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Las cadenas del hábito

El modelo de vivir del petróleo se agotó. La realidad cambió y nosotros no cambiamos con ella

RICARDO VILLASMIL BOND |  EL UNIVERSAL
sábado 7 de septiembre de 2013  12:00 AM
Las cadenas del hábito", dijo una vez Warren Buffet, "son tan livianas que no se sienten hasta que se hacen demasiado pesadas para romperlas". Con esta frase, el conocido inversionista aludía al hecho de que recurrir al hábito es una respuesta adecuada ante la continuidad, pero terrible ante el cambio.

La conseja aplica a personas y organizaciones por igual, y los venezolanos no estamos exentos. Nos habituamos a vivir en un ambiente en el cual el ingreso petrolero crecía mucho más rápido que nuestra población. En 1930 producíamos 41 barriles por persona por año; en 1940, 49; en 1950, 109; y en 1960, 139. Y a lo largo de todo este período, fuimos elevando la participación fiscal del Estado en el negocio petrolero. Bajo estas condiciones, el crecimiento y la prosperidad fueron un resultado natural. Y cuando aumentaron los precios del petróleo en los setenta, no supimos ver tras el espejismo de la abundancia. En 1970, bajamos a 126 barriles por persona; en 1980 a 53; en 1990 a 40; en el 2000 aumentamos apenas a 48; y en el 2010 bajamos a 35.

Pensar que con eso podemos vivir y prosperar es un absurdo. Si vendemos cada barril a 100 dólares, suponemos que no cuesta nada producirlo, que no le damos nada al Estado y que lo repartimos todo en partes iguales entre los venezolanos, nos tocarían menos de 10 dólares diarios a cada uno. 10 dólares diarios para casa, comida, colegio, salud, ropa, seguridad, transporte, salud, gasolina (a precios internacionales), etc. Pero seguimos pensando que somos un país rico, y la incongruencia entre imaginarnos ricos y la realidad que vivimos la resolvemos pensando que alguien nos está robando, unos creen que la oligarquía y otros que el gobierno. Hay quienes ven la solución en producir más, pero duplicar la producción nos pondría en 20 dólares, y eso tampoco resolvería el problema.

Nuestro problema de fondo es que el modelo de vivir del petróleo se agotó. La realidad cambió y nosotros no cambiamos con ella. La cualidad más importante del liderazgo que necesitamos no es la honestidad administrativa -aunque ella sería sin duda bienvenida- sino su capacidad para conducirnos a través de un proceso de adaptación de nuestras creencias y nuestros hábitos a una nueva realidad, transmitiendo la seguridad de que sí podemos hacerlo. ¡Abajo cadenas!

@rvillasmilbond / www.ricardovillasmil.com



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