Creación

TOBIAS BURGHARDT NAVEGA ENTRE EL ALEMAN Y EL CASTELLANO Y SE ASEGURA

Y aun ahora la barca retoma su curso

Tobías Burghardt (Alemania / 1961) vive aferrado a su Cuaderno de bitácora, cuaderno
que alberga su interés y esencialmente su emoción por abrazar al menos una parte
del globo terráqueo. Le basta con una barca liviana que le permita seguir el compás del vuelo del colibrí y sortear las bifurcaciones del laberinto que le salen al encuentro en la ruta hacia Berlín, La Paz, Buenos Aires. Pero no le basta con su lengua materna para traducir y editar tres antologías: una de nueva poesía latinoamericana (1996), otra de letras judías latinoamericanas (1998) y una de poesía caribeña, cubana y dominicana (2000)


Foto: Archivo

Nocturno de San Telmo

El pairo anticipa cualquier muerte.
Sólo nosotros recorremos las viejas calles
sabiendo que no dejaremos nada.
Sin embargo hay algo diferente
que ahora nos abandona:
el dolor, la presencia, el olvido.
Estos rumores quedan mirando atrás.
Y de pronto huronea un aguacero opaco
en todas las bifurcaciones del laberinto.
Cada vida alarga el sueño.

 

 

 

Cuaderno de bitácora

Esta cama es una barca. Otros viajes
quedan apuntados. Ahí nadie ha muerto,
nos asegura Charles Ives, el cambalachero,
y nadie se lo puede refutar.
Sin embargo alguien podría nacer aquí
o tal vez duerma en ella un amor marítimo,
un sueño nauta, la travesía
de un arca por remotas vías fluviales.
En todas partes se muere. Y aun ahora
la barca retoma su curso.

 

 

 

Caminata a Luribay

Altiplano

a Pedro Shimose

Con el cauce del río no acaecido
que ya no sabe del agua
ni de madera flotante, callar
en pugna… Aquí nadie espera
ni brisa ni cántaro o regreso.
Con los astros bordeando las piedras,
circundar las crestas, sin remos,
al ritmo, en espiral. En el juncal
germina viable el silencio, la trans-
crita corriente.

 

 

 

En la circunferencia de la piedra

a Roberto Juarroz

Bajo ojeras
hundido en el final del otoño,
tú hojeas lentamente atrás,

esto es el fruto del árbol abismal,
una mirada llena de lagunas
atravesando noche por noche,

perfumes solares en rombos,
una palabra cayendo sin pausar
en el vuelo más temprano del polen,

cuando ya se circunda el silencio,
tanto menos se estremece
sobre el agua, de una corteza a otra.

 

 

 

6

Un canchal estrelloso es el zorro gris,
con rastros venatorios de correría,
la presa: sedimento singularmente fugaz;
estoy leyendo en tus cicatrices.

Un pelícano es el mar,
se devora allí hacia tierra ceñido por las ondas,
la cría tropical de los delfines,
un ónfalo de blanco, de saludo distante.

Un mar es el espacio nocturnal, hacia la vía láctea
va un último adiós de los soles de medianoche
a tus tablas en zozobra; raramente
intemporal - por doquier.

Tú eres el zorro gris, el mar, el espacio nocturnal
y el canchal estrelloso, eres el sol de la muerte.

 

 

 


7

'Colibrí'
dice el hálito primero.

El oasis de algodón en el borde de la meseta
sobre fondo áureo, grano1 de siempreviva.

La estrella temprana se llama
narciso.

El árbol nubado y el mono,
otro gandul.

La constelación de la araña, letra por letra,
malla-de-gritos-en-la-colina-de-ojos-aquilinos.

1 grano: Cuarta parte del quilate;
designa la cantidad de fino de una liga de oro.

 

 

 

 

 

 

N° 2 Aņo IV
Caracas, sábado 14 de octubre de 2000
 
 

José Saramago escribe
sin vendajes

(María Ramírez Ribes)

 
Ensayo
Aproximación al aburrimiento
(Teódulo López Meléndez)

Reflexión
Preguntas finales para una poesía bullente
(Rafael Arráiz Lucca)

 

Libros, Lecturas y Lectores
Criaturas verbales
de Milagros Socorro

(Ana Teresa Torres)

 

Libros, Lecturas y Lectores
Carlos F. Duarte, investigador persistente
Aportes documentales

(Juan Carlos Palenzuela)

 
 

 

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