Latinoamérica: entre bangladeshis y robots

Países incapacitados para competir en mano de obra o en tecnología intensivas

ALFREDO TORO HARDY |  EL UNIVERSAL
jueves 9 de enero de 2014  12:00 AM
La dependencia de la industria a las finanzas que habría de afianzarse hace algunas décadas en Estados Unidos, haría de la rentabilidad trimestral la base para medir el éxito o fracaso de las empresas. Ello proyectará sobre éstas enormes presiones competitivas, propiciando un esfuerzo feroz por la reducción de costos productivos. Este fenómeno se vería complementado posteriormente por otros dos. El primero, la globalización, producto del salto cuántico en las tecnologías de las telecomunicaciones, la información y el transporte. El segundo, la incorporación al mercado laboral global de 1,3 millardos de chinos, 1,2 millardos de indios e ingentes cantidades de indonesios, filipinos o vietnamitas, ofreciendo una mano de obra más barata. La convergencia de estos tres fenómenos se plasmará en las llamadas cadenas de suministro. Mediante las mismas, las distintas fases de un mismo proceso de manufactura se llevan a cabo en diferentes países buscando la mano de obra más económica para cada componente. Ello se logra gracias a la posibilidad de movilizar y dar seguimiento logístico a multitud de piezas que se mueven en diferentes direcciones antes de llegar a su fase de ensamblaje final. En síntesis, la mercancía a la venta es producto del trabajador de menor costo en cada fase de proceso. Bangladeshis, filipinos o vietnamitas compiten entre sí para hacer más económico el precio de su sudor.

Por otro lado, la revolución en la tecnología de la información, también consolidada en estas últimas décadas, se evidencia a través de la llamada Ley de Moore. En su esencia esta última formula que el poder de la computación se duplica cada dos años. Así, un celular contiene hoy la capacidad de una computadora personal de hace unos años, la cual a su vez resultaba más completa que una macrocomputadora de pocos años antes. El software, de su lado, avanza también a velocidad pasmosa. Un celular con un programa de ajedrez "Pocket Fritz 4" puede vencer a un gran maestro de ese juego. La robótica no se queda atrás y también allí, como señala Tim Harford, aplica la Ley de Moore ("The robots are coming and will terminate your Jobs", Financial Times, 27 diciembre 2013). De los robots industriales se está pasando, según Tom Standage, a los robots de "servicio". Es el equivalente al salto de una macrocomputadora a una computadora personal ("At your service", The Economist: The World in 2014). Todos estos fenómenos convergen en una misma realidad: la posibilidad de eliminar del mercado a una gigantesca cantidad de puestos de trabajo que hasta fecha reciente eran desempeñados por seres humanos. Ello se materializa en una masa humana que a pesar de tener disposición y capacidad para trabajar va perdiendo valor económico para el empleo.

Lo anterior genera una terrorífica competencia entre la mano de obra más barata de Asia y la tecnología supresora de empleos del mundo desarrollado. Ello afecta gravemente al tejido social de ambos. Pero afecta también las posibilidades económicas de los países que confrontan la llamada "trampa del ingreso medio". Es decir, países incapacitados para competir en mano de obra o en tecnología intensivas. Allí, precisamente, cae América Latina.

altohar@hotmail.com



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