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Un gocho universal

Influenciado por Alirio Díaz y Rodrigo Riera en la guitarra clásica. Por Iannis Xenakis y Blas Emilio Aterhotúa, entre otros, ha combinado con sincronicidad matemática la música y las artes plásticas

  • Diario El Universal

29/06/2019 08:37 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Es un músico prestado a las artes plásticas. En ambas disciplinas se ha movido como pez en el agua. Tiene la rigurosidad que ha hecho de sus paisanos personas recias y exitosas. Trabaja, trabaja y trabaja. Espera que sus composiciones sean interpretadas algún día por nuestro Sistema de Orquestas. Mientras, lo han sido y con éxito en lugares tan remotos como Australia. Sus obras de arte, con la precisión matemática que tiene la música, son hermosamente clásicas. Elvis Joan Suárez es un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI, y desde San Cristóbal, en el estado Táchira, envía su luz y su talento al mundo entero. 

-¿Cómo te defines, como músico o como artista plástico? Te lo pregunto porque en tus obras de arte hay música y en tu música hay arte.
-Hoy me considero un híbrido, una fusión de las dos artes, ya que mis obras -tanto plásticas como musicales- no podrían existir sin la inspiración de una o de la otra. Mi formación comenzó como músico, en la escuela  Miguel Ángel Espinel de San Cristóbal en guitarra clásica con el maestro Rafael Suárez, y luego terminé mis estudios en el Conservatorio de Música de Barquisimeto Vicente Emilio Sojo en Composición Musical. 

A través de la composición musical es que inicié el camino de la plástica como medio de expresión visual-musical. Mis obras, en algunas ocasiones, parten de una melodía con algún tipo de inspiración histórica, ya sea renacentista o contemporánea, y comienzo a hilvanar otras melodías a través de una de las técnicas más importantes de la música como lo es el contrapunto. De allí surgen mis obras que llamo Counterpoint, en otras ocasiones es el material plástico el que me sugiere qué hacer. Por ejemplo, alambres, lienzo, las pinturas o también el papel, una vez tenía un tablón de madera de unos 120 x 60, había estado mucho tiempo en un aserradero, lo tenía en mi taller, todos los días lo miraba y de allí comenzaron a surgir ideas musicales que correspondía con ese material: tomé el tablón, lo lijé, lo limpié, comencé a colocar algunas figuras geométricas, después algunas franjas, y añadí algunos pequeños tacos de madera de colores que obedecían al alfabeto del compositor Alexander Scriabin. Construí un moiré con alambres, y la obra gusto tanto que fue adquirida de manera rápida por un coleccionista. 

Otra manera de trabajar me viene como lo han hecho clásicamente los compositores a través del tiempo: sentado en un mesón, con papel pentagramado, mi motivo de inspiración es una figura geométrica plana, mido más o menos como voy a ubicar a los intérpretes o músicos, de allí sale una nota por ejemplo (DO) y parto a realizar una partitura gráfica, que debe proyectarse de forma multimedia. Luego hago algunas pruebas de sonido a través de un software de música, de allí lo que queda es el ensayo con los intérpretes, colocar la partitura u obra a la vista del público. 


Recientemente, en este mes de junio, se estrenó mi obra “Delta Sydney” obra donde participaron 50 guitarristas de varias parte de Australia. Se ubicaron en forma de triángulo y mientras interpretaban la obra se proyectaban imágenes que había escogido de dicha ciudad, con colores alusivos al entorno citadino. Esto es parte de un proyecto que tengo que realizar un Delta para cada ciudad del mundo. La idea principal es que la obra musical no se quede engavetada en un archivo o escritorio, sino que la persona, el público, pueda disfrutarla desde la estética: sus formas, su mensaje a través de la obra plástica, así como en el oriente tienen una predilección por su artes caligráficas. A finales de marzo de este año el cuarteto francés de clarinetes Roots 4 Clarinets, estrenó mi obra Círculo Modulor Scriabin en el Museo de Arte Contemporáneo Hans Jean Arp de la ciudad de Strasburgo en Francia, obra inspirada en esta ocasión a través del color la tabla sinestésica de Scriabin: los clarinetistas se ubican en forma de semicírculo y se va proyectado los distintos colores en un circulo multimedia.

-¿Qué artistas han influenciado tu carrera?
-Muchos artistas, entre ellos los Maestros Alirio Díaz y Rodrigo Riera en la guitarra clásica. De hecho, me gradué como ejecutante interpretando el Concierto de Aranjuez. A nivel de la composición musical el arquitecto y compositor Iannis Xenakis fue uno de los que mayor influencia tuvo mi obra en cuanto llevar el grafismo a la parte musical, porque de allí partí en mis investigaciones. Tuve la oportunidad de estudiar con uno de los grandes maestros de la composición latinoamericana, como lo es el maestro Blas Emilio Aterhortúa, que había trabajado con Xenakis en Argentina. Nos comentaba que en sus clases no utilizaba papel pentagramado, si no hojas milimetradas y sus actividades de composición partían de crear una obra musical a partir de la construcción de un puente. Él me obsequió algunos libros del compositor griego-francés.

Después vinieron los compositores norteamericanos: Morton Feldman y Earle Brown, sus partituras gráficas me influenciaron mucho. Estos compositores frecuentaban el círculo de artistas de Nueva York: Jackson Pollock, Frank Kline y Mark Rothko. El maestro Aterhortúa había trabajado también en Estados Unidos con Earle Brown, ingeniero compositor, su música muy influenciada por un artista como Alexander Calder. Brown también me enseñó algunas de sus técnicas. Entonces comencé a investigar y realizar algunos experimentos con obras plásticas salpicadas de un abstraccionismo geométrico. Otro Artista fue el francés Augusto Herbin, de allí también Debussy y el compositor ruso Alexander Scriabin con su tabla sinestésica y por supuesto la escuela cinética venezolana con los maestros Jesús Soto y Cruz-Diez.

Comencé a investigar y realizar algunos experimentos con obras plásticas salpicadas de un abstraccionismo geométrico. Auguste Herbin, por ejemplo, realizó un alfabeto plástico geométrico desde la A hasta la Z donde incluye letras, colores, figuras geométricas planas y notas musicales. Yo jugué mucho con este alfabeto en algunas de mis obras, como en mi Melusina, estrenada en el mes de mayo en Francia por el flautista venezolano Néstor Álvarez y la bailarina francesa Salomé Saurel, una obra para flauta y bailarina, inspirada en la leyenda de Melusina, pero plásticamente su partitura es una obra abstraccionista geométrica, porque partió de este alfabeto con sus letras. Es una pieza que también requiere de la proyección de la obra plástica. Melusina ha servido también para proyectos culturales y pedagógicos en las escuelas de Francia, los niños la disfrutan mucho y se realizan juegos interactivos con sus figuras geométricas. El viernes 21 de junio de 2019, la flautista Ruth Pereira estrenó mi obra Círculo N°2 para flauta sola en Dresde, Alemania, compuesta a través de la llamada “música especulativa” inspirada en el Arqueómetro, que es un mandala donde se encuentran igualmente un alfabeto plástico con figuras geométricas, colores y medidas, recogido por el francés Saint-Yves D´Alveydre, inspirada en las filosofías teosóficas de finales del siglo XIX. 




-Tus composiciones musicales se han interpretado en Europa y en lugares tan remotos como Australia. ¿Ha sido difícil ser interpretado en Venezuela?
-Pienso que es porque no he puesto empeño en realizarlo. Se me ha hecho más fácil que se interprete mi música en otros países porque ha gustado el concepto; además, las magníficas orquestas que hay en nuestro país están condicionadas a cierto repertorio y a ciertos compositores, a veces es muy difícil explicarle a un músico que viene de El Sistema de Orquestas que realice determinado performance, si lleva la mitad de su vida sentado en la misma fila y con el mismo atril. Claro, hay muchos de ellos que sí se han abierto a interpretar mis obras y ha salido estupendo. No podemos negar el magnífico trabajo del maestro Alfredo Rugeles y su gran Festival de Música Latinoamericana Contemporánea, pero como te digo no me he concentrado en hacerlo, tal vez en un futuro.

- ¿Qué te ha hecho quedar en Venezuela cuando has tenido éxito en el exterior?
-Ha sido, en primer lugar, por cuestiones familiares y otra porque me gusta mucho mi país, sobre todo observar las montañas andinas, su clima, su gente, el humor andino, a pesar que he vivido en otras partes de Venezuela, como Barquisimeto. Allí viví casi 14 años y es como mi segunda tierra: un lugar que también amo mucho, su gente, sus crepúsculos, su musicalidad y sobre todo una tierra llena de muchos artistas plásticos, de cuales aprendí y algunos son mis amigos, hay personas conocedoras de arte, buenos galeristas y coleccionistas. 

Yo impartía clases en la Universidad cerca del Museo de Barquisimeto y en mis ratos libres pasaba directo al Museo y me dedicaba por horas a mirar y observar detenidamente muchas obras allí expuestas. Fue para mí un tiempo de mucho aprendizaje, sobre todo las obras de Otero, Gego, Soto y Cruz-Diez y, por supuesto, de los artistas de Lara como Esteban Castillo, Águedo Parra, César Andrade, Joel Pacheco y Armando Villalón, entre otros.



-Tú eres gocho y los gochos tienen fama de ser "picapacito". ¿En qué se manifiesta tu "gochez"?
-A nosotros en la escuela nos enseñaron a que no nos dejáramos decir gochos, porque era despectivo, pero eso fue cambiando a través de los años, porque ya se hace como por cariño, “el gochito y la gochita”.  Además por los últimos acontecimientos políticos, más bien nos consideran hasta héroes. Nosotros los gochos nos caracterizamos por ser adictos al trabajo y a ser perseverantes. Es allí donde notablemente se manifiesta mi “gochez”, además de degustar de la buena cocina tachirense: la pizca andina, el masato, la chicha, los pasteles y los dulces.

-¿Qué significa Venezuela para Elvis Joan Suárez?
-Para mí, después de mi familia -mi esposa Gleyda y mi hija Airi Michelle- lo es todo. Como te había dicho, he tenido la oportunidad de vivir en varias partes de Venezuela, en oriente, en el centro, en Maracaibo. Su naturaleza es la que me inspira: sus colores, sus montañas, sus playas, sus selvas, la Gran Sabana, sus fiestas, el color de sus tradiciones, las Navidades y, por supuesto, su música. Si llegara a salir del país siempre llevaría en mi corazón y en mi mente todos sus sonidos y todos sus colores y los representaría a mi modo en mis obras. 

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