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Rosa Montero: “Todos somos un poco monstruos”

Después de veinticinco años, la escritora española reedita “Historias de mujeres” y en octubre regresa su detective, Bruna Husky, en la novela “Los tiempos del odio”

  • DULCE MARÍA RAMOS

17/09/2018 10:47 am

Tanto en el mundo periodístico como literario, Rosa Montero es una de las autoras que han reivindicado el papel de la mujer, dejando atrás esas absurdas etiquetas que alguna vez intentaron desprestigiar su trabajo. Su imaginación y su mente vuelan desde los cinco años, como las gaviotas que lleva tatuadas a lo largo de su brazo izquierdo. 

Aún sigue obsesionada con la muerte, aunque ya en alguna de sus novelas escribió su necrología. Bruna la mantendrá por siempre viva, el personaje más parecido a ella, según confiesa. 

¿Su constancia con la escritura le permitió quitarse la etiqueta de “escritora femenina”? 
Hace mucho que no se me cataloga como una escritora feminista, aunque muchos años lo hicieron y desde un punto de vista despreciativo. Tuve éxito muy joven, en una época en la que éramos pocas. Siempre me defino como una persona feminista y antisexista, ahora como novelista no existe la literatura feminista y si existe es malísima, es un panfleto. 

La novela no tiene que enseñar nada, uno escribe una novela para aprender, para intentar poner luz en las sombras del ser humano. La novela no puede ser ni animalista, ni feminista, ni ecologista aunque yo como ciudadana y como periodista sea todo esto. Escribir es la búsqueda del sentido de la existencia. Me molesta cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer y se diga que escribe sobre mujeres; en cambio cuando un hombre escribe una novela cuyo protagonista es un hombre se dice que escribe sobre el género humano. 

Después de 25 años se reedita “Historias de mujeres” con una edición más ampliada. ¿Qué le cautivó o fascinó de esas mujeres? 
Lo que me maravilla de estas mujeres es su voluntad de ser, su capacidad de luchar contra las dificultades. Ese afán de seguir siendo ellas a pesar de todo. 

Y haciendo un ejercicio literario de imaginar que dentro de otros veinticinco años alguien continúe su libro e incluya su biografía, ¿qué podría escribir sobre Ud.? 
Toda vida mirada desde un microscopio es disparatada, contradictoria y todos somos un poco monstruos; pero una vez escribir una necrología en “La loca de la casa” sobre mí que decía: murió con ochenta años durmiendo, después de un viaje de Japón donde presentó su último libro

Muchas de las historias de esas mujeres la hizo a partir de diarios. ¿Ud. tiene la costumbre escribir diarios? 
No, para nada. Y ya me gustaría. Tengo una memoria espantosa, es una memoria algo patológica de lo ausente. Aunque he escrito desde muy pequeña, desde los cinco años y siempre ficción. Alguna vez lo he intentado, pero solo dos o tres días. Ojalá hubiera hecho un diario, pero para mí es un poco claustrofóbico escribir todos los días un diario. 

¿Para Ud. ser una mujer de este siglo? 
Depende. ¿De qué mujer del siglo XX estamos hablamos? Hay mujeres afganas que no se les permite estudiar. Aún el mundo existen diferencias enormes. Yo pertenezco en España a un movimiento que se llama "El otro feminismo", que intenta ser un feminismo no ideológico. 

Me preocupan las ideologías como sistema cerrado de pensamientos, por eso desconfío de ellas porque conducen a la dogmatización y a la intolerancia. En el movimiento estamos en un estado constante de revisión de la educación recibida y además de tener esa capacidad de repensar por qué hacemos las cosas. Es un ejercicio intelectual y ético interesante. 

Y justamente sobre ese tema se suma el lenguaje inclusivo. 
La lengua es la piel de la sociedad, es un organismo vivo. A medida que la sociedad cambia, la lengua se va adaptando. Intentar cambiar la lengua por decreto es algo ortopédico y no resulta; por otro lado también es cierto que la sociedad vive momentos vertiginosos con respecto al sexismo. Es obvio que la lengua es sexista, y hay una necesidad que efectivamente se adapte. Lo que es ridículo es esa especie de cantinela de “amigos y amigas”, “alumnas y alumnos”, “todas y todos”, es imposible que eso triunfe y falla algo que es la economía de expresión de la lengua. 

Yo desde hace mucho no uso el “hombre” como genérico digo “ser humano”. Hay que encontrar alguna fórmula. He propuesto algunos artículos para empezar hablar en femenino. 

Recientemente la RAE aceptó la palabra “feminazi”. 
La RAE no tiene el poder de crear palabras, lo que tiene que hacer es reconocer las palabras que existen. Ahora bien, lo que tiene que hacer la RAE es argumentarlas e intentar colocarlas en su lugar. Nos guste o no la palabra “feminazi” existe. Lo que tiene que hacer la RAE es argumentarla y colocarla en su verdadera dimensión, como una palabra despectiva y sexista. 

Y hablando de palabras, ¿qué palabras eliminaría de su diccionario? 
Más que una palabra, en realidad eliminaría lo que define la palabra “crueldad”, la pobre no tiene la culpa. Me pone mal la existencia de la crueldad, es una cosa que no entiendo, también la humillación y todas estas palabras estúpidas que vienen de los prejuicios. Aunque por otro lado, como las palabras son tan maravillosas, pueden ser asumidas de otra manera, por ejemplo “maricón” es una palabra despectiva, desagradable, repugnante que muchos homosexuales la han asumido y le han dado la vuelta. 



En octubre presenta una nueva novela protagonizada por Bruna Husky. 
Es la novela que más emoción me ha causado terminar. En este libro el lector verá que el personaje de Bruna ha madurado y que tiene una dimensión humana y existencial tremenda. Es una novela vertiginosa, una explosión. 

¿Y con “Los tiempos del odio” termina la saga? 
La dejé en un punto que yo creo escribiré otra. 

Al igual que Bruna, Ud. está obsesionada con la muerte. 
La tragedia del ser humano es venir a este mundo lleno de deseos, de ganas de vivir y en un abrir y cerrar de ojos se acaba tu vida. Lo que pasa es que la mayor parte de la gente se le olvide de eso. Es, efectivamente, un tema muy obsesivo, también tengo la idea que los hemos tenido una percepción temprana de la muerte o una decepción interna o externa antes de la pubertad perdimos el mundo de la infancia. Eres consciente que el tiempo te roba, ese gran ladrón que te lleva a la muerte. 

¿Y quién o qué hecho le robó su infancia? 
Eso no lo cuento, pero si hubo determinadas circunstancias que cambiaron mi infancia. 

¿Cómo es la ventana por donde mira Rosa Montero? 
Me encanta una ventana que me permita volar, con mucho aire, con mucho espacio. Tengo la suerte que la ventana de mi despacho da hacia el Parque del Retiro y veo mucho cielo y árboles. También tengo un refugio secreto donde a veces me encierro a escribir, ahí la ventana ocupa toda una pared, así que cuando voy escribiendo y estoy muy metida en la historia, levanto la vista y vuelo.

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