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Opinión: Citgo y el brillo de oro

Si en enero no se veían consecuencias de las sanciones, seis meses después se sienten

  • LEOPOLDO PUCHI

02/08/2019 05:30 am

Lo ocurrido con Citgo debe de servir de campanada para que con prontitud se llegue a un acuerdo en la mesa de negociaciones. Difícilmente un Estado que tenga embajadas o delegaciones paralelas gana un juicio en un tribunal.

Los activos de Venezuela están en la mira, en medio del torbellino de la estrategia puesta en ejecución desde el 4 de enero para cambiar el gobierno.

Inicialmente se pensó que la salida de Nicolás Maduro de la presidencia sería algo rápido, una acción fulminante, por lo que a simple vista no se percibían los efectos de los diferentes vectores de concreción de la estrategia de cambio sobre la población y sobre los intereses nacionales.

Activos y depósitos
Recordemos que el flujograma fue establecido sobre la base de tres líneas de presión, que se consideraba conducirían a un levantamiento militar. 

El primer vector correspondía a la creación de una imagen de poder dual apalancada en reconocimientos diplomáticos que fracturaban en el exterior la unidad del Estado, en particular en los centros mundiales donde Venezuela posee activos y depósitos financieros.

El otro vector corresponde a las sanciones, que cumplía, aun antes de que hiciera efecto su aplicación, el rol de elemento dirigido a atemorizar a los militares por la convulsión social que se engendraría a consecuencia del empeoramiento de las condiciones de vida de la población. 

El tercer vector es el de la amenaza de una intervención militar extranjera.

Brillo del oro
Si en enero no se veían las consecuencias de las sanciones, seis meses después ya se sienten. Menos divisas, menos ingresos, menos importaciones de insumos para la producción, menos alimentos y medicinas. Fletes y costos de operaciones de venta más elevados. La cuenta es sencilla y el impacto social no puede ignorarse.

Esto no se percibió con claridad en enero, porque se esperaba una eyección inmediata. 

Lo mismo ocurrió con los efectos que tendría el "poder dual" en el extranjero frente a la banca, acreedores, fondos propietarios de bonos, intereses petroleros. Y para colmo, el "poder dual" en el exterior no fue solo diplomático, o su simple utilización como elemento simbólico de una estrategia, sino que se procedió de inmediato a designar, precisamente, esos y no otros, los funcionarios que cumplirían tareas en el manejo de los activos nacionales, su dinero y sus propiedades: procurador, representante en el Banco Interamericano de Desarrollo, directivas de Citgo, Pdvsa, reestructuradores de la deuda. En fin, la avidez que provoca el brillo del oro.

El vector estratégico del "poder dual" en el extranjero no fue efectivo para alcanzar el objetivo de sustituir al Gobierno, y a estas alturas solo cumple el papel de debilitamiento del Estado venezolano ante intereses económicos. 

Es tiempo de pasar a otra etapa y concluir en Barbados un acuerdo de coexistencia y de una alternancia en el poder concertada.

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