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CARACAS, domingo 27 de enero, 2013 | Actualizado hace
 
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"Me respeto al máximo"

La hija del historiador Guillermo Morón y de la escritora Stefania Mosca expone sus pinturas en la galería sextante de Bogotá

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La creadora venezolano expone actualmente en la galería Sextante de Bogotá MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
MARÍA GABRIELA MÉNDEZ |  ESPECIAL EL UNIVERSAL
domingo 27 de enero de 2013  12:00 AM
Bogotá.- Cada vez que se dispone a pintar, Lucía Morón Mosca se viste, se cubre casi totalmente. Su delgada figura debe verse demasiado abultada con tanta tela embadurnada de esmalte. Prepara tres bastidores y mezcla la pintura blanca con la negra para hacer distintas intensidades de grises. Una vez frente al lienzo en blanco y con una vaga idea que se va fraguando con el movimiento, coge el pote de pintura, lo encaja en su costilla y empieza a mover la brocha gorda de pelos largos. A veces, cree que corre sobre la tela, pero en realidad camina rápido, mientras salpica y pinta todo el espacio.

Termina exhausta, asqueada. Luego de un breve descanso entra de nuevo a mirar lo que ha hecho. A escuchar qué le dice el cuadro. Si pasa esa primera prueba, el cuadro se colgará en la "pared del juicio". Si no pasa esta segunda prueba, el cuadro será destruido.

"Para mí hay cuadros que son buenos, que tienen movimiento, donde la construcción tiene sentido y hay otros que no, que son un manchón y punto. Entonces esos que son un manchón los deshago", cuenta Lucía Morón de su proceso de creación.

Esta es la primera vez que la artista se atreve a mostrar su trabajo. Y la galería que la muestra no se encuentra en su natal Caracas sino en Bogotá. Y se trata de la muy prestigiosa galería Sextante.

Lo que Lucía hizo antes, en sus incipientes pasos como pintora, también fue destruido por ella misma. Pasó de un constructivismo tipo Malevich a unas obras con cierta textura que terminaron por aburrirla. Pero esas "etapas superadas", como ella misma reconoce, dieron paso a la obra que finalmente muestra porque la siente más cerca de lo que buscaba.

Este es apenas el inicio de una jovencita de 23 años recién cumplidos que, antes de decidirse por la pintura, descubrió la frustración en una escuela de Derecho.

Según cuenta, desde pequeña quiso pintar. Pero con una mamá escritora (Stefania Mosca) y un papá historiador y escritor (Guillermo Morón), Lucía se negó a seguir una carrera que tuviera algo que ver con el arte.

"Cuando empecé a estudiar Derecho sentía muchas frustracionesporque no estaba haciendo lo que debía hacer. Dos meses después de que mi mamá muriera(en 2009) pensé 'la vida es muy corta y no voy a perder mi tiempo'. Dejé la carrera y dije voy a ser artista. Tal vez a ella no le hubiera parecido lo mejor del universo, pero al final me hubiese apoyado".

Crecer en una casa rodeada de libros y de intelectuales la hace verse a sí misma como una privilegiada. Juan Sánchez Peláez, Carlos Contramaestre, por nombrar solo un par, eran algunos de los insignes visitantes a los que consideraba abuelos. Pero, además, el Catire Hernández de Jesús fue también como un segundo padre para ella. Más bien hubiera sido extraño que la niña no saliera artista.

Vivir rodeada de arte le enseñó la idea de respetar lo que uno quiere hacer: "Me permitió darle vuelo a la imaginación y de alguna manera ser libre en ese sentido. Estar rodeada de arte es también una escuela, se aprende mucho".

La otra cara de la moneda era justamente el miedo a aceptarse como artista por el hecho de ver lo difícil que es serlo: "Ver a mi mamá, que vivía de cualquier otra cosa menos de escribir. Eso te llena de mucha inseguridad. Uno siempre quiere la comodidad. Pero cuando rompes con ese miedo lo que queda es pura belleza".

Desde el mismo momento en el que decidió ser artista o asumirse como tal, huyó de Caracas y se instaló en Bogotá. En una semana empacó todo: muebles y sobre todo libros. "Era como una necesidad de salir de ahí. Cerrar un ciclo y empezar otro. Cuando uno es hijo de personas tan importantes, uno tiende como a perderse un poquito, para mí fue muy importante porque rompí con eso y empecé a ser yo. Toda la gente quiere ver en mí a mi mamá. Me ayudó salir de Caracas porque cuando estás en un ambiente donde nadie te conoce, te permite ser tú mismo en tu máxima expresión. Si no hubiese tenido esa ruptura, no creo que hubiese llegado donde estoy ahora. En este momento siento que estoy muy en mí misma, que me estoy respetando al máximo al hacer lo que realmente quiero a pesar de todo".

Entre sus artistas preferidos están Jesús Soto, Willem de Kooning, Hugo Zapata, Fernando de Szyszlo, Edgar Negret, Francisco Hung y, por supuesto, Jackson Pollock. Pero una sobresale del resto y es justamente la esposa del célebre pintor estadounidense: Lee Krasner. Lucía quedó fascinada cuando vio su obra, menos conocida que la de Pollock. De ella dice: "Me gusta mucho por el hecho de que era una mujer y uno siente una relación pero además era una gran artista. Es un trabajo de muchísima fuerza, mucha gestualidad y esa combinación la hace grandiosa, fantástica, brillante", reflexiona.

-¿Qué espera Lucía Morón Mosca del espectador? ¿Qué quiere transmitir con sus cuadros?

-He llegado a una conclusión: no espero nada del espectador. Hay espectadores que ven neuronas, otros que ven ramajes y la selva amazónica y todas esas cosas distintas a mí me parecen maravillosas, válidas, porque significa que el cuadro está transmitiendo. Para mí lo importante es que, según mi criterio, el cuadro transmita algo y ya lo que transmita depende de cada espectador. Realmente lo que espero es que el cuadro le transmita algo, sea bueno o malo.

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