TIEMPO DE PALABRA

"Ante la evolución de la dictadura la cuestión es cómo debe evolucionar la resistencia a ésta"

CARLOS BLANCO |  EL UNIVERSAL
domingo 27 de abril de 2014  12:00 AM
Dictadura del siglo XXI
Ha habido renuencia a denominar el régimen chavista como dictadura. Las razones son varias, pero las más importantes son que, por una parte, el término evoca en América Latina a Rafael Leonidas Trujillo, los Somoza, Pérez Jiménez o Pinochet; en segundo término, al sonar exagerado, dado el reconocimiento internacional que Chávez tuvo con su abundancia de elecciones y su proclamado amor a los pobres, la alegación podía perder credibilidad. Durante años -ya vamos para 16- el experimento venezolano gozó de cierto aprecio internacional o, al menos, el reconocimiento estimulado por lo que parecía un personaje pintoresco, exagerado, capaz de provocar la carcajada universal con su comparecencia en el podio de la ONU y olisquear el azufre dejado por el diablo George W. Bush. La mayor parte de la izquierda internacional se sumó al coro de alabanzas, fuese por la vía de la solidaridad ideológica o del convencimiento a través de la persuasiva chequera bolivariana.

Con el tiempo la percepción comenzó a cambiar, lo cual se aceleró con este año de Nicolás Maduro, sin el liderazgo de su padrino y con encomiable capacidad para la torpeza. Sin embargo, hay un importante problema conceptual y, para describirlo, muchos términos se han aplicado al régimen actual y a otros parecidos (el fenómeno no es nuevo). Quien esto escribe prefirió por un tiempo la denominación de neoautoritarismo. Por su parte, la academia ha sido muy prolífica en tratar de describir el bichajo, suerte de ornitorrinco politológico: autoritarismo electoral, autoritarismo competitivo, autoritarismo participativo, semi-autoritarismo, régimen híbrido, autoritarismo "suave", semi-democracia, autoritarismo democrático, democracia autoritaria y autoritarismo deliberativo. Seguramente hay muchos más. Han sido los dirigentes políticos más radicales los que se han atrevido a hablar de dictadura, aunque el término no ha gozado de mucha suerte entre expertos y dirigentes. Veamos el fenómeno.



EL CASO DE FIDEL CASTRO.

El régimen cubano es una dictadura. No hay dudas en el asunto para los sectores democráticos del mundo; pero para la izquierda, aun la que no está muy de acuerdo con la familia Castro, es como diferente, con matices. Fidel no es Pinochet, parece decirse. No muchos habrían querido retratarse con el chileno, pocos dejaron de hacerlo con el cubano, incluido quien esto escribe.

Se puede sostener la siguiente hipótesis. La revolución cubana, al comienzo, pareció alcanzar lo que los líderes históricos de la democracia latinoamericana, como Rómulo Betancourt y Víctor Raúl Haya de la Torre, se habían propuesto: una revolución antiimperialista y nacionalista; la afirmación de la nación frente a EEUU y sus políticas intervencionistas, armadas o no. Sin embargo, en el momento en que Fidel alcanza ese ideal compartido, para conservarlo lo traiciona, al entregarse en los brazos peludos y estranguladores del oso soviético. Por un breve período, Fidel es el símbolo del triunfo de la aspiración latinoamericana, que se había jugado o se jugaría sin suerte en países como México, Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Chile y Bolivia. Ese momento es el que le da al líder cubano la marca de fábrica que lo va a "diferenciar" de otros dictadores. Después, ya convertido en un dictador más, ha habido siempre quien lo excluya de la caballeriza de los más oprobiosos sea por la gesta de la Sierra Maestra, sea porque es la última reliquia del sueño devenido en pesadilla.

Esta dictadura tan homicida como cualquier otra, pero con rostro humanoide de acuerdo a la feligresía latinoamericana que la acompaña, tuvo la capacidad de transmitir su manto de impunidad parcial al régimen de Hugo Chávez. El Comandante venezolano dejó de ser el militarote que intentó un golpe de estado contra CAP -con quien Castro se solidarizó el 4-F- y mediante el agua bautismal meada de tiburones, Fidel lo apadrinó para entrar en el Panteón de los Revolucionarios. Desde entonces, el proceso autoritario venezolano recibió la acogida que reservada a la revolución cubana por parte de la izquierda latinoamericana. En el momento en que varios de sus representantes resultaron electos como presidentes la protección continental estuvo asegurada, siempre lubricada por el petróleo para evitar los chirridos que la conchupancia con Chávez producía en democracias más sólidas.



LA DICTADURA. Pero no basta la protección cubana para explicar la condescendencia con el régimen ahora en fermentación y decadencia. Una explicación es que la noción de dictadura no ha evolucionado como lo han hecho los dictadores.

Una dictadura tradicional clausura los partidos políticos. La dictadura del siglo XXI los ahoga: impide el financiamiento estatal y criminaliza el privado, el nacional y el extranjero; sólo les queda la opción de los caminos verdes o la corrupción, que tiene como ejemplo y monumento internacional el caso del PSUV con el uso masivo e indiscriminado de los recursos del Estado.

Una dictadura tradicional cierra los medios de comunicación que no responden a sus órdenes. La dictadura del siglo XXI usa el cierre en casos extremos (RCTV), pero prefiere la expropiación, la compra a través de algún badulaque afín, la censura y, sobre todo, la autocensura. Favorece el control directo de la televisión y la radio por sus impactos inmediatos; en el caso de la prensa escrita, opta por sofocarla al negarle la obtención de papel, al impedir la publicidad de las empresas privadas y de las instituciones públicas.

Una dictadura tradicional utiliza el fast-track para allanar, detener, torturar, y mantener en prisión a sus enemigos. La dictadura del siglo XXI no deja de usar este expediente -en Venezuela se ha visto hasta el hartazgo desde el 12 de febrero en adelante-, pero prefiere el uso de los tribunales para idénticos fines. Obsérvese cómo no hay ni un solo caso político en el que "los juristas del horror" no hayan descargado la guillotina sobre los disidentes.

Una dictadura tradicional no permite a los opositores, salvo por breves períodos, su participación en las instituciones del Estado. Las dictaduras del siglo XXI, con mayor o menor desagrado, tienen que aceptar la participación de los opositores en instituciones como el Parlamento y algunos espacios más o menos controlados, aunque prácticamente inermes.

Una dictadura tradicional no le importa aparecer como tal, aunque siempre en función de un objetivo superior (anticomunismo o antiimperialismo, según los casos); y por esta razón no le importa suprimir las elecciones. Las dictaduras del siglo XXI necesitan una fachada que pueda vender un aire de democracia "no tradicional" y se esmeran en multiplicar las elecciones controladas.

Si así evolucionan las dictaduras la pregunta es cómo debe evolucionar la resistencia a éstas.

www.tiempodepalabra.com

Twitter @carlosblancog



Más artículos de esta firma

¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Comentarios (6)
páginas:
1 |
Por Petra Bolivar
27.04.2014
5:42 PM
Dentro de todo esto lo más triste d todo es el sufrimiento,destrucción,muerte y malestar crónico q este régimen robolucionario practica. Cuando el eterno difunto fue al podio de las Naciones Unidas,el podio pudo oler a azufre xq lo habián preparado así para recibir a Bush y a Chávez,de esta manera ninguno de los dos se sentiría fuera d su elemento,(el mismo infierno).
 
Por ricardo arcay
27.04.2014
3:58 PM
Es peor que una Dictadura por que actúan bajo las sombras. Es que alguien puede obviar las declaraciones de Aponte Aponte donde acuso al mismísimo Chavez de ser quien decidía quien iba preso y quien no. Maduro no merece ni un saludo.
 
Por david rullan
27.04.2014
3:45 PM
La unica evolucion de dicha Resistencia,es y sera,la unidad de todos aquellos que la antagonisan,no hay de otra,despues que se triunfe entonces a reubicarse,pero ahora unidad.Aquel que no pertenezca a la esta unidad o el que trate de dividir,esta favoreciendo al gobierno.La unidad complementada con mucha calle,calle organizada y pacifica,pero sin miedo y contundente.Hay urgentemente que buscar,en el caso de Venezuela,un lider,MCM luce cansada,y Capriles perdio su liderazgo y sus brios.LLopez seria el ideal;pero esta preso.Buscar un lider,que una al pueblo y que este dispuesto a lo que venga,y a acompanar las manifestaciones;que el pueblo lo vea lo palpe,lo sienta.NO HAY DE OTRA,CARAY.
 
Por Freddy Villalobos
27.04.2014
1:02 PM
Rigurosamente cierto.
 
Por Enrique Balbuena
27.04.2014
10:20 AM
En un acto suicida, propio del Síndrome de Estocolmo, la MUD se arrojó al mar proceloso, para rescatar a Maduro. Por lo observado hasta ahora, Nicolás no ha comprendido a cabalidad su codependencia y destino compartido con la Mesa: o sobreviven o se ahogan juntos. La MUD parece no haberse percatado de las consecuencias de su rescate. Para salvarse, ambos deben asirse de la Mesa y nadar juntos aferrados a ella; de lo contrario, el mar embravecido los sepultará. La MUD debe ser intransigente con Maduro para que nade en el mismo sentido que ella, exigiéndole resultados inmediatos, para mantener la Mesa a flote. Si Nicolás no coopera, él y la Mesa se ahogan. Nicolás busca ganar tiempo, oxigenarse; pero fuera de la Mesa no tiene salvación. Persistir en el modelo autoritario/represivo que lo llevaron al hundimiento, le aseguran perecer. El mundo contempla ahora, a dos náufragos y una Mesa, a la deriva.
 
Por Jose A. Fajardo Puertas
27.04.2014
7:11 AM
Lo más vergonzoso es que los pueblos hermanos no hacen nada por la Libertad de sus vecinos.
 
páginas:
1 |
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
 
Cerrar
Abrir