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CARACAS, domingo 19 de mayo, 2013 | Actualizado hace
 
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CINE | ENTREVISTA

Édgar Ramírez: "Nos lanzamos al abismo"

A corazón abierto es la historia de dos médicos, Mila (Binoche) y Javier (Ramírez), quienes viven una tormentosa relación. La película forma parte de la programación del Festival de Cine Francés

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"Mi personaje es muy apasionado", dice Binoche (Cortesía)
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EL UNIVERSAL
domingo 19 de mayo de 2013  10:46 AM
La actriz francesa Juliette Binoche se ha referido a la película A corazón abierto como una historia sobre la pasión, "porque no sólo se ve reflejada la que ellos sienten el uno por el otro, que es inmensa, sino también hacia su trabajo. La vida del cirujano es muy particular, porque debe comprometerse muy íntimamente con su oficio y eso termina siendo muy extremo". Su pareja en la cinta de Marion Laine, el venezolano Édgar Ramírez responde vía electrónica algunas preguntas sobre esta y otras producciones en las que participa.

À c ur ouvert –su título en francés– forma parte de la actual edición del Festival de Cine Francés. De hecho, Ramírez fue nombrado como el padrino de este año, aunque confiesa: "Lo intenté hasta último minuto, pero no pude llegar a Caracas... Estoy reventado preparando dos personajes casi en paralelo". Se refiere al boxeador panameño Roberto Durán, mejor conocido como "Mano e' Piedra", cuya vida es llevada al cine por otro venezolano, Jonathan Jakubowicz, y el de un sacerdote renegado en Beware the night, película de terror de Scott Derrickson.

A corazón abierto es la historia de dos médicos, Mila (Binoche) y Javier (Ramírez), quienes viven una tormentosa relación. Ella ama tanto a Javier que comparte su vicio, sin caer en la adicción, sus momentos de locura, paseos nocturnos clandestinos, su pasión por la velocidad y el humor. Mila intentará todo para impedir que se hunda, pero no podrá dar la cara por él. Queda embarazada y decide seguir adelante y tener al bebé para crear un "objetivo común". Después se plantea renunciar y venirse a vivir a Suramérica; sin embargo, no hay nada que detenga el hundimiento de su relación...

–¿Qué implicó para usted ese personaje?

–Ponerme por encima de cualquier prejuicio que pudiera tener y permitirme explorar en profundidad el lado adictivo del amor, su dimensión carnal, irracional, animal, física, intuitiva. Marion no establece víctimas ni victimarios en esta historia, ni juzga la dinámica de la pareja. Las reglas están claras para todos: Javier es alcohólico; Mila, codependiente, y ambos son adictos el uno al otro y reivindican su adicción emocional como una forma legítima de amor. Eso me pareció tan demoledor como conmovedor. Me llevó a cuestionar muy abiertamente la relación entre el amor, la necesidad y sus alcances. ¿No es necesitar de la persona amada lo más parecido a una adicción? ¿No es la persona amada lo más cercano a un droga? ¿Acaso no se nutren el amor y la toxicomanía de lo mismo: del deseo, de la necesidad, de la obsesión? ¿Si necesitamos aire y agua para vivir, no es válido acaso necesitar de la persona amada, de su calor, de su cuerpo, de su aliento, de su voz para sobrellevar la vida? ¿Si tantas especies dentro del mundo animal tienen una sola pareja de por vida, de la cual dependen y con la única que pueden procrear, por qué necesitar de la persona amada suele juzgarse como un signo de debilidad, de flaqueza? ¿No es lo más natural? ¿No es el amor una compulsión? ¿Si la adicción a una sustancia –en este caso, el alcohol– dispone de dos niveles: la necesidad física y la obsesión mental, estar enamorado, amar intensamente, no es un poco lo mismo?  Realmente el viaje actoral para intentar dar respuesta a estas preguntas fue una gran revelación en mi vida.

–¿De qué se valió para armar a este médico de tendencia alcohólica, aturdido por la noticia de un hijo?

–En otras oportunidades he dicho que me atraen los personajes cuya naturaleza es llevada al límite o puesta a prueba. Me atraen la tridimensionalidad, los claroscuros, los matices, las contradicciones... que son finalmente las que nos hacen humanos. El tormento, el sosiego, la luz y la oscuridad que coexisten en cada uno de nosotros, es un asunto que me obsesiona. En Javier encontré un material maravilloso para dar rienda suelta a mis obsesiones. Independientemente de la forma, la naturaleza y los acuerdos de la relación de Javier y Mila, él estaba enfermo y atrapado en una espiral descendente imparable. Saber que algo te hace daño y hacerlo una y otra vez, es el principio de la locura, saber que le haces daño a quien más amas y no poder evitarlo porque tu vida y tus acciones se han vuelto ingobernables a causa del alcoholismo, es el paroxismo del dolor. Estas dos dinámicas de destrucción conviven en Javier de manera implacable, y explorarlas cambió mi vida. Poder experimentar de cerca el gran sufrimiento de un alcohólico, la culpa, la recriminación, la arrogancia, los celos, la paranoia, las promesas rotas... ha sido una de las experiencias de empatía y compasión más importantes de mi vida. Tuve el privilegio de contar con cirujanos alcohólicos tanto en Venezuela como en Francia, quienes tuvieron la enorme generosidad y valentía de compartir conmigo sus historias de dolor y de esperanza. También conté con el apoyo del doctor Pedro Delgado, la @Fundacionhumana, y por supuesto, conté con el apoyo de Alcohólicos Anónimos de Venezuela, cuya labor en el país y en el mundo es invaluable, y sin quienes hubiese sido imposible construir este personaje.

–Algunos críticos ya han valorado la química que se percibe entre Binoche y usted. ¿A qué atribuye eso que se ve en pantalla?

–Juliette es una las artistas más importantes y comprometidas de nuestros tiempos. Trabajar junto a ella en un historia tan intensa y descarnada como A corazón abierto, ha sido una experiencia transformadora. Nunca seré el mismo ni profesional ni personalmente después de realizar este viaje con Juliette. No se puede abordar la complejidad de la adicción ni de la codependencia emocional sin correr el riesgo de perderse. Afortunadamente, nuestra conexión fue inmediata apenas nos conocimos y juntos asumimos el vértigo. Debíamos lanzarnos al abismo de esta historia sin ningún tipo de reservas, abandonarnos a su peligro, a su desacato, y así lo hicimos. Nunca nos soltamos la mano y nos protegimos durante toda la caída. Creo que nuestra química surgió de una profunda compasión del uno por el otro.

–¿Cómo va Hand of stone?

–Va muy bien, entrenando mucho y aprendiendo directamente de Roberto Durán y sus hijos que son mis entrenadores. Estoy disfrutando mucho este proceso. Jonathan es un director muy sólido y arriesgado que sabe muy bien lo que quiere. Estamos muy emocionados.

–¿Y el próximo proyecto, Beware the night?

–Es una película de Columbia Pictures, producida por Jerry Bruckheimer, dirigida por Scott Derrickson (El exorcismo de Emiliy Rose y Sinister). Es un thriller de suspenso basado en la historia real de un policía  (Eric Bana) y un sacerdote jesuita del Bronx (yo), que se encargaban de resolver casos paranormales en Nueva York durante los años 90. Me siento muy privilegiado, tanto de hacer esta película con uno de los mejores directores de este género actualmente y de los muy pocos escritores-directores-autores que trabajan en el mundo de los grandes estudios, como de hacer tándem con Eric Bana, quien es uno de mis actores favoritos, con una carrera que me ha inspirado y la cual he seguido desde que hizo Chopper en el 2000, año en el que decidí intentar ser actor. Es un tipo serio, inteligente y comprometido.

Un homenaje a los cirujanos

- Binoche dijo sobre la película que es una historia sobre la pasión, "porque no sólo se ve reflejada la que ellos sienten el uno por el otro, que es inmensa, sino también hacia su trabajo. La vida del cirujano es muy particular, porque debe comprometerse muy íntimamente con su oficio y eso termina siendo muy extremo". ¿Qué agregaría?
-Juliette tiene mucha razón. Juntos aprendimos lo particular que es la vida del cirujano y sobretodo la del cirujano cardiovascular. El corazón genera los impulsos que producen su contracción y su músculo por lo general funciona involuntariamente sin tener estimulación nerviosa. No puede controlarse conscientemente, ya que el músculo cardíaco es miogénico, es decir autoexcitable. Cuando entiendes esto, es más fácil comprender porqué la cirugía cardiovascular es tan fascinante. Sus posibilidades metafóricas y estéticas son infinitas. Tener un corazón en carne viva latiendo frente a mis ojos es de lo más intenso que he vivido en la vida. Ha sido una experiencia exhuberante, de una intimidad casi violenta. Tuve el privilegio de asistir clandestinamente a más de cinco operaciones a pecho abierto en París y el trabajo de un cirujano cardiovascular es precioso.Tiene la delicadeza del más fino artesano. Es una microplomería exquisita. Se corta una sección de una vena sana por aquí para conectar uno de sus extremos a una arteria por allá --la aorta, por ejemplo-- y el otro extremo a una zona por debajo del bloqueo de la arteria coronaria que esté impidiendo el suministro adecuado de sangre al corazón y así lograr revascularizarlo. Y es que el corazón tiene su propio sistema de irrigación, y esta cirugía puede realizarse en movimiento, los dedos etéreos del cirujano suturan sobre el órgano latiendo. Es drama y belleza en su esencia más pura.

Juliette casi se desmaya en varias oportunidades. Yo --que fui cardiópata de adolescente-- no podía estar más feliz ni emocionado de presenciar aquello. Es un oficio apasionante. Ví operar varias veces a uno de los mejores cirujanos cardiovasculares de Europa y fui testigo de una complicación inesperada que lo llevó a decidir in situ y por presión del anestesiólogo, si se reparaba todo lo que se había planificado, reparar corriendo el riesgo de comprometer la vida del paciente, o se llevaba la reparación hasta una fase intermedia que sólo le daría a aquel anciano de corazón hinchado y amarillento unos 10 años más de calidad de vida. Porque no importa cuánto se anticipe, cuántos estudios previos se hagan, cuán exacto sea el "plan de vuelo", el corazón es un órgano tan misterioso, tan autónomo, tan caprichoso que una vez que se abre el pecho y se llega hasta él, se pueden descubrir giros y trampas que obligan al cirujano a tomar decisiones imprevistas e implacables, a "volar sin instrumentos", a basarse sólo en su experiencia y mejor juicio para resolver contingencias que por lo general son de vida o muerte. Una cirugía cardiovascular muy pocas veces se realiza de emergencia. Por el contrario, generalmente se planifica y el paciente entra voluntariamente al quirófano con la expectativa de sanar. La presión para el cirujano es enorme. El paciente entra vivo, enfermo, sí, pero vivo. Nada debería salir mal y es responsabilidad del cirujano que así sea. Pero siempre existe una posibilidad de complicación que cual espada de Damócles, cuelga sobre la cabeza del cirujano y especialmente sobre la cabeza del paciente, cuya vida es la que puede perderse. Se trata del corazón. Jugar a ser Dios es también un riesgo, el ego, el deseo de ir más allá, de ser el mejor, siempre está tentándole.

El cirujano cardiovascular del que hablo, Javier, a quien interpreté en A corazón abierto, y quien es un poco todos, no es el que corta la piel, los tejidos musculares, y luego el tórax, hasta llegar al corazón, no. Eso lo hace su equipo de médicos, instrumentistas y enfermeros, que preparan todo para que el cirujano, cual maestro mezclador, cual mítico alquimista, cual flamante estrella de rock, entre al escenario, se pose bajo la luz y realice su magia. Fue conmovedor contemplar esa magia, y fue un verdadero honor haber sido tocado por ella. Mi respeto y mi más profunda admiración a todos los cirujanos y especialmente, a los cirujanos cardiovasculares en Venezuela y Francia que me ayudaron y guiaron. Gracias por llenar el quirófano de tanta poesía y vitalidad.
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