TANTEA
LA LUZ DENTRO DE "LA CAVERNA", SU ULTIMO LIBRO
José Saramago escribe
sin vendajes
Convencido está
el escritor portugués de que la humanidad toda se comporta,
progresivamente,
de manera poco racional, mas aclara el también Premio Nobel:
"Yo no creo que soy catastrofista pero no doy nada por el mundo
dentro de cincuenta años". El mundo le parece estar
inmerso
en una profunda ceguera, declara a María Ramírez Ribes.
Una ceguera metafórica
con la que ilustra la pérdida de la razón que conlleva
a la continua destrucción, según relata
en su más reciente novela publicada Ensayo sobre la ceguera
y cuyo eco será escuchado
en La caverna, próxima a ser editada. A partir de
sus tres últimos títulos Saramago apela
a la filosofía y trasciende lo narrativo para "tocar
lo esencial, el ser"

Foto: dpa Features, 1997
José Saramago visita las sombras de la
humanidad
En
el marco insustituible del palacio de La Magdalena, en Santander,
España, sede de verano de la Universidad Internacional Menéndez
Pelayo, José Saramago, Premio Nobel de Literatura,
dictó un taller literario. Durante una semana los estudiantes
literalmente comulgaron con una visión del mundo que se mueve
a contracorriente y que llama a la reflexión. En el Paraninfo
de dicha universidad tuvimos oportunidad de conversar con este humanista
solidario, ateo pero profundamente enamorado de la utopía
de Jesús, a quien cada vez le interesa menos hablar de literatura
pero que sigue escribiendo y lo seguirá haciendo mientras
sienta que tiene algo que decir, porque escribir, para él,
es algo más que vencer el olvido.
MRR: ¿Qué
ha pasado con el amor y la solidaridad tan presentes en obras como
Manual de pintura y caligrafía o Memorial del convento?
¿Por qué esa ruptura a partir de Ensayo sobre la
ceguera?
JS: Hay una ruptura pero no hay los dolores, por decirlo
así, que se estaban y se podían encontrar en todos
los libros anteriores. Todo esto se mantiene, lo que pasa es que
estas últimas dos novelas y la última que todavía
no esta publicada, son quizá una mirada más de cerca
a la realidad. Tienen una intención distinta. Estas novelas
poseen una mirada más filosófica. En las otras, sin
que se tome de manera literal, lo que cuenta es la historia, el
conflicto, lo que está ocurriendo. Hay una especie de complacencia
en la narración. Estas últimas obras pretenden trascender
la apariencia y tocar lo esencial, el ser. Y no sólo el ser
sino la relación entre los seres humanos en esta sociedad
en que vivimos, en donde los valores humanos están, si no
ausentes, cada día más obnubilados. No hay ahí
un abandono de esos valores sino que se expresan de otra forma.
-¿Cuál
será la metáfora del Ensayo sobre la ceguera?
-La metáfora es muy sencilla. La razón de la ceguera
en esa novela es una ceguera metafórica, las personas no
son realmente ciegas en el sentido de que no están dotadas
de la vista, la ceguera actúa como metáfora de la
pérdida de la razón, no en el sentido de la locura,
eso es otra cosa, pero en el sentido en que no nos estamos comportando
de una manera racional. Claro que todo lo que hacemos lo hacemos
con la razón; es decir, con eso a lo que llamamos razón,
pero estamos usando la razón más para destruir que
para construir, más para atentar contra la vida que para
defenderla. En este sentido, la pérdida de la visión
es de alguna forma la pérdida de la razón que construye.
Si toda una sociedad se vuelve ciega en ese sentido, si olvida la
solidaridad, el deber, el respeto, se convierte en una especie de
nido de serpientes. De ocurrir esto, la ceguera metafórica
impera. Yo creo que la gente se está volviendo ciega porque
no se da cuenta de que nuestra forma de vivir es totalmente errónea
y nos lleva al desastre. Lo que intenta expresar Ensayo sobre
la ceguera es eso, el desastre que se podría producir
si continuamos por el camino en que nos encontramos. Yo no creo
que soy catastrofista pero no doy nada por el mundo dentro de cincuenta
años.
-Recordando
a T. S. Eliot ¿Qué puede hacer el poeta hoy
en favor de la sabiduría que se ha perdido en el conocimiento?
-Yo no sé. A mí no me preocupa nada si tú eres
un poeta o si eres un funcionario público. Es lo mismo que
preguntar: ¿qué es lo que puede hacer el médico
o el campesino? ¿Qué podemos hacer todos para que
la vida sea una vida digna, para que el conocimiento sea algo que
nos acerque más a la bondad, al respeto, a todo eso? Eso
no es algo que haya que preguntar al poeta, el poeta hace, el escritor
hace, el pintor pinta, todos hacemos lo que tenemos que hacer y,
mientras en el marco de lo que estamos haciendo podemos ser más
o menos útiles a la sociedad, en el marco de lo que podríamos
hacer en el sentido, repito, del respeto, de la consideración
por el otro, todos podemos hacer algo. Estar esperando que el poeta,
el escritor, tengan algo que decir como si fuera una especie de
faro que va adelante y todo el mundo le sigue, eso no se debe pensar.
Nos hemos equivocado, no hay que pedirle al poeta, al escritor,
al artista, al músico, al pintor, cosas como esas, él
hace su trabajo. Lo que interesa es preguntarle a él, además
de su trabajo, ¿qué es lo que hace? Una cosa es el
libro que yo escribo y otra, quizá contraria, es cómo
se comporta una persona determinada, cómo me comporto yo
en la vida. Puede llegar a haber una contradicción entre
una cosa y otra. Yo puedo escribir cosas maravillosas y ser un canalla.
-¿Cómo
condiciona el éxito en la vida?
-El éxito es una cosa que viene y va.
-¿No
impulsa la sociedad actual a la búsqueda de algún
tipo de éxito?
-Yo no siento eso; es decir, yo no he sentido jamás la necesidad
de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de
ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido
jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más
que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido estas,
podrían haber sido otras. Lo que sí no se puede hacer
es mirar la vida como una carrera de obstáculos en donde,
si es necesario, yo haga caer al que está corriendo al lado
mío para que yo gane. Eso para mí es absolutamente
inadmisible, no lo admito. En mi caso esto me ha resultado bien
porque no he querido nunca triunfar, no he querido nunca ser un
hombre famoso. No sé si lo que tengo es un triunfo, no sé
si lo que tengo es la fama, pero tengo lo que tengo y se acabó
y quien me conocía desde antes sabe que yo soy ahora exactamente
la persona que era hace diez o quince años, soy igual.
Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo
personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no
se mueve. Napoleón debió ser un hombre muy solitario.
-¿Cómo
compaginar una cierta negatividad hacia los hechos y asumir posiciones
sin llegar al fundamentalismo o al fanatismo?
-Yo no digo que todo es negativo, lo que yo digo es que hay demasiadas
cosas negativas en el mundo para que no nos preocupemos de ellas.
Deberíamos preocuparnos todos los días. Yo no digo
que todo es negativo pero me parece que es un error intentar justificar
las cosas negativas por el hecho de que hay unas cuantas cosas positivas.
-La caverna,
su último libro, saldrá próximamente. ¿Cuál
es el eje central de esa obra?
-No me gusta adelantar nada sobre un libro que todavía no
ha salido. Lo único que ya he dicho, y podría volver
a decir ahora, es que de alguna forma La caverna retoma el
mito de la caverna de Platón. No se centra exactamente en
la caverna de Platón, pero es el resultado de una
convicción mía de que nunca hemos estado tan cerca
de la caverna de Platón como lo estamos ahora. Platón
escribió eso hace unos dos mil cuatrocientos, o dos mil trescientos
años y durante todo este tiempo es como si Platón
hubiera anunciado, como ese profeta que sin saberlo ha sido,
algo que finalmente está ocurriendo ahora. Vivimos en la
caverna de Platón. Vivimos observando sombras que
se mueven y creemos que eso es la realidad. Hoy la llamamos realidad
virtual. Espero demostrarlo con ese libro.
Unos minutos
más tarde, en el encuentro sostenido en el auditorio del
palacio de La Magdalena con el público en general, Saramago
volvió sobre un tema que está en el eje de su obra
y de su vida, la angustia por vivir en una sociedad que crece en
un desierto de ideas, que no se compromete en ningún sentido
y que por tanto tampoco puede crear escritores comprometidos porque
las ideas se han convertido en un peligro. Ni siquiera, dijo, el
respeto a los derechos humanos suscrito por las Naciones Unidas
ha llegado a ser una realidad. Para José Saramago,
globalización económica y respeto a los derechos humanos
son elementos incompatibles a los que es necesario estar atento,
porque de lo contrario el gato de la globalización devorará
al ratón de los derechos humanos. El mando está en
las manos de los que defienden la globalización, no en las
manos de los que defienden los derechos humanos. Estos últimos
han quedado relegados como una utopía, como un documento
más en la historia de las ideas no cumplidas.
Saramago
esa tarde reivindicó el amor y la transformación que
el amor ejerce en todos los seres. "El ser enamorado, mientras
dure -aclara- es otro ser. Si pudiéramos enamorarnos todos
los unos de los otros y mantenernos enamorados hasta el fin de los
tiempos, entonces sí tendríamos un planeta feliz".
Y para que no hubiera malas interpretaciones prefirió insistir
en la palabra "respeto".
María
Ramírez Ribes. Ensayista
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