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Rescatar la pareja para mantener la convivencia familiar

Luego de superar la etapa del enamoramiento, la pareja empieza a detallar defectos mutuos, entra en conflicto y se distancia por la rutina

  • Diario El Universal

09/05/2018 03:32 pm


ELENA SOTO

La vida en pareja no es el cuento de hadas que narran a las niñas. Sin embargo, el éxito o fracaso depende de la calidad de la relación que se establezca. La psicóloga argentina Daiana Odaia Slipak señala que viajar en avión es similar a amar debido a que al mirar por la ventana durante el vuelo, solo se observa belleza pero al empezar el descenso se ven las imperfecciones del paisaje.

“Ocurre igual en el amor. Cuando alguien comienza a acercarse, empezamos a ver sus defectos, a ver que no es lo grandioso que creíamos en las primeras impresiones. Ese es el desafío, porque lo otro era un espejismo creado por la distancia. Ahora tienen la oportunidad de darse la mano y tratar de embellecer el paisaje. Juntos”.

Acompañar al otro

Enfatiza que en ese momento es que ocurre “un amor real porque si amas al otro únicamente por la belleza, porque se ve algo en el otro que cree que le falta a uno mismo, cuando nos hacen sentir bien, cuando cubren nuestras necesidades, no es amor. Es utilizar al otro como vehículo para mi propia satisfacción.              

Creemos amar al otro tan solo pensando en lo que obtenemos, cuando el verdadero amor se trata de dar, no de recibir... se trata de aceptar al otro con sus agujeros, con sus miedos, con sus sombras... y elegirlo. Se trata de darle la mano, y acompañarlo mientras toma el enorme y hermoso trabajo de arreglar su propio paisaje”, detalla.

Relaciones tóxicas

Pero existen relaciones cuya dinámica es tóxica tanto para la pareja como para los hijos (en caso de tenerlos), y para los seres cercanos (familia, amigos y conocidos). Sobre el tema refiere la psicóloga venezolana, Emma Raquel Mejía, máster en terapia familiar, que las señales de alarma son los cambios bruscos de humor, las explosiones de ira, el egocentrismo, uso de poder para el control excesivo, abuso de sustancias lícitas o ilícitas, conductas transgresoras sociales, desconexión o rencores con hermanos padres amigos.

“Otras adicciones conductuales (juego patológico) son el maltrato verbal, psicológico físico, ser un paciente psiquiátrico que amerita tratamiento pero lo interrumpe o no lo cumple”. 

Cerrar brechas

Comenta que el distanciamiento de pareja, sean novios o esposos, se evidencia en una menor interacción justificada, según el caso, por trabajo, crianza, estudios, requerimientos de las familias de origen, quehaceres cotidianos.

La comunicación entre las dos personas se torna superficial: noticias, comentarios sobre otros individuos, anécdotas referidas a terceros (colegio de los niños, incidente menor en mercado), pero hablan íntimamente sobre sí mismos. Resalta Mejía que cuando la pareja no logra dialogar, hay distancia emocional-sexual pero continúan interactuando juntos en las actividades sociales, familiares, aunque se respeten no profundizan porque su relación se mantiene gracias a los hijos.

El consejo

Mejía evoca a Bowen al referir que cuando una pareja se percate de que usa estos mecanismos con rigidez crónica y suplantando el amarse bien (el diálogo sincero e íntimo, la confianza, ser amigos, disfrutar la intimidad sexual, tener espacios propios, priorizar su vínculo y lealtad, sentir amor y expresarlo al otro), debe buscar ayuda antes de que empeore. “Vivimos en el siglo 21 con exigencias y tensiones psicosociales que atentan contra el espacio de pareja al colocarlos en exceso de roles y demandas, generando elevadas dosis de ansiedad”.

Discordias en escala y espiral son tóxicas y riesgosas

La relación se vuelve tóxica al predominar el conflicto, no por grandes temas sino por pequeñeces sin sentido o que no valen la pena. El clima es tenso, hay expresión no verbal negativa, se descalifican en frecuentes discusiones, tienen conductas agresivas-pasivas: no comen ni duermen juntos, hay arepas para todos excepto para la pareja, se rompen acuerdos. “Si el conflicto escala y ambos se ponen reactivos pueden pasar sin hablarse hasta días y entablar una lucha de poder en el diálogo (quién tiene razón o culpa, quién es víctima o victimario)”.

Es errado que los  niños medien en el conflicto de padres

Si hay hijos, además de testigos, alguno de los padres puede involucrarlos como mediadores, lo que podría ser contraproducente. De acuerdo a la edad que tengan, se preocuparán al ver señales no verbales de alejamiento y tratarán de unir a sus padres. Cuando los niños ven que sus padres protagonizan un episodio de desamor, se confunden; pero los adolescentes al conocer el ciclo pueden buscar ser los consejeros maritales de sus padres y estos pierden autoridad frente a los jóvenes, en una etapa en la que necesitan normas claras y alianza entre sus padres.

Cuando no hay hijos se descarga la tensión en terceros

En el caso de que la pareja no tenga hijos o sean novios pueden involucrar en su vínculo

a un suegro, suegra, cuñados u otro familiar.

Se mantienen juntos por costumbre aunque los puntos en común van desapareciendo poco a poco. “Se viaja siempre con un familiar o amigo, se le visita siempre o si hay conflicto uno va con su familia mientras el otro no lo acompaña y viceversa”, concluye Mejía, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello. Para contactarla: Centro Profesional Vizcaya. (0212) 986.04.68. En el Centro Médico Docente La Trinidad: (0212) 949.62.20.



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