Creación

SOPHIA DE MELLO OYE "LA PALABRA IMPERSONAL ALADA"

Y el nombre de este mundo en portugués

Quizá hoy Sophia de Mello (Oporto / 1919) celebre
el Día Nacional de Portugal releyendo, reescribiendo su Arte Poética: "ni sabía que los poemas eran escritos por personas, mas pensaba que eran consustanciales al universo".
Y como de costumbre seguirá intentando escribir "ese poema inmanente", mientras, completa el rico legado que ha sido posible hallar en castellano y editado en el país por Angria
(Poemas / 1998) gracias, como en esta nueva ocasión, al trabajo
de traducción de Nidia Hernández

Arte Poética V

En mi infancia, antes de saber leer, oí recitar y aprendí de memoria un antiguo poema tradicional portugués, llamado "Nave Carrineta". Tuve así la suerte de comenzar por la tradición oral, la suerte de conocer el poema antes de conocer la literatura.
Yo era de hecho tan nueva que ni sabía que los poemas eran escritos por personas, mas pensaba que eran consustanciales al universo, que eran la respiración de las cosas, el nombre de este mundo dicho por él mismo.
Pensaba también que si lograse quedar completamente inmóvil y muda en ciertos lugares mágicos del jardín, yo conseguiría oír uno de esos poemas que el propio aire contenía en sí.
En el fondo, toda mi vida intenté escribir ese poema inmanente. Y aquellos momentos de silencio en el fondo del jardín me enseñaron, mucho tiempo más tarde, que no hay silencio en poesía, sin que se haya creado el vacío y la despersonalización.
Un día en Epidauro, aprovechando el sosiego dejado por el horario del almuerzo de los turistas, me coloqué en el centro del teatro y dije en voz alta el inicio de un poema. Y oí al instante, allá en lo alto, mi propia voz, libre, desligada de mí.
Tiempo después escribí estos tres versos:

La voz sube los últimos peldaños
Oigo la palabra impersonal alada
Que reconozco por no ser ya mía.

(Leído en la Sorbona, París, diciembre 1988, en ocasión del encuentro titulado: Les Belles Etrangères)

 

En el poema

Transferir el cuadro el muro la brisa
La flor el copo el brillo de la madera
Y la virgen y fría liquidez del agua
Al mundo del poema limpio y riguroso

Preservar de decadencia muerte y ruina
El instante real de aparición y de sorpresa
Guardar en un mundo claro
El claro gesto de la mano tocando la mesa

 

 

Antinoo

Bajo el peso nocturno de los cabellos
O bajo la luna diurna de tu hombro
Busqué el orden intacto del mundo
La palabra no oída

Largamente bajo el fuego o bajo el vidrio
Busqué en tu rostro
La revelación de dioses que desconozco

Sin embargo pasaste a través de mí
Como pasamos a través de la sombra

 

 

El hospital y la playa

Yo caminé en el hospital
Donde lo blanco es inmundo y desolado
Donde lo blanco es el color que queda/
donde no hay color
Y donde la luz es ceniza

Y caminé en las playas y en los campos
El azul de mar y el violeta de la distancia
Los ceñí alrededor de mi garganta
Caminé en la playa casi libre como un dios

No pregunté por ti a la piedra mi Señor
Ni me acordé de ti bebiendo el viento
El viento era viento la piedra piedra
Y eso solamente me bastaba

Y en los espacios de la mañana marina
Casi libre como un dios yo caminaba

Y todo el día viví como una ciega

Sin embargo en el hospital vi el rostro
Que no es pinar ni es peñasco
Y vi la luz como ceniza en la pared
Y vi el dolor absurdo y desmedido

 

 

El poema

El poema me llevará en el tiempo
Cuando ya no sea yo
Y pasaré sola
Entre las manos de quien lo lee

El poema alguien lo dirá
A la mies

Su paso se confundirá
Con el rumor del mar con el pasar del viento

El poema habitará
Un espacio más tangible y más atento

En el aire claro en las tardes transparentes
Sus sílabas redondas

(Oh antiguas oh lejanas
Eternas tardes simples)

Aun cuando yo muera el poema encontrará
Una playa donde quebrar sus olas

Y entre cuatro paredes densas
De honda y devorada soledad
Alguien su propio ser confundirá
Con el poema en el tiempo

 

 


Los aviones

En la noche de luna el avión pasa como un prodigio
Rápido inofensivo y violento

El llena de clamor el sosiego blanco de las paredes donde vivo
El llena de espanto
El halo azul de la noche exterior

Pero rápido pasa el pájaro vibrante
De nuevo cae la luna sobre las flores
Y el ciprés contempla su propio silencio

Sin embargo en otro lugar en otro silencio
Bandadas pasaron en vuelos de terror
Y la muerte nació del germen que dejaron

La luna no encontró después las flores
Nadie vivía dentro de las paredes blancas
Y la noche en vano buscaba su ciprés

 

 

Lamentación de Adriano
por la muerte de Antinoo

No escribiré más mi nombre en letras griegas sobre la cera de las tablillas.
Porque estás muerto.
Y contigo murió mi proyecto de vivir la condición divina.

 

 

 

 

N° 58 Aņo III
Caracas, sábado 10 de junio de 2000
 
 
MIL CONCIERTOS Y UNA VIDA
Obertura a Florian Ebersberg

(Luna Benítez)
 

Ensayo
EL POEMA EN PROSA
Un discurso monstruoso

(Gustavo Valle)

Creación
SOPHIA DE MELLO OYE "LA PALABRA IMPERSONAL ALADA"
Y el nombre de este mundo en portugués
(poemas)
Apuntes
La inmensidad en Irazábal
(Juan Carlos Palenzuela)

Ultimo Sábado
EUGENIO MONTALE

La ocasión del poema
(Rafael Castillo Zapata)

 
Entrevista
"SALI HUYENDO DE BOLIVAR"

Frédérique Langue desenreda la madeja de nuestra Historia
(Diana Lichy)
 
Libros, Lecturas y Lectores
Prima lejana y la casa del relato
(Julio Ortega)
 
 

 

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