Crónica

LA FILU:

Cultura de ágora

I
En este primer año del nuevo milenio, la Feria Internacional del Libro Universitario (Filu) ha vuelto a ser un acto de reafirmación cultural de la más palpitante actualidad y le ha otorgado a Mérida el privilegio de convertirse en la capital cultural de Venezuela durante su intenso transcurso. Su tercera edición, celebrada entre el 10 y el 18 de junio del año en curso, puede leerse como la demostración más fehaciente de que una experiencia innovadora puede alcanzar un alto grado de consolidación cuando se trabaja, y permítanmelo decirlo de esta manera, con amor. Cuando la denodada labor de un grupo humano, como el magnífico equipo que encabeza mi entrañable amigo Diómedes Cordero, se materializa de una forma tan espléndida, a uno no le queda otra forma de agradecer que difundir el profundo impacto cultural, político y social que esta Feria tiene para quienes ya nos sentimos parte de ella. La Filu no es para mí un valor neutro: es un acto cargado de un contenido humano demandante y que no puede sino comprometerme. Hay una forma de hacer las cosas, como lo demuestra la gente de la Filu, que nos pone tras la pista del país que queremos: ese alto sueño que nos arrebataron el año 58 y que, ahora, está empezando a adquirir consistencia a pesar de todas las dificultades. El libro y la lectura son dos herramientas fundamentales para la construcción de una genuina práctica democrática; en sintonía con lo anteriormente expresado, la Filu me convence, como quería Ezequiel Martínez Estrada, que sí es posible pasar de la cultura de recinto cerrado a la cultura de ágora sin ceder un ápice de calidad. El Centro de Convenciones Mucucharastí, a pesar de la desidia puntofijista que lo ha condenado a la inconclusión, se convirtió durante los días de la Feria en un verdadero espacio público, en el sentido arendtiano del término, donde uno sentía que la participación de la gente se daba de una forma maravillosamente espontánea. Esto me lleva al convencimiento de que el pulmón de la democracia participativa es la cultura: es la experiencia que le da sentido.

II
En la Filu, la experiencia cultural venezolana tiene una de sus mejores definiciones. Mérida se ha convertido en una experiencia dialógica permanente, gracias al magnífico lugar de encuentro que la Feria propicia, que no puedo sino celebrar. Cómo no recordar los estupendos foros donde nuestra realidad política, cultural, social y educativa fue discutida a fondo con pasión y sin recetas. Cómo no disfrutar de las actividades realizadas por la Kinkaya Literaria, Enrique Hernández D'Jesús y Miguel Márquez le dieron vida al stand más original de la Feria, donde la poesía y el ensayo -a través de voces como las de Ramón Palomares y Stefania Mosca- nos permitieron reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos: con lo que habla mejor de nuestra experiencia de habitantes de un tiempo y de un país. Cómo no sentirse interpelado por el conmovedor y lúcido alegato a favor de nuestro proceso político hecho por Diómedes Cordero en la presentación del penetrante libro de la ensayista argentina Mónica Marinone sobre Rómulo Gallegos. Cómo no conmoverse con la presencia del maestro Salvador Garmendia expresando su personalísima visión de la literatura infantil. Cómo no aplaudir el homenaje a ese verdadero señor de los libros que es Jonás Castellanos. Con esto quiero decir que Mérida -y sé que dejo sin contar muchas cosas como, por ejemplo, los diversos eventos musicales- se convirtió en una verdadera fiesta del espíritu. La presencia de tantas editoriales universitarias de todas partes del mundo -la Feria pertenece entrañablemente a la ciudad pero también al mundo- confirman el lugar que ésta ya se ha asegurado en el mundo del libro.

III
Un acontecimiento como éste es también los hombres y las mujeres que lo hacen posible. Quiero nombrar aquí a María Mercedes Vargas, Luis Caraballo, Rogelio López, Christian Rojas, Ney Peña, Francisco Ramírez, Marisabel Rivas…, dejo sin nombrar a mucha gente porque mi intención no es hacer un listado telefónico sino agradecer profundamente a los aquí nombrados y, también, a los sin nombrar. La Universidad de los Andes debe sentir un profundo orgullo al contar con un equipo de la calidad y la capacidad de éste. Decidí dejar para el final el reconocimiento para Diómedes Cordero porque, para mí, la amistad y la admiración se juntan indefectiblemente en este caso. Diómedes ha probado que se puede ser un intelectual y un realizador al mismo tiempo: la maravillosa continuidad de esta Feria, bajo su sabia conducción, así lo demuestran.

Gonzalo Ramírez Quintero. Poeta y ensayista

N° 61 Aņo III
Caracas, sábado 01 de julio de 2000
 
 
IAN HAMILTON Y MICHAEL HOFMANN (I/II)
Dos poetas ingleses contemporá-
neos

(Alejandro Oliveros)
 

Reseña
LA POETICA DE GABRIEL ARMAND
Versos del reverso

(Matilde Daviu)

Creación
DAVID GONZALEZ LOBO SUEÑA CON DEVELAR LOS SECRETOS DE LA NATURALEZA
Todavía encuentro un gran misterio en la luz
(poemas)
Apuntes
UN REINO EN LA PALABRA DE RAMON PALOMARES
El sacrificio y los regalos
(Miguel Márquez)

Crónica
LA FILU:
Cultura de ágora

(Gonzalo Ramírez Quintero)

 
Reconocimiento
Palabras para un premio
(Alejandro Rossi)
 
Libros, Lecturas y lectores
UNA NOVELA DE STEPHEN MITCHELL
Encuentros con el arcángel

(César Seco)
 
 

 

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