"Yo reía y respondía: yes"
"El director de arte llamaba con un proyecto en mente. Yo no hablaba inglés y ellos nada de español... Soy noctámbulo y lo detesto, no me enorgullece para nada. Un día de estos me va a dar un beriberi", afirma Hermann Mejía.
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ANDRÉS CORREA GUATARASMA
| EL UNIVERSAL
domingo 28 de octubre de 2012 12:00 AM
Nueva York.- "Tengo 39 años y estoy dibujando, sin descanso, desde los 3", desliza Hermann Mejía, ilustrador que ha hecho carrera en la satírica revista MAD, fundada en 1952, a cuyos editores convenció de tal manera con su talento que al principio laboraba desde Caracas, esa ciudad que dice extrañar "todos los días".
Actualmente está "un poco alejado de la ilustración, dedicado mayormente a la pintura, una deuda personal que debo saldar", pero sigue colaborando con MAD, publicación a la que llegó casi a través de un cuento de hadas, tras ganar un viaje a Nueva York en un concurso de historietas celebrado en Caracas en 1995.
"George Pratt, uno de los integrantes del jurado, me animó a mostrar mi portafolio. De esa visita a la editorial (DC Comics) salí con varios proyectos", recuerda. Pero la historia se remonta más allá.
"La primera vez que vi una MAD tendría 7 años y fue amor a primera vista. En alguna ocasión le dije a mi madre que de grande quería trabajar allí. Los años pasaron y ese sueño cambió de rumbo, al punto que, al momento de participar en el concurso de cómics, no sentía gran interés hacia MAD ni hacia el cómics estadounidense de súper héroes. Mi foco iba hacia la ilustración infantil y la plástica. Sin proponérmelo, la oportunidad llegó y la tomé".
-¿Cómo era el proceso de ilustrar a distancia antes de mudarse a Nueva York en 2000?
-El director de arte llamaba a mi casa con un proyecto en mente. Yo no hablaba nada de inglés y ellos nada de español. Sin interrumpir, lo dejaba hablar y al final respondía "yes". Luego me enviaban un fax con algunos diagramas, el diseño de la página que indicaba el espacio a ilustrar y el guión. Adicionalmente me hacían llegar un sobre con recortes de revistas para usar de referencia. Yo buscaba quien tradujera el texto y respondía inmediatamente con un boceto vía fax. De haber alguna corrección, regresaban mi boceto con notas; luego se los reenviaba corregido. Una vez aprobado, listo: ¡a pintar! Normalmente, una vez recibido el arte, me llamaban emocionados para hablar cosas que no entendía; yo reía y al final respondía, una vez más, "yes". Mudado a Nueva York la situación continuó siendo más o menos igual, hasta que empecé a entender el idioma. Siempre fue todo muy fluido. Si hubo algún malentendido, no me enteré.
-Si otros aportan los diálogos, ¿con cuánta libertad cuenta usted?
-En mi experiencia todo comienza con el concepto, que puede ser presentado como guión o una breve descripción de la escena sobre la página ya diseñada. Dentro de ese margen hay mucha libertad.
-De niño, ¿qué historietas disfrutaba más? ¿Mafalda, Mortadelo, Asterix..?
-Ese es justo el orden en mis preferencias. Las tres me atraparon por su humor, sus historias e ilustraciones. Todas hablan a un público amplio; yo las leí a los 9 y me hacían reír tanto como ahora.
-¿Qué opina de la caricatura en la prensa venezolana: Zapata, Rayma, Weil?
-La ilustración venezolana en líneas generales es de corta data. No siento que haya habido el acento hacia la gráfica ilustrada como en otros países de Latinoamérica, pero es en la caricatura política donde está su singularidad. Esa, de las vertientes, ha sido la más cosechada. Zapata, Rayma, Weil: a los tres los considero, junto con Edo, los chicos de Meollo Criollo y tantos más, excelentes representares de la tradición. Hacer caricatura política es un trabajo de humor, periodismo, opinión, técnica y contrapunteo. Develar todos los días una idea en respuesta al acontecer, es una batalla que requiere disciplina, pasión y genialidad.
-¿Y cuál es su disciplina?
-Soy noctámbulo y lo detesto, no me enorgullece para nada. En muchos casos la realización de un proyecto requiere más tiempo que el que me asignan, por tanto debo sacar tiempo de alguna parte. Un día de estos me va a dar un beriberi (risas). En la noche soy muy productivo; me concentro, me avispo, soy más certero en lo que hago. Pero nada de vampiro, me encanta la mañana, el sol y los pajaritos.
-Además de abrir puertas, ¿qué traen los premios?
-Este oficio es solitario, los ilustradores no suelen estar en nómina (risas). Es muy fácil perder conexión con el exterior; se produce y no sabes cómo repercute tu obra. Los honores son un reconocimiento al esfuerzo que, aun más cuando se está aislado, es la gasolina para seguir adelante y dar lo mejor en cada trazo.
-¿Le atrae la animación?
-Animar no es tarea de una sola persona; se requiere de un equipo y de una paciencia infinita, la cual no tengo. Quizás en otra vida.
acorrea@eluniversal.com
Actualmente está "un poco alejado de la ilustración, dedicado mayormente a la pintura, una deuda personal que debo saldar", pero sigue colaborando con MAD, publicación a la que llegó casi a través de un cuento de hadas, tras ganar un viaje a Nueva York en un concurso de historietas celebrado en Caracas en 1995.
"George Pratt, uno de los integrantes del jurado, me animó a mostrar mi portafolio. De esa visita a la editorial (DC Comics) salí con varios proyectos", recuerda. Pero la historia se remonta más allá.
"La primera vez que vi una MAD tendría 7 años y fue amor a primera vista. En alguna ocasión le dije a mi madre que de grande quería trabajar allí. Los años pasaron y ese sueño cambió de rumbo, al punto que, al momento de participar en el concurso de cómics, no sentía gran interés hacia MAD ni hacia el cómics estadounidense de súper héroes. Mi foco iba hacia la ilustración infantil y la plástica. Sin proponérmelo, la oportunidad llegó y la tomé".
-¿Cómo era el proceso de ilustrar a distancia antes de mudarse a Nueva York en 2000?
-El director de arte llamaba a mi casa con un proyecto en mente. Yo no hablaba nada de inglés y ellos nada de español. Sin interrumpir, lo dejaba hablar y al final respondía "yes". Luego me enviaban un fax con algunos diagramas, el diseño de la página que indicaba el espacio a ilustrar y el guión. Adicionalmente me hacían llegar un sobre con recortes de revistas para usar de referencia. Yo buscaba quien tradujera el texto y respondía inmediatamente con un boceto vía fax. De haber alguna corrección, regresaban mi boceto con notas; luego se los reenviaba corregido. Una vez aprobado, listo: ¡a pintar! Normalmente, una vez recibido el arte, me llamaban emocionados para hablar cosas que no entendía; yo reía y al final respondía, una vez más, "yes". Mudado a Nueva York la situación continuó siendo más o menos igual, hasta que empecé a entender el idioma. Siempre fue todo muy fluido. Si hubo algún malentendido, no me enteré.
-Si otros aportan los diálogos, ¿con cuánta libertad cuenta usted?
-En mi experiencia todo comienza con el concepto, que puede ser presentado como guión o una breve descripción de la escena sobre la página ya diseñada. Dentro de ese margen hay mucha libertad.
-De niño, ¿qué historietas disfrutaba más? ¿Mafalda, Mortadelo, Asterix..?
-Ese es justo el orden en mis preferencias. Las tres me atraparon por su humor, sus historias e ilustraciones. Todas hablan a un público amplio; yo las leí a los 9 y me hacían reír tanto como ahora.
-¿Qué opina de la caricatura en la prensa venezolana: Zapata, Rayma, Weil?
-La ilustración venezolana en líneas generales es de corta data. No siento que haya habido el acento hacia la gráfica ilustrada como en otros países de Latinoamérica, pero es en la caricatura política donde está su singularidad. Esa, de las vertientes, ha sido la más cosechada. Zapata, Rayma, Weil: a los tres los considero, junto con Edo, los chicos de Meollo Criollo y tantos más, excelentes representares de la tradición. Hacer caricatura política es un trabajo de humor, periodismo, opinión, técnica y contrapunteo. Develar todos los días una idea en respuesta al acontecer, es una batalla que requiere disciplina, pasión y genialidad.
-¿Y cuál es su disciplina?
-Soy noctámbulo y lo detesto, no me enorgullece para nada. En muchos casos la realización de un proyecto requiere más tiempo que el que me asignan, por tanto debo sacar tiempo de alguna parte. Un día de estos me va a dar un beriberi (risas). En la noche soy muy productivo; me concentro, me avispo, soy más certero en lo que hago. Pero nada de vampiro, me encanta la mañana, el sol y los pajaritos.
-Además de abrir puertas, ¿qué traen los premios?
-Este oficio es solitario, los ilustradores no suelen estar en nómina (risas). Es muy fácil perder conexión con el exterior; se produce y no sabes cómo repercute tu obra. Los honores son un reconocimiento al esfuerzo que, aun más cuando se está aislado, es la gasolina para seguir adelante y dar lo mejor en cada trazo.
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-Animar no es tarea de una sola persona; se requiere de un equipo y de una paciencia infinita, la cual no tengo. Quizás en otra vida.
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Comentarios (2)
páginas:
1
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Por Alfonso Sanchez
03.12.2012
9:55 PM
Gran ilustrador, de lo mejor que ha dado Venezuela en este campo. Todavía me sigue gustando el trabajo que hizo con "Lobo" para DC.
Por liliana parra
28.10.2012
4:31 PM
Me alegra que seas un venezolano talentoso y que desarrolles tu trabajo con éxito, pero....debes informarte mejor, seguramente tu conoces sólo el trabajo de Zapata rayma y weil, pero en Venezuela ha habido muchos y grandes caricaturistas, cuyo trabajo se conoce a través de la prensa escrita, revistas, semanarios....desde la llegada de la imprenta al país. Lamentablemente, por esa idea autoimpuesta de que somos menos que otros, a veces hay quienes piensan que no se ha hecho nada en el pais. Lee un poquito más.
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