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  • Diario El Universal

10/05/2018 11:01 am

Voy, voy, voy como mamá. Soy, soy, soy como mamá. Quiero ser como mamá. Este es el estribillo de una de mis canciones (Voy como mamá), la que más gusta a las niñas. Dicha canción dice en algunos de sus versos: De zapatos de tacones, voy repartiendo razones, al derecho y al revés… O Voy con la boca pintada y siempre muy arreglada a saludar a papá… O Cuando tenga mi cocina, voy a tener oficina y un castillo de papel. O Voy a tener una hijita que me quiera y me repita como yo hago con mamá.

Uno de los juegos preferidos de las niñas es imitar a sus

madres, repiten así las rutinas domésticas y laborales de las mamás y van

definiendo inclinaciones, gustos e intereses.

Más allá de querer discutir la temática de los roles sexuales y

del feminismo, quiero plantear la realidad de que ponerse los zapatos de mamá,

colgarse su cartera, adornarse con sus abalorios, pintarrajearse con los

lápices labiales y hablar como ella ha sido siempre el más espontáneo y

entusiasta de los entretenimientos.

Ahora bien, de un tiempo a esta parte se ha ido imponiendo una

moda perversa: “disfrazar” a las niñas, y coloco comillas a este verbo porque

no me refiero a los carnavales sino a un empeño desvirtuado en vestirlas y

arreglarlas como si fueran mujeres adultas. He visto con espanto concursos

donde a las pobres criaturas les ponen pestañas postizas, trajes ceñidos con

escotes, bañadores reveladores y maquillajes propios de cabareteras.

Y eso no es todo: las someten a interminables sesiones de

modelaje para que aprendan gestos, coqueteos y discursos de misses o de

bailarinas de ritmos de connotaciones eróticas.

Estas Minimisses o Miniartistas o Minimujeres resultan de lo más

divertidas para mucha gente sin conciencia del daño que les hacen a las niñas.

No solo porque les están cercenando la infancia sino porque

también les están cercenando la dignidad, al conducirlas por sendas que carecen

del mínimo sentido del respeto a su condición de mujer.

Hay que ocuparse seriamente de desmontar esta moda en el hogar,

en la sociedad y en los medios.

Mínimo sentido del respeto a su condición de mujer.

  cuentosdepipiolos@gmail.com 

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