Venezuela: ¿un Estado asocial?

El incumplimiento de una norma da paso a la discrecionalidad de quien asume el rol de autoridad

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REINALDO ROJAS |  EL UNIVERSAL
martes 30 de septiembre de 2014  12:00 AM
Hay dos tipos de conducta que conspiran contra la estabilidad de una sociedad: la conducta antisocial, que es acto de destrucción consciente de un orden social, y la conducta asocial, que asumen quienes se apartan de la interacción con los demás o no se someten a las normas jurídicas o sociales establecidas. ¿Cuál de las dos es más contundente en la destrucción de una sociedad? Ambas, pero la conducta asocial va mellando callada y progresivamente la organización social. Todo esto viene al caso porque quisiera compartir con los lectores una inquietud que ya es angustia en la sociedad venezolana: la carencia en el ciudadano común del concepto de ley y de la importancia de su cumplimiento. En las antiguas sociedades monárquicas o de los caudillos que dominaron en el siglo XIX, el rey o el caudillo eran la ley. La frase de Luis XIV, "el Estado soy yo", resume este principio, el cual se completa con el temor a Dios. Pero en los Estados que surgen de un pacto constitucional, la soberanía reside en el pueblo y el temor a la ley es el principio del orden establecido. Sin esa toma de consciencia el Estado moderno sería un caos.

Zonas grises

La prestigiosa casa editorial francesa Le Monde ha puesto a circular, en agosto pasado, una revista con el título Générations Rebelles, de Camus a Pussy Riot, en la cual se presenta un mapa -a escala planetaria- de las "zonas grises en vías de proliferación". En esas "zonas grises" no hay Estado porque no hay normas y las que existen no hay quien las haga cumplir. Son espacios de "desregulación social" que tienden al separatismo, a la autodeterminación o donde impera la criminalidad. Al retirarse el Estado, aparecen microautoridades alternativas.

Este fenómeno se divide en dos grandes conjuntos: El primero, levantado sobre los estragos de la guerra, la violencia política o la rebelión social "permanente". Allí se ubican las zonas de la guerrilla, las zonas terroristas, las zonas de piratería y las zonas de Estados emergentes. El segundo conjunto se apoya en la criminalidad organizada por un "capitalismo aventurero", que funciona en zonas dominadas por la mafia o el gangterismo y zonas violentas en las que se han convertido importantes barrios populares de las grandes ciudades.

Ahora bien, ¿cómo se construyen estas "zonas grises"? En primer lugar, por un principio de "concurrencia de autoridad", entre un Estado que deja de cumplir con sus funciones de orden público y los grupos informales que progresivamente asumen, reemplazan o imponen su autoridad en estos "territorios abandonados".

En segundo lugar, por el principio de "desregulación social", ya que no hay normas y si las hay, nadie las cumple, ni el ciudadano ni el gobierno. Y un tercer principio, el de la "privatización del territorio" por los grupos rebeldes o autoridades informales. Este fenómeno también se aprecia en la economía. La crisis mundial capitalista de 2008 evidenció en los paraísos fiscales y en las burbujas financieras especulativas, la formación de grandes zonas grises de desregulación fiscal.

Este contexto nos lleva a Venezuela y a nuestro comportamiento ciudadano, más allá de ideologías políticas, grado de instrucción, edad o diferencias sociales. Las normas no se respetan. Si el semáforo está en rojo, pero no vienen vehículos, entonces podemos pasar. Cada quien interpreta la norma según su conveniencia. El policía se "come la flecha" porque piensa que como es autoridad, lo puede hacer ante la mirada impávida de los ciudadanos. Los ejemplos sobran. El incumplimiento de una norma da paso a la discrecionalidad de quien asume el rol de autoridad. En fin, un Estado asocial que se nos viene encima, sin percatarnos.

Construir sociedades

En el origen de nuestro Estado republicano, el propio Bolívar le dedicó tiempo a reflexionar acerca del problema que significa construir sociedades republicanas a partir de pueblos que, acostumbrados a la sumisión y a la servidumbre, veían la ley como algo impuesto, ajeno, extraño. Ya independientes, la palabra "revolución" fue el camino que tomamos para desconocer las leyes y cambiar de gobierno. Hace poco escuché a un alto funcionario de educación superior decir que la revolución, para avanzar, tenía que pasar por encima de la Ley de Universidades. Si no lo hacía, no era revolución.

La pregunta que encabeza este ar- tículo es una contradicción. El Estado, si lo es, no puede ser asocial. Pero la sociedad, que es la base de la estructura jurídica, si puede serlo. Hay normas sociales que nos vienen de las costumbres y leyes que emanan de una Constitución. Ambas hay que respetarlas. Estos síntomas de a-socialización que a diario observamos no deben subestimarse. Mañana puede ser demasiado tarde.

enfoques14@gmail.com



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Comentarios (2)
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Por Clodoveo Pelaez
30.09.2014
1:31 PM
Con 10 por ciento de la población huida y uno de los más altos índices de criminalidad, Venezuela ya pasó a la franja de la conducta antisoicial. Este Gobierno de 15 años ha sido el mayor responsable por su discurso de odio, falta de control sobre armas, modelos negativos puestos como héroes y politización de la Escuela. No son los padres de la delincuencia pero ésta les puede pedir la bendición.
 
Por José R Pirela
30.09.2014
8:26 AM
La estabilidad del orden social proviene del equilibrio de intereses personales y del equilibrio de fuerzas institucionales, que encuentran en el Derecho el instrumento para defenderse de los abusos de la otra parte. Pero si el Estado, en donde se resguarda la instrumentalización del Derecho, tiene el derecho institucional del monopolio económico del petróleo, los ciudadanos quedan totalmente indefensos y se convierten en súbditos del Gobierno. De este modo, la sociedad se mantiene inestable.
 
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