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Secuelas del vacío existencial

OFELIA AVELLA |  EL UNIVERSAL
lunes 9 de septiembre de 2013  12:00 AM
 El vacío dice relación a un sentimiento radical de falta de sentido. Llamó mi atención leer que el conformismo y el totalitarismo son secuelas de este vacío, pues en estos casos el hombre parece no reconocer cuáles son sus deberes y a veces parece también no saber qué quiere: "entonces se siente tentado a querer lo que los demás hacen o a hacer lo que los demás quieren" (Frankl). El autor se refería en concreto a las actitudes difundidas en el hemisferio occidental (conformismo) y en el oriental (totalitarismos posteriores a la segunda guerra mundial, en concreto, pero aplicables a cualquier sociedad). El punto es que bajo el dominio de estas situaciones el hombre parece vivir como si la vida no fuese suya, pues ni la apatía que germina en una sociedad consumista, ni el terror que se vive en un régimen autoritario, le dejan.

  Se cumplen 50 años de la publicación de los reportajes que hiciera Hannah Arendt, con ocasión del seguimiento del juicio de Eichmann en Jerusalén. Este era el responsable de la sección de "los asuntos concernientes a los judíos" de la oficina central para la seguridad del régimen nazi.  A él le tocaba administrar los traslados a los campos de concentración y de exterminio. Interesa, pues, el dilema que se le planteó a Arendt. Estuvo presente en el juicio de un hombre que debía ser desquiciado o demoníaco; ella refiere, sin embargo, que era ordinario, superficial y que, al mismo tiempo, sabía lo que hacía. ¿Cómo podía conocer las consecuencias de sus actos y al mismo tiempo no ser realmente "consciente" de lo que hacía?

Ella resuelve el dilema hablando de la "banalidad del mal". Este mal es, para ella, una "lejanía de la realidad". Una lejanía, sin embargo, fundada en la mentira de las "maniobras de Estado". Eichmann era superficial y se escudaba ciertamente en que "debía obedecer órdenes".  Culpa a la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos: "el partido me engulló sin tener tiempo para decidir. ¡Fue algo muy rápido e imprevisto!", dijo en el proceso. Pero, ¿hasta qué punto es posible "no darse cuenta"? Interesan sus palabras del 8 de mayo del 45, fecha oficial de la derrota de Alemania: "sentía que la vida se me haría más difícil sin un jefe; ya no recibiría órdenes de nadie, ya no tendría que consultar reglamentos. En breve, me esperaba una vida que no había vivido nunca". Este hombre no parecía haber llevado una vida propia, sino haber hecho lo que otros querían que hiciera. La narración de su vida parecía estar llena de "frases hechas" (Alessandra Stoppa, en revista Huellas), pues por lo lejano que estaba él mismo, en primera instancia, de su propia intimidad, se percibía en él un "vacío de la razón por una falta de relación con los hechos" (Stoppa). Era como si su vida nunca hubiese sido suya. Por eso prefería "seguir órdenes". Así no pensaba; así no era "responsable" de sus actos.

Arendt dice que "todo habría sido diferente" si la resistencia hubiese sido más fuerte. Interesa especialmente lo siguiente: "el régimen intentaba crear vacíos de olvido en los que se hundiera cualquier diferencia entre el bien y el mal. Pero los vacíos de olvido no existen. Nada humano puede borrarse. Bajo el terror, la gran mayoría se somete, pero algunos no". Es aquí, en estas excepciones, donde "renace la conciencia" (Stoppa). Son precisamente los movimientos sociales, los alzamientos de voces valientes, de ciudadanos inconformes y sedientos de vivir la singularidad que es propia de lo humano, quienes por no someterse revelan que el hombre es libre por naturaleza y que luchar por un ideal tiene sentido. Quien advierte que tiene conciencia, reconoce también que "la banalidad del mal desvela la profundidad del bien" (Stoppa). En una carta del año 63, Arendt escribirá: "sólo el bien es radical". El mal, si bien existe, es superficial; parece no tener sustancia. La realidad es siempre su base. Vemos, de hecho, que no puede reducirse a la nada. Por eso  puede sacarse siempre mucho bien del mal.  Y es esto lo que importa.

Este mal que ahora vivimos puede revertirse en bien si creamos los espacios para que renazca la conciencia. Nos toca aclarar, redefinir, esa línea que distingue el bien del mal que algunos pretenden hacer desaparecer con los "vacíos de olvido". Debemos captar lo mucho que importa vivir en conciencia, siendo leales a esa voz interior que clama verdad y transparencia. Sólo así nuestra vida tendrá sentido, pues será vivida por nosotros y no por otros.

Esta conciencia individual ya está naciendo en cada uno de los venezolanos. La vemos muy viva en tantas voces que públicamente se resisten a callar. Sólo fortaleciéndola y ayudando a otros a lograrlo, saldremos del conformismo e implicaremos al prójimo en nuestra vida. No olvidemos que "sólo el bien es radical".

Ofeliavella@gmail.com


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Comentarios (2)
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1 |
Por José R Pirela
09.09.2013
12:02 PM
Es imposible que chavistas y no chavistas no tengan conciencia de las dificultades por las que están pasando hoy. También es imposible que los representantes del chavismo de base no estén enterados del mal que está ocasionando el empeño de obligarnos a vivir a la cubana. Ya nadie debe tener duda que el bien se cultiva en democracia; y que el comunismo cultiva la coacción para apoderarse de la conciencia de las personas.
 
Por Juan Heredia
09.09.2013
9:00 AM
Buen articulo aunque no estoy de acuerdo. Los valores y significados del bien y el mal son exactamente iguales en calidad y cantidad aunque opuestos (solo que en occidente nos hemos empenado en creer que el mal es malo). Le recomiendo un libro que se llama la transparencia del mal de Baudrillard. Otro asunto es que la mayoria de la gente tienda a ser buena (lo cual sucede por conveniencia de las partes dentro de un todo regulado).
 
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