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La historia "menor"

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 23 de agosto de 2013  12:00 AM
Nada más grato que alcanzar, por fin, un libro que venías buscando desde hace tiempo. Sobre todo si sientes que has logrado vencer el cerco y el aislamiento cultural que se ha logrado imponer en nuestro país en estos tristes días, y por fin hacerte del ansiado volumen. Fue un poco la alegría que sentí cuando por fin pude encontrar la Historia menor de Grecia. Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos, de Pedro Olalla (Acantilado, 2012). De entrada, el título me había seducido enormemente, y al acercarme a su planteamiento general me sentí muchísimo más atraído. Pero, ¿qué es una historia menor?

En el conciso y esclarecedor prólogo a la obra, el académico griego Nikos Moschonas nos hace valiosas orientaciones. El adjetivo "menor" no debe confundirnos. En nuestra concepción cotidiana y común hemos entendido que la historia se ocupa exclusivamente de acontecimientos principales. No es cosa cualquiera, pues, la que merezca "pasar a la historia". Aquí, sin embargo, nos topamos con una idea totalmente distinta. Lejos de dejarnos creer que se trata de un relato preterido, de narraciones de poca importancia, la "historia menor" nos muestra la cara inconfesada, los rasgos profundamente humanos del hecho histórico, que no por callados menos influyentes, los estados psicológicos, los factores emotivos y pasionales que están detrás, pero que mueven las decisiones más trascendentales. "Esta Historia menor", advierte el autor en su Introducción, "es una colección de gestos humanos en los que se demuestra la grandeza, la vileza o la contradicción".

Es verdad, si hemos de ceñirnos a la tradición herodotea, la historia nace como investigación de hechos concretos, externos y casi siempre principales. Nos lo aclara incluso el viejo historiador, cuando confiesa en el párrafo primero de su pesquisa que le mueve el interés de evitar que "las grandes y admirables hazañas de griegos y bárbaros queden sin fama". A la historia menor empero la mueve una mirada más íntima, mucho más profunda. Su interés filológico se vuelve metáfora que excede el texto, cuando intenta reconstruir los silencios que nacen de lo que calla el historiador, suplir las lagunas de la historia misma, aquello que la fuente silencia para que lo sepa bien solo el que bien sabe leer. Así, nos dice Moschonas, "el adjetivo menor no es derogatorio sino revelador, pues no alude al interés por lo secundario sino a la exploración y la representación del lado más inaccesible del drama histórico".

Claro que cualquiera no es capaz de escribir un tal relato. Más allá de la rigurosidad y la precisión en el manejo de las fuentes, se precisa una aguda sensibilidad para poder leer las pasiones que no son dichas, los estados anímicos que suscitan e interactúan con los sucesos externos. Se precisa también una innegable pericia en el díscolo manejo de la palabra escrita, aquello que los griegos de ahora llaman con bien logotechnía. El resultado es exquisito: un texto "rigurosamente histórico en cuanto al contenido, y rigurosamente literario en cuanto a la forma", como quiere el autor. Ciento y tantos relatos breves en los que se nos cuenta el despecho del poeta Hesíodo por la traición de su hermano Perses, el ansia vengativa de un Polibio que marcha al exilio, el suspiro de aquella joven ateniense, Damaris, que ha escuchado a Pablo apóstol al pie del Areópago y no podrá olvidarlo jamás; el historiador Procopio de Cesarea saboreando el clandestino plan de escribir sus Historias secretas, mientras lleva una doble vida como historiador oficial de la corte de Justiniano en Constantinopla; la tozudez y el pavor de los doce monjes herejes que murieron en Nicosia condenados a la hoguera por el Papa Gregorio IX el 19 de mayo de 1231, o la impotencia del cónsul español que no puede salvar a los sefardíes de Salónica, enviados a los campos de concentración del Tercer Reich aquel 2 de agosto de 1943.

Historias que muestran a hombres y mujeres de carne y hueso, profundamente humanos, más acá de la Grecia de mármol, pálida y tiesa, que nos vendió el clasicismo alemán y que inexplicablemente sobrevive en la mente de muchos. Un mérito más debemos reconocer en el libro de Olalla, y es el de decirnos que la historia de Grecia no termina el día de la muerte de Alejandro, ni se limita a las murallas de Atenas, sino que se escribió en muchas partes y continúa hoy, caótica y contradictoria, paradójica y voluble, sublime y abyecta, implacablemente seductora como lo fue desde el principio, como ha sido siempre.

@MarianoNava


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