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Mientras haya cultura, habrá país

"Lectora impenitente, poeta con nombre propio, empezó a escribir a los 24 años y escribió -entre otros- dos libros de poesía paralelos a los de Luis Alberto Machado"

  • Diario El Universal

06/07/2019 11:17 pm

 CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Se aproxima a la poesía con reverencia, como ante un objeto enigmático que no tiene un significado único y concreto, porque para cada lector el poema es distinto. Y será distinto cada vez que lo lea. Desde niña, e influenciada por su abuelo, vivió en dos mundos paralelos: el real y el imaginario. En este último vivían los personajes que inventaba y era mucho más interesante que el primero. Sigue escribiendo con afán y se prepara para el alumbramiento de la libertad en Venezuela. 

-¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Quién te inspiró?
-Cuando era una niña, mis padres, mis hermanos y yo vivimos un tiempo en la casa de mis abuelos maternos. Me acostumbré a ver a mi abuelo en su sillón leyendo todas las tardes. Desde que tengo memoria él nos contaba a los nietos historias de personajes sacados de las novelas que leía. Nos preguntaba, con la gentileza que lo caracterizaba, si conocíamos a don Quijote y Sancho, a Ulises, a Antígona, a Orestes y otros… Nos contaba relatos maravillosos y seguía con su lectura. 

 De vez en cuando, nos hacía buscar el diccionario de la Real Academia Española, que era muy grande para nosotros y se lo traíamos entre dos. Él era agrimensor, pero también fue maestro de gramática y acostumbraba hablarnos de la manera correcta de pronunciar. 

Un día, una prima mía preguntó que por qué mi abuelo no invitaba a sus amigos a la casa. Entonces él nos explicó que sus amigos eran imaginarios, que salían de los libros. A mí me pareció muy interesante aquello de los amigos de la imaginación, y pensé que se parecía a mí, porque yo tenía una corte de amigos imaginarios. 

Pensando en la posibilidad de aumentar mis amistades, me decidí a leer. Mi mamá me buscó libros apropiados para mi edad y así comenzó la pasión por la lectura. Creo que todos los niños lo hacen, pero a mí se me pasaba la mano porque les ponía unos nombres rarísimos; mi hermano que era cuatro años mayor que yo se burlaba de mí pero no me importaba en lo más mínimo. Yo tenía dos vidas, la real y la que me inventaba, pensando que era actriz o cantante. 

 Leí las novelas de rigor, Ifigenia de Teresa de la Parra, con la cual me identifiqué por ese espíritu romántico que anida en las adolescentes. La Trepadora y Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Mujercitas de Louisa May Alcott. Y tomaba las novelitas románticas de mis tías sin que ellas se dieran cuenta. Definitivamente, la vida en las novelas era más interesante que en la vida real.

Mi papá también leía muchísimo, lo veía con sus libros muy cerca de los ojos porque era miope, igual que yo. Cuando nos mudamos de la casa de mis abuelos, me empezó a comprar libros y así fui reuniendo una pequeña biblioteca. Y me compró una máquina de escribir Remington, fue el mejor regalo que recibí en aquel tiempo. 

Mi papá me animó a escribir, desde los doce años escribía cuentos cortos, ideas locas que se me ocurrían y los poemas que más me gustaban para aprendérmelos Muy jovencita, leí a Salgari, Julio Verne, Walter Scott, Mark Twain, Emily Bronte, Hermann Hesse. La lista es interminable. La felicidad que yo sentía leyendo es imposible de explicar.

La poesía es el más sublime de los géneros literarios... ¿cómo llegaste a ella?
-Mi afición por leer poesía empezó a los catorce años. Mi amiga Carmen María Salge era aficionada a leer libros de poemas. Ella traía de su casa libros de César Vallejo, Reverdy, Baudelaire, Whitman, y leíamos en voz alta hasta que nos aprendíamos los poemas de memoria. Me sonrío al recordar a unas jovencitas como nosotras leyendo "Los Heraldos Negros" de Vallejo, o "La Carta del Vidente" de Rimbaud. 

Mi hermano mayor decía que nos íbamos a quedar solteras porque a los muchachos no les gustaban las niñas sabiondas. Mi tío Benito Raúl era poeta, por eso mi mamá y mis tías hablaban de poesía y recitaban poemas de memoria. Me encantaba oír a mi mamá decir versos de "El jardinero" de Tagore, de Rubén Darío, Gabriela Mistral, Andrés Eloy Blanco, García Lorca y Antonio Machado.

 A los 24 años compré "Trópico Absoluto" de Eugenio Montejo y quedé enamorada de su escritura. Fue en esa época que comencé a escribir. Recuerdo el primer poema que me atrajo de él: “Era el país más verde de la tierra / un verde, hecho rumor sobre los pastos de fragantes celajes” (…) O aquel que dice: “Cada cuerpo con su deseo y el mar al frente, / cada lecho con su naufragio y los barcos al horizonte” (…) Desde entonces, miro la belleza que me rodea y también el drama de los seres humanos con otros ojos y los convierto en escritura. 


Me dediqué también a investigar qué pensaban algunos escritores sobre el significado del poema. Por ejemplo, Góngora escribió que el poema es un objeto enigmático, él alude a la metáfora cuando se refiere al enigma. Él pensaba que para escribir poesía había que alejarse del lenguaje común. Al contrario, Jorge Guillén decía que cualquier palabra es digna de figurar en un poema. 

No solo las puestas de sol, el mar, los estados de ánimo y las pasiones, sino también las máquinas, los automóviles y las fábricas. Un poema es el punto de encuentro entre la psique, la imaginación y la idea. Octavio Paz piensa que escribir poesía es un oficio, un ejercicio ascético, una confesión que surge desde lo más profundo. 

Yo me aproximo a la poesía con reverencia, como ante un objeto enigmático que no tiene un significado único y concreto, porque para cada lector el poema es distinto; incluso tendrá un sentido diferente cuando lo lea de nuevo. El poeta re-crea el lenguaje, lo enriquece, lo saca de sus nexos de costumbre y lo deslastra de la rutina de lo habitual. La palabra funda, la palabra crea, patentiza la existencia de las cosas. Los seres humanos somos palabra encarnada.

Cuéntame de la maravillosa experiencia de escribir dos libros paralelos a los de Luis Alberto Machado. 
- Cuando conocí a Luis Alberto en 1995, él estaba escribiendo un poemario que llevaba por título Canto a la Mujer. Me pareció tan hermoso y bien escrito que le propuse publicarlo, pero él fue más allá, me invitó a crear una editorial. Así fue como fundamos la Editorial Cármina. Yo tenía un centenar de poemas guardados, así que los volví a leer y se me ocurrió que podía escribir el Canto al Hombre. Se lo comuniqué a Luis Alberto, y él como soñador al fin, se imaginó dos libros publicados a la vez, libros paralelos que fueron editados en la imprenta de Italgráfica.  Cinco ediciones de Canto a la Mujer y tres ediciones de Canto al Hombre

El dueño de la Librería Mundial nos compraba los libros por cientos para distribuirlos por todo el país. Así fue como surgió la idea y fue una empresa poética hermosísima. El escritor Eduardo Casanova Sucre escribió en el Suplemento Cultural de Últimas Noticias un extenso escrito que llevaba por título “Libros paralelos”. Son inolvidables los versos de Luis Alberto Machado, como “Y Dios hizo la luz como tus ojos”, “Entrégame los frutos de tu huerto, las uvas de tu vid / y un océano de agua fresca en la fuente donde brota mi sed. Renaceremos juntos para ser todos los seres.” En la contraportada del poemario dice: “En el encuentro con la mujer el poeta comulga con lo invisible en el corazón de la materia. Erotismo y misticismo. Unidos hasta lo indisoluble. Este libro revela una visión cósmica que se adentra en la causa última de todas las cosas.” 

En mi libro "Canto al Hombre" yo quise volver a una escritura diáfana, alejada de las influencias algo surrealistas de mi primer libro Fragmentos de isla. Fue una decisión de alejarme de las tendencias de estilo de la poética en boga, a veces críptica para el lector no acostumbrado a leer poesía. 

Y sentí una inmensa felicidad escribiendo este libro. Me gusta mucho un poema de ese libro: “Huésped del amanecer /en tus manos de acero flexible se despliega la vida. /Con tenaz insistencia tus manos soportan / la fatiga de la sangre y los huesos /conocen mi tersura y los abrazos imperceptibles de las formas.” 

Siento una profunda gratitud a Luis Alberto Machado por haberme animado a escribir Canto al Hombre. También le agradezco su invitación a leer libros de figuras literarias, ideas afines, sinónimos, me invitaba a ir a la Distribuidora de Estudios a comprar lo que han sido para mí libros de cabecera, como la Ontología del lenguaje de Rafael Echeverría, el Diccionario de ideas afines, los libros de retórica de Mortara Garavelli, los libros de Alfonso Reyes y otros tantos. 

El aporte de Luis Alberto Machado con su libro La Revolución de la inteligencia, ha sido valorado en otros países y poco conocido en Venezuela. Él fue un idealista, un hombre íntegro y un verdadero amante de la poesía. 



-Estás muy activa en el Círculo de Escritores de Venezuela. ¿Cómo se ha vivido estos años de crisis? 
-Desde su creación en 1989, el Círculo de Escritores ha llevado adelante su misión de divulgar y promover la literatura venezolana. Reunimos a un grupo de escritores consagrados y noveles sin distinción de credo o filiación política. 

Hemos publicado libros a través de nuestro sello editorial y han sido numerosos los foros, conferencias, recitales y presentaciones de obras que hemos organizado. Hemos establecido alianzas con universidades e instituciones, hemos organizado concursos de narrativa, poesía y teatro. En este momento me viene a la memoria el respaldo recibido de la Academia Venezolana de la Lengua, el Centro de Cultura Chacao, la revista Letralia, Venezuela Positiva, el Ateneo de Caracas, la Corporación Andina de Fomento, el Colegio Emil Friedman, la Biblioteca Eugenio Montejo, las Embajadas de España, Colombia, Francia, entre otras instituciones que nos han invitado a participar en sus proyectos dedicados a la cultura. 

 Actualmente, hemos establecido una alianza con la Librería Kalathos y agradecemos a la Librería El Buscón, a La Poeteca y a la Librería AGO su gentil disposición de ofrecer sus espacios para algunos de los eventos que organizamos. 

Desde hace algunos años, tenemos una revista web, en la cual hay cabida para los artículos y textos de nuestros escritores y de autores extranjeros. Se divulgan los nuevos libros y los eventos culturales. Y tenemos una página en Instagram, @circuloescritoresvenezuela y nuestra página en Facebook.

En la actualidad, el presidente del Círculo es el poeta, ensayista, editor y músico Edgar Vidaurre Miranda, nuestra vicepresidente es Magaly Salazar Sanabria, el poeta Luis Beltrán Mago es el Secretario General, los directores somos Ildemaro Torres, Lidia Salas, Farah Cisneros y yo. 

Mientras mayores son las dificultades que atraviesa nuestro país, más nos crecemos ante ellas, porque sabemos que mientras haya cultura habrá país. Donde hay escritores que escriben con libertad de conciencia habrá país. 

 La visión del Círculo de Escritores ha sido y es la preservación de los valores democráticos, del gentilicio venezolano, la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos. 

 Para el segundo semestre nos hemos propuesto dictar talleres de poesía, escritura creativa, e invitaremos a destacados escritores a encuentros y tertulias sobre temas de actualidad. Emprenderemos un proyecto de ediciones digitales. 

 -Una de mis escritoras favoritas, Virgina Woolf, se apellidaba como tú. ¿Casualidad, inspiración o hay realmente un vínculo?
-Mi querida escritora Virginia Woolf, británica, nacida en 1882, es considerada una de las figuras más destacadas de la vanguardia modernista. Es autora de varias novelas que me encantan, sobre todo Al Faro y Las Olas. Adoro su ensayo Una habitación propia, creo que ella fue muy sabia cuando describió lo que una mujer, para ser independiente y feliz necesitaba: “Una mujer debe tener treinta libras al año y una habitación propia si quiere escribir ficción”. Esta realidad ha sido así, las mujeres dependieron de la figura paterna y del marido y fueron dominadas por los hombres durante siglos; ella supo poner en blanco y negro lo que requería una mujer para volverse independiente y poder escribir o dedicarse a lo que quisiera. 

Mi apellido es alemán. Mi abuelo Federico Wolf vino de Alemania a los 19 años, invitado por su tía Augusta Vergamel de Wolf, que era dueña de la primera tipografía que hubo en Caracas en la esquina de Pajaritos. Él no se aficionó a las letras, se dedicó a la contabilidad y a los negocios. Y se casó con María Luisa González Gragirena. Tuvo tres hijos, entre ellos mi padre. Mi abuelo amó tanto este país que se quedó a vivir definitivamente en Venezuela. Mi abuela María Luisa y él se divorciaron, y esta se casó con el destacado violinista José Antonio Escobar. De allí viene su nombre artístico, María Luisa Escobar. Ella era pianista y compositora, fundó el Ateneo de Caracas en 1931 y creó la Asociación Venezolana de Autores y Compositores. Ella pagó los primeros derechos de autor en nuestro país y, además de las numerosas composiciones musicales, se dedicó a promover la cultura. Yo le agradezco mucho a Maríantonia Palacios su excelente biografía, María Luisa Escobar, un nombre escrito en nuestra historia, publicado por SACVEN.

-Sigues escribiendo con afán. Háblame de tus planes para el futuro.
-Terminé un libro de 50 poemas y estoy buscando un editor. Escribo poemas cuando estos no se vuelven esquivos y ensayos sobre mis autores predilectos. Estoy escribiendo sobre poetas hispanoamericanas y escribo también cuentos para niños, influenciada por la cercanía con mi nieta menor, que es una niña con una imaginación desbordante y le gustan mucho los cuentos. 

 Actualmente me he dedicado a profundizar en la gramática. Para ejercer el oficio de corrector de estilo nunca se puede dejar de estudiar. 

 Y me preparo para el alumbramiento de la libertad en Venezuela, como si nuevamente fuera joven, con un inmenso entusiasmo y dispuesta a dar todo lo que esté a mi alcance por mi país.

-¿Qué significa Venezuela para Carmen Cristina Wolf?
-Venezuela es mi tercera madre, la primera es mi mamá, la segunda es la Virgen María. No he dejado nunca de amar a mi país en todo su esplendor y también cuando la siento tan maltratada. 

 No me he dedicado a la política, pero no porque no me interese, soy una apasionada de la Democracia y la política es indispensable para que se puedan manifestar las ideas y cambiar lo que ha de ser cambiado. 

Sin embargo, le hice caso a mis mayores cuando me decían: No te metas en política, eres demasiado confiada. Pero le sigo el pulso a los acontecimientos y me manifiesto en mis escritos y a través de las redes, apoyando las iniciativas que considero justas y favorables. Siempre tengo presentes las palabras de El Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

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