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Apuntes
La inmensidad en Irazábal
"Toda la
creación cabe en el Orinoco", y diríase
que también entre sus manos, porque a Víctor Hugo
Irazábal, en medio
del "raptus" que le produce la Amazonia -"de la cual
extraigo energía, materia
e información"-, no le alcanzaron los espacios museísticos
para volcar
su conmoción ante ese paisaje: urgido estuvo
de copiarlo, descifrarlo en su agenda-cuaderno de viaje

Amazona.
Apuntes de la inmensidad. Fundación Polar, 1996
Víctor Hugo Irazábal no copió
el paisaje, lo reinventó
Víctor
Hugo Irazábal es de formación universitaria periodista,
de profesión diseñador y de vocación artista
plástico. Desde 1991 se dedicó a recorrer y estudiar,
primero, la zona de Paraguaná y, seguidamente, se dirigió
al otro extremo del país, a la región sur.
El Amazonas
es para Irazábal un campo de trabajo. Pocos artistas
logran establecer nexos con tanta seriedad como él lo hecho
(antecedentes dignos de citarse serían Régulo y
Pujol). Más que el paisaje inmediato y evidente, Irazábal
se interesa por el acontecimiento cultural que esa región
implica. En lo sucesivo, todas sus exposiciones estarán compenetradas
con el mundo de Amazonas.
Una exposición
a veces deja fuera de sala aspectos que no llegan hasta el espectador.
La Fundación Polar entendió que los Diarios de Irazábal
elaborados a lo largo de sus estadías en el Amazonas, eran
parte de una vivencia estética singular. De allí el
libro Amazonia. Apuntes de la inmensidad, introducción
de Federica Palomero (142 páginas). Hay numerosas
reproducciones de páginas de libretas y agendas llevadas
a modo de diario, con dibujos, apuntes, esquemas, anotaciones de
distinta extensión. Esto se complementa con el texto "Reflexiones
del artista" (pp. 45 a 113).
Allí
hallamos el pensamiento de un creador conmovido por su presente,
capaz de analizar diversas situaciones y ofrecer apasionadamente
su opinión. Sus lecturas más reiteradas son Torres
García y Humboldt. La presencia del país
-Venezuela- es persistente. La belleza de los lugares es muy emotiva.
Leamos tres reflexiones suyas:
"No se
trata de copiar un trozo de la realidad natural al estilo de los
artistas románticos, sino de conectarnos con el sistema armónico
de resonancias del medio que nos rodea, descubrir las cualidades
psíquicas, los rasgos esenciales, la conmoción infinita,
la profundidad misteriosa e insondable del escenario natural y del
hombre que lo habita".
"Toda
la creación cabe en el Orinoco. El río en sus reflejos
habla de azules, árboles y nubes. El día completo
se vacía en el agua. Entre rendijas de rocas se dibuja la
vida. En una punta de arena, miles de mariposas, en un abrir y cerrar
de alas, siembran de amarillos el espacio, tejen y destejen llamaradas
de fuego".
"Mi trabajo
sobre el Amazonia es una memoria de lo percibido. Una escritura
de lo sentido, vivido y asimilado. Experiencias sensibles que se
hunden abiertamente en esa geografía, de la cual extraigo
energía, materia e información".
Irazábal
sabe que el pensamiento de un artista plástico no son
sólo las pinturas y/o dibujos que es capaz de crear, pues
la palabra es una forma no menos exigente y maravillosa con la que
se certifica y se reinventa el paso del hombre. Así, con
este libro, logra una obra de arte total, en amplios signos, lo
visual y lo gramatical, para incentivar la mirada verídica
e imaginativa.
Por último,
reafirmemos con la estudiosa Federica Palomero, que el interés
en las culturas arcaicas que manifiesta Irazábal no
pretende ni su ubicación en el primitivismo de la plástica
de nuestra época, así como tampoco la exaltación
nacionalista que caracteriza cierta pintura del Tercer Mundo. "Ni
pintoresco ni indigenista", señala Palomero.
Se trata, debemos convenir por la evidencia de su propia obra, de
una pintura contemporánea que es capaz de mirar al pasado
más remoto y exótico sin embadurnarse.
Juan
Carlos Palenzuela. Crítico y curador
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