Compartir

Boecio, por ejemplo

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de octubre de 2013  12:00 AM
Hace algunos días tuve el privilegio de escuchar algunas palabras de nuestro maestro y amigo, Carlos García Gual, que clausuraba un congreso de helenistas y latinistas. Don Carlos dirigía sus palabras a jóvenes investigadores apasionados por la literatura y el pensamiento de Grecia y Roma, y para estimularlos aún más, como buen maestro, no pudo escoger una figura más sugerente y seductora que la de Boecio.

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio nació en Roma en el año 480 de nuestra era, de una importante y muy antigua familia romana. En efecto, pocas estirpes como la gens Anicia pueden jactarse de haber dado nada menos que dos emperadores y tres Papas. Estudió retórica y filosofía primero en Roma y después en Atenas, donde lleno de juvenil entusiasmo pretendió traducir del griego al latín las obras completas de Platón y Aristóteles. Poseedor de una rara mezcla que lo hacía talentoso para la filosofía como para la política, tuvo una fulgurante carrera, llegando a ser cuestor y a los treinta años cónsul, gozando asimismo del afecto del emperador Teodorico. Esto finalmente despertó acerbos recelos entre sus adversarios, quienes injustamente lo acusaron de conspirar contra Roma a favor de Justino I, emperador de Bizancio. Boecio fue por ello apresado en 523 cerca de Pavia, y un año después torturado y ajusticiado. En 1883 el Papa León XIII aprobó que se le rindiera culto en Pavía, festividad que se celebra el 27 de mayo.

Fue precisamente en prisión, durante ese último año de su vida, cuando Boecio escribió su más célebre obra, la Consolación de la filosofía, libro que, junto con la Biblia y la Regla de los monasterios, fue el más leído durante la Edad Media. Se trata de un largo diálogo imaginario entre el autor y la Filosofía, una venerable señora elegantemente vestida y con los ojos flameantes de inteligencia que se le presenta al autor en su propia celda. Boecio, que ha conocido la máxima gloria y felicidad y que ahora que está preso y condenado a muerte, se siente sumido en la mayor de las desgracias, se lamenta de su triste destino. La Filosofía le responde entonces que, aunque él no pueda verlo en ese momento, en realidad ha recibido de la vida muchas más fortunas que desgracias. Entonces ella se explaya en una serie de argumentos de la mayor profundidad, en los que revisa el papel de Dios en los asuntos de los hombres, su influencia en la libertad humana, la naturaleza del mal, la providencia y la justicia.

No es posible entender el alcance de los razonamientos de Boecio sin pensar que sobre ellos pesa toda la tradición del pensamiento y la literatura de la Antigüedad griega y romana. Así, las huellas de Homero, Platón y Aristóteles, que el autor conocía tan bien, pero también de los estoicos y de los romanos Horacio, Séneca, Ovidio y Virgilio se muestran más que patentes. Heredero de una singular cultura, Boecio supo adaptar la tradición de un mundo que llegaba a su fin, y arreglarla a otro mundo nuevo que amanecía indetenible: la Edad Media y el pensamiento cristiano. Fue por eso que pocas obras conocieron una fortuna comparable a la de la Consolación de la filosofía. Sin sus profundas meditaciones, no es posible comprender la literatura de Dante y de Bocaccio, pero tampoco la de los místicos españoles como Santa Teresa o San Juan de la Cruz.

¿Qué tiene que decirnos la Consolación de la filosofía hoy a nosotros? Nacido del abatimiento y la proximidad de la muerte, el libro de Boecio es una invitación a la vida. Escrito entre los muros de una celda, sus profundos argumentos son en cierto modo una defensa de la libertad que supone el pensamiento por encima de los avatares políticos. Plasmado entre dos tiempos, la Antigüedad y la Edad Media, en ese crepúsculo que surge entre dos épocas fundadoras, el mundo clásico y el cristianismo, nos enseña que el poder humano es efímero, que los imperios surgen y declinan, y que solo permanece la palabra. Pensada ante el advenimiento de la muerte, sus páginas son más bien una celebración de la vida. No pudo escoger Don Carlos un ejemplo más estimulante, más sugestivo, más elocuente.

@MarianoNava


Más artículos de esta firma

Compartir
¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
 
Cerrar
Abrir