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Talento con probidad

Francisco Kerdel Vegas, médico, educador, escritor, diplomático. A una edad, cuando muchos están retirados, sigue incansable en su cruzada por hacer de Venezuela un país de primer mundo.

  • Diario El Universal

28/09/2019 08:11 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Uno de nuestros profesionales mejor formados en todo sentido, reflexiona sobre su vida, la educación y el país. Agradecido con sus profesores y los primos que lo becaron en los Estados Unidos, ha devuelto con creces lo que se le dio. Fue uno de los fundadores de la Universidad Simón Bolívar y del Programa Talven para aprovechar el talento venezolano que había decidido quedarse en el exterior. Apuntaló los programas de la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Fue embajador en Europa, donde dejó huella de caballerosidad y buen hacer. Creador de los Colegios Virtuales para llevar clases de computación a las comunidades más pobres, hoy, desde su casa de Madrid, sigue trabajando incansablemente por la Venezuela que sueña.

-Estudiaste en el Instituto San Pablo de la mano de eximios maestros como fueron los hermanos Martínez Centeno. ¿Qué aprendiste de ellos?
-Efectivamente, los hermanos Martínez Centeno fueron unos maestros excepcionales y tuve el privilegio de ser alumno de Roberto, Raymundo, Conchita, Clemencia e Isabel. Tampoco olvido lo que me enseñó Luisita Negretti, en su casa y más tarde en el Instituto San Pablo. Nos inculcaron principios y valores que persisten a lo largo de la vida. Mi gratitud hacia ellos es inconmensurable. Don Roberto Martínez Centeno - al enterarse de que me separaría del Instituto San Pablo- me recomendó con su amigo Dionisio López Orihuela, director del Liceo Andrés Bello de Caracas, cuando mis padres decidieron que era mi mejor opción para estudiar secundaria.

-Tu currículum vitae es impresionante. De la UCV saliste a especializarte en Harvard y en New York University. Conoces mejor que nadie la formación que tienen los médicos venezolanos. ¿Qué piensas de la degradación a la que ha sido sometida la medicina venezolana con la traída de médicos cubanos y la formación de “médicos integrales”?
-Cuando me iba a graduar de médico, ocurrió “el milagro” que me cambió la vida, y fue que Armando y Anala Planchart (ella prima hermana mía) me becaron -de manera muy generosa- para estudiar dermatología en Estados Unidos. A lo largo de toda mi vida útil he tratado de pagarles -indirectamente desde luego- lo mucho que hicieron por mí, dedicando tiempo y esfuerzo en encontrar formas y maneras de otorgar semejantes beneficios a otros jóvenes venezolanos, que con esos conocimientos y experiencia puedan contribuir al desarrollo de Venezuela. Cuando empecé a ejercer mi profesión de médico dermatólogo en Caracas en 1954, mis primeros ahorros fueron para tratar de pagar a los Planchart la inversión puesta en mi educación de postgrado, y al no lograrlo, por la negativa de don Armando a aceptarlo, me hice ese propósito de ayudar a otros jóvenes venezolanos a alcanzar las metas que se habían propuesto.

La formación profesional de los médicos venezolanos era excelente. Mis problemas de “adaptación” en los Estados Unidos (especialmente el primer año en Boston) se refieren a mis carencias con la lengua inglesa. Recuerdo mi estado de incertidumbre, incluso pánico, cuando me tuve que enfrentar a mis primeros pacientes en la consulta externa del departamento de dermatología en el Massachusetts General Hospital (considerado el hospital más antiguo e importante de los Estados Unidos), teniendo que consultar a menudo el diccionario, y escribir en inglés la historia del paciente -me tomó el doble de tiempo que a los otros colegas-, y cuando por fin terminé me encontré una consulta desierta en la cual solo permanecíamos la enfermera jefe y yo. Me di cuenta de inmediato que los demás habían terminado la tarea por lo menos dos horas antes y se habían marchado, y que yo había detenido a aquella señora, encargada de cerrar las puertas del servicio, y muy contrito le expuse mi preocupación de que “mis pacientes” se quejasen con la dirección del hospital por mis evidentes deficiencias con el idioma, a lo que mi interlocutora contestó, más o menos lo siguiente: “si es eso lo que lo preocupa, olvídelo. Este hospital y la Universidad de Harvard, son instituciones admiradas y respetadas en todo el país. Si usted está aquí es porque lo merece y esos pacientes sienten que es un privilegio ser examinados y tratados por un médico extranjero, seguramente bien dotado de conocimientos y experiencia, como para formar parte de nuestro personal”. Así retornó mi confianza en lo que hacía. Algo parecido me ocurrió un año más tarde en el hospital Skin and Cancer de Nueva York, cuando la todopoderosa secretaria y mano derecha del Director Dr. Marion B. Sulzberger, Miss Dianne Silberling, me hizo llamar a la dirección, y en el camino me preguntaba qué habría hecho de malo, y muy a mi sorpresa me interrogó las razones por las cuales yo entraba de primero y salía de último en la institución. Allí se llevaba un control, muy primitivo, en el cual se firmaba una planilla con la hora de entrada y luego con la hora de salida y era fácil calcular el tiempo de permanencia en el hospital. A lo cual contesté que yo venía de un país lejano, donde no existían las facilidades que ellos tenían y que por lo tanto tenía que aprovechar al máximo de ellas, mientras permaneciera en los Estados Unidos. Me di cuenta de inmediato el cambio de actitud de esta mujer dura, acostumbrada a mandar, frente a mi posición y futuro; me comenzó a respetar. Mi gratitud será eterna con el entonces compañero de trabajo, Dr. Alfred W. Kopf, quien se convirtió en mi mejor amigo, guía y consejero, y lo sigue siendo hasta el presente. 

 
incorporación de Francisco a la Real Academia de Doctores, en Cataluña

Referente a los llamados “médicos integrales”, al estilo cubano, pienso que el régimen engañó a unos muchachos incautos y, por lo tanto, aquellos con vocación, merecen complementar sus estudios en verdaderas universidades para obtener el auténtico grado de médico-cirujano. Estoy convencido de que ya existe una planificación para ello, a ejecutarse tan pronto cambiemos de régimen.

-Como miembro fundador de la Universidad Simón Bolívar y luego como autor del libro “La diáspora del talento” (mucho antes de esta tragedia del éxodo venezolano) ¿qué sientes que faltó en la educación venezolana para que hayamos llegado a esto?
-Muy desafortunadamente la educación en Venezuela no se atiene a la realidad y nos forma como ciudadanos de un país muy rico cuyas riquezas naturales podemos vivir y disfrutar, sin valernos de nuestro trabajo individual para mantenernos y dar apoyo a los menos favorecidos. Desde mi perspectiva es esencial cambiar esa leyenda y ser realistas. Todos estos problemas radican en un sistema educativo deficiente, y pueden y deben ser resueltos con los cambios y reformas pertinentes. En ello hay que incluir a las academias militares, que evidentemente han fallado al formar algunos oficiales fanáticos y conspiradores.

La erosión gradual de la calidad educativa viene de tiempo atrás, y tal vez la medida “temporal”, de los dos turnos en el mismo local, contribuyó en buena parte a ello. Unido desde hace dos décadas a la ideologización de la educación, forman una mezcla explosiva, de la cual debemos apartarnos cuanto antes. 

Con su colega de Málaga, el dermatólogo José María Carrillo

-Tu experiencia profesional incluye haber sido parte del cuerpo diplomático como Embajador de Venezuela ante el Reino Unido, la Unesco y Francia. ¿Qué trajiste a Venezuela de esas estadías?
-Pude complementar los esquemas educativos ya estructurados como son la Cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge, el “Fellowship” del St. Antony College de la Universidad de Oxford y una docena de becas de postgrado en diversos Colleges de Oxford y Cambridge. También me permitió participar activamente, junto a los Dres. Alfred W. Kopf (estadounidense), Terence Ryan (británico) y Henning Grossmann (alemán) en la creación de un instituto de formación dermatológica (a nivel de técnicos) en Moshi, Tanzania, que ha servido por tres décadas a los países de la región. Todo ello durante mi tiempo en Londres. En París pude establecer, con la ayuda del Dr. Federico Mayor Zaragoza, director general de la UNESCO, el programa TALVEN (Talento Venezolano en el Exterior) dedicado a aprovechar los conocimientos adquiridos en el extranjero por aquellos becarios del programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho que se habían residenciado permanentemente en los países donde habían estudiado, y que ahora sirve de prototipo frente a una diáspora masiva que se acerca ya a los cinco millones de personas.

Mi experiencia como embajador de Venezuela en Londres y París, me permitió conocer y tratar mucha gente muy interesante, entre otros a los colegas diplomáticos, cuidadosamente escogidos por sus países de origen, y aprender en forma continua de sus extensos bagajes culturales.  

-Háblame de la Fundación Colegios Virtuales.
-Al comienzo los llamamos Infocentros Comunitarios, pero visto que el régimen se apropió del nombre, tuvimos que buscar una alternativa para poder diferenciarnos. Mi amigo y colaborador Silvino Carrasco ha sido, es y será la columna vertebral de este movimiento, y por YouTube se pueden ver dos videos de una entrevista televisiva. Es un proyecto destinado a crear comunidades humildes familiarizadas con internet y la computación, herramientas esenciales en el competitivo mundo presente. Otro programa, “El Padrino Virtual” se inserta muy bien en el primero y espera buscando mejores tiempos para su desarrollo.


El doctor Kerdel Vegas con su familia

-¿Qué significa Venezuela para Francisco Kerdel Vegas? 
-Significa todo. Mis padres y mis maestros me inculcaron desde niño que no había nada más noble que servir a Venezuela y a ello he dedicado toda mi vida. Actualmente, viviendo en España, mis limitadas posibilidades se enfocan en Venezuela y su futura reconstrucción, intentando coordinar esfuerzos en esa dirección. 

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