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Libros,
Lecturas y Lectores
Prima lejana y la
casa del relato

Foto: Ana Luisa
Figueredo
Vegas, arquitecto del relato
Federico
Vegas (Caracas, 1950) es un escritor de música de cámara
(sus narraciones tienen la simetría cristalizada de un cuarteto
de cuerdas barroco), tanto como de cámaras interiores (la
realidad no es solamente lo que sabemos, lo que ignoramos es algo
más cierto y amenazador) y de recámaras mediadoras
(las relaciones amorosas, la vida sexual, la pasión o su
nostalgia son claves de sus relatos). No en vano Federico Vegas
es arquitecto y está poseído por el espíritu
sutil: las simetrías del espacio y las formas privadas y
públicas organizan sus ficciones como cajas chinas, unas
dentro de otras; como si la historia que leemos llevase dentro otra
que no leemos y que es la novela misma, revelada en la intrincada
exploración de la lectura. En sus dos libros de cuentos,
El borrador (1994) y Amores y castigo (1997), y ahora
en su espléndida novela breve Prima lejana (Caracas,
John Lange Ediciones,1999), Vegas ha demostrado su talento
para una narrativa de vocación vivencial, recuento analítico
y gusto por la comedia urbana. Breves tratados del mundo emotivo,
estos libros convocan a una conversación apasionada y amena
sobre el arte de vivir acompañados.
La cualidad
dominante de esta escritura es la inmediata intimidad que establece
con el lector. Se trata de una voz que se desenvuelve con espontaneidad
aunque su confesión es sólo en apariencia transparente.
Más bien, es una voz que nos convoca a una estratagema: requiere
de nuestro diálogo para desarrollar su propia búsqueda.
Porque en los relatos de Federico Vegas quien habla es quien no
tiene todas las claves, y para descifrar y conocer es preciso decirlo
todo, rehacer, se diría, la trama verbal de los hechos para
saber la verdad mutua. Hablar, entonces, es descubrir una carencia,
reconocer una herida. Así, estos relatos comunican la textura
y temperatura de la emotividad, allí donde se gesta el habla,
casual y empática.
En sus cuentos
Vegas había ya demostrado la flexibilidad de sus recursos
narrativos, y había así mismo adelantado sus temas
centrales. En "Las vacas", así, se lee: "¡Qué
bien se llevan los mentirosos! Entre los fanáticos de lo
correcto sólo encuentras fastidios y reiteraciones. No hay
encanto ni sortilegio, todo se sostiene solo. La verdad no es para
compartirla, sino para llevarla por dentro. En cambio, entre los
que nada aseguramos ni defendemos como cierto, a veces aparecen
fragilidades desinhibidas que se entretejen y se convierten en verdades
más inquietas y conmovedoras". Los individuos de ideas
fijas y certezas incólumes no permiten buenos cuentos, sugiere
el narrador. Por lo contrario, los más vulnerables son los
más novelescos. Este tránsito por los sentidos y las
emociones hace de los personajes actores de su propio relato. En
el cuento se reconocen, y en la ficción se confirman más
ciertos.
En Prima
lejana, Vegas logra convertir a su sistema indagatorio en una
aventura tanto de autoconocimiento como de ficcionalización.
Esto es, el escritor, en pleno dominio de sus recursos, nos entrega
el proceso de reconstrucción novelesca de una identidad emotiva.
Por un lado, tenemos la tramada y exacta involución del relato,
que se descubre como una secuencia exploratoria; por otro, la historia
amorosa de un hombre joven, que se descubre en una trama como protagonista
y víctima, entre la certeza y la incertidumbre urdidas con
el mismo hilo de la aventura.
La historia
de una familia caraqueña y sus relaciones secretas y pasionales
con una familia norteamericana se convierte en Prima lejana
en una intriga laberíntica, que hace de unos los espejos
de otros. Historia de madres sustitutas, lecciones paternas de amor
y celos secretos de hermanos, la novela narra la historia familiar
desde la relación amorosa con esa prima nominal, que se hace
fantasmática en el recuento, una ausencia sin voz que confirma
la soledad del narrador. Con agudeza y desapego, la voz del recuento
actualiza el pasado y recompone las relaciones íntimas. Pero
lo novelesco no es solamente lo episódico sino la misma autorrevelación,
esa verdad del uno en el otro, que convierte a la mujer amada en
un enigma.
Prima lejana,
por lo demás, está llena de la sabiduría mundana
de una reflexión analítica que se deleita en los detalles
tanto como en los balances. Pero no agota sus interrogaciones y
deja al lector la inquietud del enigma. Pero esta novela revela
además, que las historias de Federico Vegas se articulan
como una indagación por el lugar habitable, por la casa arcaica,
allí donde estén las raíces de siempre y las
flores del día. En esta arquitectura del relato, la pregunta
por el espacio desasido entre historias pasajeras y sujetos nomádicos,
se convierte en una pregunta por nosotros mismos. Tratándose
de un escritor de la calidad genuina de Federico Vegas, esa
pregunta es pertinente y nos concierne.
Julio
Ortega. Profesor de Brown University
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N°
58 Aņo III
Caracas, sábado 10 de junio de 2000
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