La ruptura de la bipolaridad ideológica y el abandono de la utopía social, producen una homogeneización del mensaje con la ayuda de la tecnología. Ya la juventud no pretende liberarse del yugo familiar y la moral burguesa se ha diluido, limitándose a ínfimos sectores de la sociedad. El planteamiento de los que protestan contra las injusticias del capitalismo no es para sustituirlo por otro tipo de sistemas, sino para que aquel se ablande, se comporte debidamente, asuma alguna característica de compasión: perdonar la deuda a los países pobres o no imponer recetas que aumenten la pobreza. Además, no estamos en una posguerra, pues guerra no ha habido. No estamos en un redescubrimiento de la vida como sucede cuando la amenaza de muerte ha cesado.
La anterior rebelión contra el cansancio tenía abiertos grandes objetivos. La actual rebelión contra el aburrimiento no busca otra cosa que destruir al propio aburrimiento. Se protesta contra el comportamiento del sistema contra terceros, no contra el comportamiento en la propia casa. Al parecer nadie quiere liberarse del bienestar, nadie objeta en ese Primer Mundo de juventud "contestataria" el consumo desenfrenado y los medios de placer, pero se aburren, se aburren desesperadamente. No es que Sartre esté reviviendo estos días y con él el existencialismo, como algunos ensayistas franceses han querido hacerlo ver. Es que se hace necesario recordar a Sartre por las proximidades que existen entre cansancio y aburrimiento. En realidad ya Sartre goza de la historia de la cultura; es decir, de la falta de vigencia.

III
La sociedad capitalista se caracteriza por el estímulo al consumo, sí, pero, más allá, a las necesidades que podríamos llamar corporales; es decir, incita a la satisfacción, a una que excede la mera adquisición de objetos. La necesidad existencial, la de la preocupación por los temas fundamentales de ser, ha sido sustituida por un hedonismo exacerbado. Se busca el placer, el "benessere". A medida que ha excitado esa necesidad, la sociedad capitalista ha suministrado los medios de satisfacerla, sólo que, al mismo tiempo, el avance tecnológico nos ha ido colocando en la ubicuidad. Para decirlo de otra manera: ya no hay apariencia sostenible. Sobreviene, así, la indeterminación. Virilio, con acierto, ha dicho que la industrialización que viene es la de la "no mirada". En otras palabras: el proceso que lleva el capitalismo es el de la ceguera, la producción de "una visión sin mirada". Cuando digo indeterminación me estoy refiriendo a un fraccionamiento del cuerpo tal como lo hemos entendido hasta ahora. En otra parte he hablado de la absoluta inmovilidad a la que estamos siendo condenados; pues bien, a este hombre "paralítico" hay que estarle suministrando constantes dosis de sobreexcitantes. En cualquier caso, como lo fundamental es el "presente", no hay, entre los aburridos, preocupación por el mañana. Así, la protesta por la "causa justa" se evaporará en la medida que el sistema logre sobreexcitarlos momentáneamente y un nuevo período de aburrimiento sobrevendrá hasta un nuevo sobreexcitante. Es más, la tecnología permite que esos medios satisfacientes, cada uno individualmente y en solitario, se los porte con sí. Se trata de la eliminación total de diferencias entre el adentro y el afuera. Esta reducción conllevará, a su vez, a un aumento de la necesidad hedonista y a una ruptura total de la relación del aburrido con lo real; quiero decir, con lo real exterior, pues el mundo se reducirá a sí mismo. El resultado podría ser, simplemente, el de la ausencia. El hombre podría terminar como algo contraído. Estos jóvenes que han reencontrado la "causa justa" terminarán diciendo: no estamos para nadie.

Teódulo López Meléndez. Narrador y ensayista


Foto: Bruno Barbey
Jean-Paul Sartre solivianta a los jóvenes de los sesenta

N° 2 Aņo IV
Caracas, sábado 14 de octubre de 2000
 
 

José Saramago escribe
sin vendajes

(María Ramírez Ribes)

 
Ensayo
Aproximación al aburrimiento
(Teódulo López Meléndez)

Reflexión
Preguntas finales para una poesía bullente
(Rafael Arráiz Lucca)

 

Libros, Lecturas y Lectores
Criaturas verbales
de Milagros Socorro

(Ana Teresa Torres)

 

Libros, Lecturas y Lectores
Carlos F. Duarte, investigador persistente
Aportes documentales

(Juan Carlos Palenzuela)

 
 

 

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