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Del sueño a la acción

Camilo Riera trae consigo lo mejor de la educación caroreña, sumado a una visión moderna de cómo debe ser el país. Está preparado y cada día lo asume como un nuevo reto

  • Diario El Universal

26/10/2019 06:46 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Caroreño de pura cepa, criado en valores y principios, representa la nueva generación de hacedores de país como muchos de sus coterráneos. Quiere quedarse en Venezuela para ver “el final de la película en primera fila”. Está seguro de que cada crisis trae oportunidades y que éstas aparecen cuando hay trabajo duro de por medio. Un aprendizaje duro y largo tiene que llevarnos a concluir que no hay mayor ventaja que ser honestos, si queremos levantar nuestra sociedad desde sus cimientos. 

-Los caroreños de tradición, como es tu caso, poseen acendrados valores de familia, que se han transmitido de generación en generación. ¿Qué valoras más de esa educación?
-¿Por dónde comenzar?... creo que para nosotros los caroreños el gentilicio se convirtió en más que una distinción geográfica: representa una manera de ser y de vivir.

Se combinan en nuestra esencia valores profundamente familiares, humanos y de fe, donde resaltan la dedicación por el trabajo honesto y disciplinado con un profundo respeto por las generaciones mayores, sin importar distinción social; y aún más por las mujeres de nuestra sociedad. 

Desde niños nos enseñan a saludar con mucho respeto a los adultos, incluso pidiendo la bendición. Vale la pena recordar que, en Carora, todos somos parientes de alguna u otra forma. 

Me atrevo a afirmar que somos una sociedad principalmente matriarcal. 

Y es justamente esta característica la que hace que nuestros valores sean tan arraigados y compartidos generación tras generación. 

Las madres siempre tienen una mejor manera de educarnos y explicar las cosas, por eso los caroreños recibimos de nuestras madres y abuelas, tías y nanas las directrices y guías que sirven de pilares de la vida y el refuerzo de esa estructura de vida viene de la mano de las figuras patriarcales: abuelos, padres, tíos...

Hice esta pequeña introducción que sirviera de excusa para explicar por qué no puedo hacer una lista acotada de esos principios y valores. Es la suma de ellos lo que nos define como caroreños, pero sobre todo la interpretación y aplicación de cada uno de esos valores lo que más resalto y valoro más de nuestra sociedad. Un caroreño nace donde quiera, basta con llevar siempre los valores que nos caracterizan y dejarlos bien plasmados en todo lo que hagamos. 

Hay otra cualidad que nos identifica muy bien: es el efecto de confianza colectiva que transmitimos. Nos sentimos seguros y confiados de ser caroreños. El mismo efecto que siente un jugador de fútbol cuando juega con el Barça o un beisbolista que juega para los Yankees. Solamente vestir esos uniformes y saber que tienen a su lado compañeros de la talla de Messi, sumándole también la historia de victorias que tienen estos equipos, les da una dosis de confianza y motivación adicional a cualquiera que se ponga estas camisetas...lo mismo nos ocurre a los caroreños con nuestro gentilicio, muchos y muy buenos ejemplos a seguir tenemos en nuestros archivos.

-Decidiste quedarte trabajando en Venezuela en medio de la peor crisis que hemos tenido desde la Guerra Federal. ¿Qué te motivó y qué te motiva a seguir adelante?  
-Sin duda la peor crisis de toda nuestra historia.

Me motivó inicialmente que mis raíces son netamente venezolanas, por donde buscara no había manera de conseguir algún vínculo con otra nacionalidad que me abriera el interés de emigrar (por ahí apareció una opción con esta famosa ley sefardí que estamos trabajando para conseguir, pero sin intenciones de emigrar; el final de esta película la quiero ver en primera fila), siempre he dicho que emigrar es cambiar unos problemas por otros, que se intensifican según la condición legal y destino hacia donde se decida partir. Personalmente prefiero y me siento más capaz de afrontar los problemas en mi país y con mi gente. Esa es mi respuesta desde el punto de vista objetivo y pragmático. 

Desde la perspectiva emocional: lo que nos ha tocado vivir a los venezolanos tiene que ser parte de un aprendizaje que nos correspondía experimentar para poder salir de la espiral social y política que nos había regido por tantos años. Considero que ha sido fuerte y largo el aprendizaje, pero lo que es cierto es que todos lo hemos vivido desde la realidad que escogimos y al mismo tiempo nos tocó afrontarlo. Lo importante es que desde esa realidad podamos ser capaces de entender que el cambio nace desde nosotros mismos -y si bien el camino ha sido una montaña rusa en todos los aspectos (especialmente lo emocional)- también es cierto que Venezuela siempre ha tenido la bondad de brindar oportunidades hasta en los peores escenarios. 

Lo fue para miles de extranjeros cuando sus países estuvieron en crisis y aún lo ha sido para quienes decidimos quedarnos. Sé que es difícil comprender lo que digo, contradice el texto de la pregunta que me formulas, que afrontamos la peor crisis de nuestra historia, pero una verdad universal aplica en este caso: “Toda crisis trae oportunidades”. Sólo hay que saber detectarlas, trabajar duro y honestamente por ellas y demostrar que sí es posible crecer en la tormenta. Especialmente en contracorriente cuando el sistema que se ha instalado en nuestra sociedad en términos profesionales está marcado por el OPORTUNISMO, VENTAJISMO Y FACILISMO. Y aún en ese entorno es posible hacer las cosas bien. 

En algún momento escuché que las minas de carbón son parecidas a la Venezuela del momento: ambos son lugares hostiles, llenos de obstáculos, peligros y riesgos altísimos, pero si buscas bien consigues una justa recompensa a tal riesgo. También es mejor ir acompañado de la gente correcta, que tiene tus mismos intereses, así la mina se hace menos peligrosa. Lo que sí quiero y deseo es que todos aprendamos verdaderamente la dura lección de este aprendizaje y que todo valga la pena al final de la película (que por cierto mucho en común tiene con las del famoso director Alfred Hitchcock.


Camilo Riera, José De Martín y Felipe Capozzolo

-Eres vicepresidente de la Cámara de Equipamiento Hotelero. Acaban de tener la exposición que no se hacía desde 2012. Cada vez que sé de uno de estos eventos me lleno de alegría de lo que será el futuro. ¿Cómo lo visionas? 
-Cuando nos planteamos retomar la Expo EquipHotel, que como bien comentas, tenía desde el 2012 que no se llevaba a cabo, nos preguntamos por qué hacerla en el momento más complicado de la realidad política y económica que hemos vivido, y justamente esa fue la respuesta: porque en los peores momentos es que tenemos que sacar lo mejor de nosotros. 

Retomar la Expo tuvo como meta muchos objetivos de corto y mediano plazo, pero entre los principales fue el de transmitir un mensaje de optimismo a todo el empresariado venezolano, al mismo tiempo sentar las bases para que en nuestras empresas afiliadas y relacionadas vayamos preparando motores para el futuro que se nos viene. Un futuro por demás lleno de muchas oportunidades, donde tendremos componentes adicionales a nuestra economía diferentes al petróleo, componentes que han formado parte de nuestra historia como son: café, cacao, ron y muy especialmente, TURISMO. 

Tenemos que entender que ya no somos un país petrolero y en caso de volver a serlo, no depender únicamente de él como única fuente de ingreso a nuestra economía.   

¿Qué mejor opción que el turismo?

No hay manera más social y con efecto más multiplicador para una economía que desarrollar el turismo. Desde que un turista pisa un país ajeno empieza a gastar dinero, desde la persona que lo ayudó con las maletas hasta el hotel donde se alojará, dinero que va directamente a las manos del establecimiento y/o persona involucrada.

Consideremos también que ningún gobierno ha tenido el desarrollo del sector turístico en sus objetivos de gestión política y económica y que como país lo tenemos todo para ser potencia a nivel mundial. Sembrar el oro verde que traiga a su vez el despertar de la conciencia de una marca que nos une a todos: la marca país, la marca VENEZUELA. De todas nuestras riquezas y maravillas naturales, hay una que es única en el mundo y esa debería ser nuestra mejor carta de presentación; playas cristalinas que se reparten a lo largo y ancho de los mares del mundo, selvas tropicales y montañas también, pero el Macizo Guayanés está únicamente en nuestro territorio y eso es algo que debemos saber promocionar. 

En mi humilde opinión: Venezuela está condenada al éxito, basta con combinar la voluntad y esfuerzo de todos para lograrlo, desde el ciudadano de a pie, pasando por la empresa privada, universidad, hasta los gobiernos que vengan. Es hora de trabajar todos unidos. 

Así lo visualizo. Díganme soñador, pero soñar es gratis y nadie te lo puede expropiar. 


Camilo Riera junto al equipo de Totalchef    CORTESÍA  

-¿Qué crees que hay que cambiar en el país para que finalmente dé el salto que necesita?
-El fundamento principal y al mismo tiempo, el más elemental de la cultura de un pueblo, es EL RESPETO AL DERECHO AJENO. Pueblo que tenga ese principio, como práctica, es un pueblo culto. Eso se ve en el respeto a las cosas más sencillas del quehacer diario de la gente, verbigracia, respeto a las leyes de tránsito, un cruce de peatones, no botar basura en la calle. Las cosas más simples, que se viven a cada momento en un día y al mismo tiempo fallamos en ponerlas en práctica.

Fracasamos en promover y poner en práctica esos valores básicos en nuestra sociedad de respeto y tolerancia, para los cuales no hace falta tener títulos universitarios ni cuentas bancarias abultadas, al fin y al cabo son valores humanos y familiares que todos conocemos. 

Nuevamente lo digo, el cambio debe iniciar en cada uno de nosotros, y luego que logremos hacer de los valores básicos nuestras costumbres y podamos con naturalidad aplicar los elementos más sencillos de los buenos modales como decir los buenos días, buenas tardes y buenas noches; entonces así tendremos la madurez para comprender aquellas cosas más complejas, como el hecho que una nación no necesita que los gobiernos sometan a sus ciudadanos a través de políticas populistas regalando todo lo que se les ocurra con tal de comprar la sumisión y el voto de un pueblo. La salud y la educación son prioridades donde los gobiernos se deberían enfocar por garantizar a sus ciudadanos, con esas dos cosas podremos conseguir todo lo demás.     

-¿Qué significa Venezuela para Camilo Riera?
-Para mí, Venezuela es un préstamo que recibimos de nuestros hijos y, como padre que soy, quiero darles a mis hijos las mejores oportunidades para que se conviertan en los mejores seres humanos posibles, eso incluye dejarles un mejor país que el que nosotros recibimos y así en el momento que les corresponda ser adultos, puedan hacer lo mismo con sus hijos y así, que se repita el esquema.

Venezuela es el producto de la combinación de diversas culturas y nacionalidades que hicieron de nuestras tradiciones una mezcla maravillosa de sonidos, formas, sabores, olores y colores, que nos hacen tal y como somos: únicos.

Una vez me pregunto un amigo de origen peruano por qué los venezolanos, especialmente las mujeres eran tan bonitas y diferentes de los demás países de la región, a lo que respondí con mucha sinceridad: “En Venezuela siempre le abrimos las puertas a inmigrantes de todo el mundo”. Comentario a propósito de esta lamentable situación de diáspora que vivimos. 

También representa un sueño; un sueño que tiene como final ver un país de gente próspera, donde sus ciudadanos se midan por sus valores y no por sus posesiones. Un país que conozca cuáles son sus ventajas y sepa muy bien convertirlas en oportunidades de desarrollo. Donde puedan volver esos talentos que decidieron irse a probar suerte en otras fronteras y que traigan la experiencia y conocimientos para ponerlos en práctica en su tierra. La mayor pérdida que hemos sufrido en estos 20 años de revolución es la fuga de tanto talento humano, nos convertimos en el mayor exportador de mentes y profesionales del mundo y no recibimos nada a cambio.  

A fin de cuentas, sueño con que a Venezuela la dirijan gobiernos pobres, que se dediquen a repartir riquezas y bienestar a sus habitantes y no al revés.

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