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Paciencia estratégica

Los electores argentinos terminarán sufragando por candidatos que juran lealtad a Perón

  • MANUEL FELIPE SIERRA

16/06/2019 05:30 am

La situación venezolana sigue cobrando interés en las principales instancias de la política internacional, como lo revela el anuncio sobre el encuentro de representaciones europeas con la presencia también de Estados Unidos en Suecia, lo que significa de alguna manera la continuación de las aproximaciones y conversaciones de Oslo en semanas recientes. El cambio de señas en la diplomacia de la Casa Blanca en el tratamiento de las salidas al conflicto facilita sin duda ahora el camino de las negociaciones. 

Tal como señalan los especialistas Abraham F. Lowenthal y David Smilde: "Las personas que quieren una transición duradera de un régimen autoritario a un gobierno democrático, deben ejercitar una paciencia estratégica". Es evidente que el sector con posiciones más radicales de la oposición que encabeza Voluntad Popular -ante la desaparición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)- supo aprovechar el creciente descontento nacional y en consecuencia la exigencia de respuestas inmediatas y factibles a la crisis con el diseño y la aplicación de la "Operación Libertad", decisivamente apoyada por el gobierno de Donald Trump y en buena medida confiada a los llamados "halcones de papel" Pompeo, Bolton y Abrams. 

Sin embargo, el resultado fallido de las operaciones del 23F y el 30A dieron margen y oxígeno al gobierno para acentuar medidas represivas y perfilar de nuevo la ruta electoral con la segura convocatoria a elecciones parlamentarias en los próximos meses. Y al mismo tiempo (si bien Guaidó persiste en una intensa movilización en el interior del país) profundizaron las diferencias internas del mundo opositor, dando paso de alguna manera al nuevo protagonismo del llamado "centro" y acentuando el clima de incertidumbre y desencanto de sectores decisivos de la población que, a falta de expectativas ciertas, escogen la ruta también incierta de la diáspora. 

No obstante, para los países y organismos que de manera temprana asumieron su apoyo a la iniciativa representada por Juan Guaidó, confiando en que la influencia en ella de la diplomacia de la Casa Blanca facilitaría un pronto resultado, ahora se impone el camino del desmarcaje de una posición que no resulta factible en lo inmediato y, en consecuencia, insistir en la ruta de las negociaciones y acuerdos que en buena lógica nunca debieron ser abandonadas ni rechazadas sin valorar los alcances del dramático cuadro que vive Venezuela.

En sectores opositores todavía se estigmatiza el recurso de la negociación como si existiera una ruta alternativa viable a corto y mediano plazo y tomando como referencia los resultados de los llamados diálogos entre el gobierno y la MUD en los años 2016, 2017 y 2018, que estaban referidos a ventilar temas de exclusivo interés de los factores en pugna y que en esencia no abordaban posibles respuestas ni salidas para una situación que va más allá de la simple polarización política para inscribirse (tal como ahora la perciben y valoran los factores internacionales) en un cuadro que tiene clara incidencia también en esferas decisivas fuera del territorio venezolano. 

El tango de Perón 
El peronismo, más que una tendencia política que asumió las tesis populistas en los años cuarenta, es en verdad una irrenunciable tendencia histórica en la vida de Argentina. En estos días en plena campaña electoral que reproduce el enfrentamiento de los últimos años entre kirchnerismo y macrismo, la influencia del viejo caudillo se ha hecho más que notoria. Cristina F. de Kirchner en una sorpresiva jugada renunció a la candidatura presidencial cuando ella era estimulada por las encuestas para ocupar posiblemente la vicepresidencia, lo cual en verdad le protege en alguna medida de las sanciones que seguramente le aplicará la justicia de su país por su gestión de gobierno, escogiendo como compañero de fórmula a Alberto Fernández, que si bien fue funcionario de su gobierno y del de su marido Néstor, al final marcó distanciamiento de ellos.

Mauricio Macri, quien insiste en la reelección en la escogencia del próximo mes de octubre y quien es castigado en las encuestas por los efectos de sus políticas económicas, en una operación también inesperada escogió al peronista Miguel Ángel Pichetto como su compañero de fórmula, con el propósito de influir en el variopinto mundo del peronismo. Ya su elección como presidente en 2015 recibió un aporte en votos del también peronista Sergio Massa, quien ahora curiosamente también ofrece su apoyo a la fórmula Fernández-Kirchner.

De esta manera los electores argentinos -si bien se habla de peronismo de derecha y de izquierda- terminarán sufragando por candidatos que todavía juran lealtad a Juan Domingo Perón y a su mítica herencia. Con razón el viejo caudillo confesó en una entrevista que no era fácil entender el movimiento que encabezaba "porque el peronismo no es un asunto de la mente sino del corazón, como el tango".

Santos tampoco se salva 
La ola desatada por las denuncias de corrupción propiciadas por la empresa brasileña Odebrecht, en buena medida remplazan a los viejos golpes militares para deponer mandatarios latinoamericanos. Ya se sabe lo ocurrido en Brasil y en Perú con la prisión de gobernantes acusados de recibir sobornos de la generosa constructora. Ahora se conoce que el expresidente colombiano Juan Manuel Santos también será investigado por recibir aportes de la empresa para su última campaña, y no se descarta que ello se convierta en el eje de una ruidosa operación política, a partir incluso del creciente cuestionamiento sobre los resultados de los Acuerdos de Paz suscritos con la FARC en 2016.

Hasta su distinción con el premio Nobel de la Paz (otorgado por el esfuerzo histórico que significó suscribir un acuerdo entre guerrillas y gobierno después de largos años de violencia) está siendo cuestionada por haber influido en ella seguramente también a través de un generoso soborno. Una situación que cobra un inesperado rumbo cuando investigaciones de la prensa establecen que el famoso juez brasileño Sergio Moro (ahora ministro de Justicia de Bolsonaro y quien condujo la investigación hasta la cárcel de Dilma Rousseff, Lula da Silva y Michel Temer) habría actuado no basado en una justicia estricta, sino también respondiendo a presiones políticas alimentadas por el dinero que en buena medida puso en circulación la misma Odebrecht.

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