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Mario Acuña Santaniello: “Hay mucha gente que ha abandonado el país aun permaneciendo en él”

El escritor cumanés presenta su opera prima, una novela que entremezcla desengaños amorosos e ideológicos con el dolor por la muerte de un padre revolucionario

  • JONATHAN REVERÓN

21/08/2018 11:07 am

Una novela breve hecha con tinta para un policíaco criollo. Es el apetito de Pulgasari (Booket, 2018) una historia sobre dos desengaños, el ideológico y el del amor real, el que se siente por otro ser humano. 

Mario Acuña Santaniello, cuenta su carta de presentación, nació en Cumaná en el año de 1974. Está graduado en Ciencias Gerenciales y con postgrados en Ciencia Política, Marketing y Administración de Empresas. “Su atracción por la escritura consiguió cauce a temprana edad en los activos círculos literarios de su ciudad natal y continuó en sus años universitarios con su obra poética y cuentística, aún inédita. 


Fotografía Nicola Rocco


La novela abre con una sentencia de Whitman, cuya siguiente estrofa continúa en una de sus líneas finales: How democracy with desperate vengeful port strides on, shown through the dark by those flashes of lightning! ¿Con qué luz considera que avanza la democracia en el mundo? 
La democracia no avanza de forma constante. Solo cuando «suavizamos la curva» es que podemos confirmar si se han producido progresos o no. Confío en que cuando veamos el panorama en perspectiva, en algunos años, hallemos avances. 

 Por el momento vamos de retroceso. El golpe que recibió la democracia en 2016, con el triunfo de aquellos que desprecian la pluralidad no es solo un problema de EEUU, es una invitación al ultraje de los valores democráticos en todo el mundo. En un reciente libro, convenientemente titulado Fascismo: una advertencia (Fascism: A Warning, 2018. HaperCollins), Madeleine Albright dedica un capítulo a la presidencia de EEUU. En sus páginas nos asoma, no sé si con esa intención, lo grave que es para la salud de nuestros países un deterioro en la democracia más estable del mundo. Entonces tendremos que seguir leyendo titulares en los que aparezcan Orban, Duterte, Morales y Erdoğan. El primer efecto de este deterioro es una lacerante polarización que nos deja sin cordura. 

 En Venezuela, esa situación nos confina. La insensatez de quienes defienden la barbarie militarista y la de quienes esperan una salida militarista a esta barbarie han construido un gulag para las ideas moderadas. En El apetito de Pulgasari, intento introducir algo de estos conceptos polarizantes que dejan al lector con la duda de cuál de estos males es el peor. Mientras tanto solo nos queda clamar por un «Thunder on! stride on, Democracy! strike with vengeful stroke!», porque esa venganza consiste en respetar y darle voz a quienes la desprecian, no como la de nuestros dirigentes. 

Suele decirse que para escribir una novela de los tiempos que se viven, hay que esperar que una generación o que el paso del tiempo se encargue de escribirla. Sin embargo, El apetito de Pulgasari, se detiene en unos márgenes que no pretenden alcanzar nuestros últimos veinte años. ¿Qué país quiere retratar dentro del episodio que vive Lenin Ramos? 
La Venezuela que protagoniza El apetito de Pulgasari no es la que vivimos hoy, ni la de hace dos años en Ensenada Honda. La Venezuela que deseo ver es aquella a la cual Lenin (el protagonista) retrocede, la que arroja convivencia y en la que aún teníamos mucho que resolver. 

 En los tiempos recientes se han publicado libros que nos recuerdan cómo era ese país en que había ascensión social y una clase política, así sin adjetivos. Son esos libros sobre intelectuales, periodistas o poetas venezolanos los que nos demuestran que podemos tener un país que puede volver a avanzar. Eso es algo que deseo dejar al lector de esta obra. 

Subraya el quiebre o desencanto de los núcleos de la clase intelectual (una vez más en la historia) con respecto a la ejecución de los ideales que defienden, incluso desde sus lazos familiares. A Lenin particularmente se le suma este desengaño con el amoroso. ¿Es su novela también la historia de un desengaño? 
Pulgasari es la historia de varios desengaños, unos personales, otros políticos. Siempre dolorosos. 

 El asunto de la clase académica es algo a lo que le doy mucha importancia en el texto porque yo mismo soy hijo de la universidad. En la novela intento rescatar esa conducta en la que muchos intelectuales salidos de la pobreza en democracia prestaron su talento, no para reformarla sino para destruirla. 

 No pretendo negar que era necesario hacer una transformación profunda a ese sistema político que estaba revirtiendo el proceso de ascensión social. Pero es un absurdo que quienes salieron del bahareque a hacer sus doctorados afirmen que en la «Cuarta República» los pobres no tenían acceso a la educación. 


La abulia es infértil. "Los escritores buenos son mejores cuando se enamoran, cuando triunfan sus revoluciones. También lo son cuando odian o triunfan sus enemigos, pero solo lo serán si les hierve la sangre, no si se les congela" ¿Con cuál de estos estados se sintió identificado al escribir la novela? 
Yo siempre he creado desde la derrota. Es lo que me ha tocado. Mi estado natural es el de la «sangre congelada», pero de vez en cuando los tropiezos me despiertan para escribir un cuento, un poema o, esta vez, que fue más profundo, una novela. 

La obra se presenta en el marco de la crisis migratoria venezolana. Lenin confiesa que se fue del país por la intolerancia "cuando advertí que esta había conquistado mi forma de entender el país". ¿Hay autobiografía? ¿Qué razones los separaron de residir en el país? 
Sí hay elementos autobiográficos en El apetito de Pulgasari. Aunque intenté alejarme lo más que pude de Lenin, hay elementos que le endoso, como el asesinato de mi madre o mi formación de izquierda. Sin embargo, en este aspecto no tuve esa intención. 

 Hace mucho tiempo he estado esperando la oportunidad de hacer un sabático y creo que no hay mejor momento para hacerlo. Hay que notar que el abandono de Lenin no es solo físico, es humano también, y se produce antes de irse. 

Hay mucha gente que ha abandonado el país aun permaneciendo en él. Yo mismo lo hice. Este tiempo lejos ha servido también para religarme con el país. 

¿Identifica un resentimiento social de origen en la clase media? 
Esto no es algo absoluto, pero sí lo encontraremos. Está recogido en la novela en uno de sus pocos pasajes explícitos. 

Existe un pequeño grupo de individuos que se ufanan de su desprecio por «El venezolano», siempre en singular. Podemos identificarlos muy fácilmente: en los próximos minutos nos enviarán un mensaje con sus ideas reaccionarias, echándole la culpa de nuestras miserias a los más pobres. En esos mensajes, que ellos mismos atribuyen a Leonardo Padrón o a algún otro intelectual que no tienen el gusto de conocer, dirán cosas como que nuestra nación tiene un «rancho en la cabeza», que carece de educación o que desprecia una cultura a la que ellos nunca se han asomado. Siempre en tercera persona, siempre el otro. 

 Entre los más virulentos, el lector identificará a los que importaron bienes que sobrefacturaban para dejar el dinero fuera, que pagaban coimas a militares para obtener privilegios o que andaban siempre en la búsqueda de algún funcionario para hacer negocios. 

 Pero si algo tiene de hermoso el país es que casi todos dirán que alguno de sus abuelos ―sino los cuatro, como en mi caso― fue pobre. «El venezolano» volverá a construir un país de progreso. 

Juan Carlos Mendez Guedez, acaba de declarar que "El lector venezolano vive de tal manera el horror que no necesita a los novelistas para que les transmitamos su propia tragedia. Tal vez no estemos escribiendo solamente para ese lector, quizá lo estemos haciendo para los del futuro." ¿Está de acuerdo? 
El novelista escribe desde su realidad y ha resultado que la nuestra se convirtió en tragedia. No en una, en millones. Cada uno escribe la suya. 

Es una lástima que no tengamos necesidad de referirnos al asedio de Bagdad o a cualquier otro evento histórico cuando hablamos de masacre. Convivimos con ella. En mi caso, intento hablar a esta Venezuela sobre aquella de la cual venimos. 

¿Es nuestro "anclaje al subdesarrollo" devenido de nuestro "anclaje a la Venezuela heroica", a mantener viva la llama del libertador?
Considero que es síntoma más que causa. Cualquier sociedad que anteponga la teocracia a la democracia necesita una dosis de desarrollo. 
 El ideal del hombre perfecto ha sido un instrumento de los gobiernos más autoritarios de nuestra historia. La «tarea inconclusa» como origen de nuestras desgracias es un argumento que siempre favorecerá a los caudillos y sus pretendientes. 
 Es por ello por lo que resulta tan común encontrar gente que admire las obras de la dictadura y tan difícil quien rescate aquellas de los primeros años de la democracia, las cuales fueron muchísimas más, menos concentradas en el centro del país, más importantes para el futuro, alcanzadas en menos tiempo, menos propagandísticas y las cuales se lograron con un parlamento plural, cumpliendo con los procesos administrativos y luchando contra la subversión interna y las conspiraciones externas, de izquierda y derecha en ambos casos. 

Germán Carrera Damas, cumanés ejemplar, nos recuerda que los ejércitos nos dieron la independencia, pero la libertad solo puede emanar de las leyes que se den las sociedades. 


El escritor usa a Pulgasari, una suerte de Godzila comunista, según su propia descripción, es el pretexto metafórico para señalar también nuestra capacidad de devorarnos. “El asunto aquí es cómo asumimos lo bonito por encima de lo correcto, lo superficial sobre lo profundo. Aprovecho para poner en claro que esto no es un vicio de la sociedad venezolana, es un asunto universal. Ningún mal es exclusivo de nuestro país, no somos peores que nadie, aunque andemos en tan mala racha.” 

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