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Un cuento para leer en estas vacaciones escolares

A Keyén le gustaban los cachorros de poodle, tanto que soñaba con tener uno pero no sabía qué hacer para convencer a su familia

  • Diario El Universal

03/07/2018 05:06 pm

DAVID MORENO MONTILLA

Todas las tardes al salir del colegio, Keyén pasaba por la tienda de mascotas para mirar los cachorros de poodle que tanto le gustaban. 

Todas las tardes al salir del colegio, Keyén pasaba por la tienda de mascotas para mirar los cachorros de poodle que tanto le gustaban. 

Aullaba, daba vueltas sobre sí, aruñaba y lamía la vitrina, como queriendo escalarla. El 21 de mayo, Keyén cumplía 9 años y al salir del colegio pasó a ver al cachorro y le prometió llevarle un pedazo de su torta al día siguiente. 

Se asustó mucho al ver que el cachorro no estaba. Un escalofrío recorrió su cuerpo, sintió náuseas y retorcijones en el estómago. Lloroso y cabizbajo deambuló por el vecindario un largo rato.

Ferviente deseo

Al entrar a su casa notó que las luces estaban apagadas y en apariencia no había nadie. Creía que se trataba de una fiesta sorpresa como todos los años. 

Sin ánimo y sujetando su estómago con las manos, haló una silla del comedor y se sentó. Con los dedos de ambas manos entrelazados hizo un doble puño, formó una “v” invertida con sus brazos, los posó en la mesa y metió la cabeza allí. No quería fiesta, no quería comer, el recuerdo del cachorro era lo único que tenía en su mente, lo único que deseaba. 

Pensó que quizás un poco de agua fresca de la jarra que estaba en el centro de la mesa, calmaría su coraje. Alcanzó un vaso para servirse cuando vio una nota, pisada por la jarra, que decía ve a casa de tu abuelo, se siente mal y te quiere ver.

Un momento inesperado

En un segundo su mente cambió la imagen del cachorro por la de su abuelo. El miedo, las náuseas y los escalofríos continuaban en su estómago con más intensidad. Corrió dos calles hasta la casa de su abuelo. Sin aliento, con ganas de vomitar, empujó la puerta que estaba entreabierta; se detuvo en medio de la sala. 

Un gran círculo familiar parecía contemplar algo en el centro del salón. Keyén preguntó dónde estaba su abuelo. 

Los malestares estomacales desaparecieron y una sonrisa se dibujó en su rostro. El pequeño cachorro cumplió el sueño de lamer y mordisquear a su nuevo amo Keyén.

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