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El Estado inerme

Hay una Venezuela de muchos que sufre y otra Venezuela de poquitos que vive a cuerpo de rey

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SOLEDAD MORILLO BELLOSO |  EL UNIVERSAL
domingo 21 de julio de 2013  12:00 AM
Narran los cronistas españoles del siglo XVII que era tal la fortuna que circulaba en los reinos que conformaban la España de esa época, que el costo de la vida de sus pobladores se centuplicó. Las gentes pobres no tenían acceso a esas regalías que provenían de manera legal e ilegal de las provincias en Indias. Pero se forjó una clase, casta más bien, de nuevos ricos cuyos peculios provenían de fuentes de comercio no declaradas al Reino. Los reyes veían cómo esos nuevos ricos compraban todo, a cualquier precio, destruyendo así la sensatez económica y convirtiéndose en un Estado paralelo. De hecho, lo que los contables del Reino asentaban en sus libros no se compadecía en modo alguno con la realidad de unas finanzas totalmente distorsionadas. Se calcula que la mitad de los dineros que circulaban en la sociedad española de ese siglo era ilegal.

En la Italia de las mafias, éstas triunfaron hasta que el Estado decidió enfrentarlas. Hay mucho material bibliográfico sobre este tema, en particular una película que sugiero ver sobre el caso del juez Giovanne Falcone, quien le puso cara a las mafias, lo cual le costó la vida. Falcone solía citar a John F. Kennedy en su notable frase "Un hombre debe hacer aquello que su deber le dicta, cualesquiera que sean las consecuencias personales, cualesquiera que sean los obstáculos, el peligro o la presión. Esta es la base de toda la moralidad humana". Si bien hoy aún hay mafias operando en el territorio italiano, su acción no es ni comparable con lo que fue hace años.

Como ha habido éxitos en la persecución del narcotráfico, este ha mudado su base de operaciones a nuevas sedes. México, varios países de Centroamérica y Venezuela, por donde es bien sabido pasa buen parte de la droga con destino a Europa y otros países. Lo que los organismos de seguridad de nuestro país celebran como operativos exitosos en materia de narcotráfico alcanza con suerte a una pequeña tajada de ese pastel. Mucho de ese dinero producto de tan turbias operaciones se queda en Venezuela, se lava en Venezuela, se invierte en Venezuela.

En jaque

En la Colombia de la época de Pablo Escobar Gaviria, el Cartel de Medellín puso al país y al Estado en jaque. Además de contaminar la economía con enfermedades gravísimas de las cuales aún tratan de recuperarse nuestros vecinos, los miembros del cartel y sus secuaces y sicarios, liderados por Escobar, cometieron delitos gravísimos, incluyendo asesinatos, magnicidios y secuestros. Recomiendo la serie producida por la cadena Caracol titulada "Pablo Escobar: El patrón del mal". No veamos esta serie como si estuviéramos disfrutando de un thriller que revienta el Blockbuster. Veámosla como una seria advertencia de a dónde nos conduce el camino por el que vamos.

Los ingresos por renta petrolera en Venezuela en los años revolucionarios alcanzan una cifra tan descomunal que resulta imposible de metabolizar a cualquier simple y mortal ciudadano. Empero, baste al lector circular por el país para ver cómo grandes cantidades de sus pobladores siguen siendo pobres de solemnidad. Los ranchos han aumentado y los mendigos pueblan nuestras calles y avenidas en villorrios y ciudades.

Hoy todos los economistas serios y los estudiosos del tema apuntan que la crisis económica que sufrimos no tiene comparación con años anteriores, que estamos arropados por severos problemas macro y microeconómicos, que estamos endeudados hasta las caries como nación y a saber por cuántos años y que hemos caído en un remolino chupador del cual nos será muy difícil salir. Las cifras oficiales son tan confiables como la promesa de fidelidad de un mujeriego que le reza a Casanova. Y, sin embargo, al igual que vemos la pobreza incrustada en millones de hogares, así como la vialidad de nuestra Venezuela parece una fotografía de la Luna, así como los hospitales, las escuelas y un largo etcétera están en el suelo, así como sentimos que la inflación nos carcome las entrañas, así como presenciamos la destrucción de nuestros campos y nuestro parque industrial, vemos también unas señales de riqueza y derroche exhibidas sin rubor que espantan al más pintado. Boquiabiertos somos testigos de la construcción de lujosísimas mansiones (dentro y fuera de nuestras fronteras), vehículos que además de ser dignos de jeques son mejorados con sistemas de seguridad y tecnología de punta que cuanto menos triplica su costo original, restaurantes carísimos atestados donde se celebran festines pantagruélicos rociados con licores y bebidas con denominación de origen, repunte asombroso de la prostitución de alta gama. Las joyerías no se dan abasto para satisfacer las demandas de sus nuevos clientes. ¿Quién compra todo eso en una economía que está hecha trizas, con miles de empresas comerciales e industriales que han tenido que bajar sus santamarías, que no genera empleo y que no es capaz de sufragar los costes de un mínimo de bienestar social? Más importante aún, ¿de dónde sale tanta plata? Ya sabemos el destino. Pero, ¿y el origen?

En metálico

Muchas transacciones por compra de inmuebles, enseres, joyas, vehículos, etc., ocurren en metálico, disfrazadas con facturas falsas. Billete sobre billete, muchas veces incluso en moneda extranjera. Los poco elegantes compradores acuden muy campantes a los establecimientos reales o virtuales, escogen el objeto de su deseo y se sacan del bolsillo las pacas de papel moneda. Para que nos espeluquemos más, muchas veces el comprador es un enviado, un testaferro, que le hace la diligencia y procesa los pagos de quien no quiere aparecer en público. Hay una Venezuela de muchos que sufre y otra Venezuela de poquitos que vive a cuerpo de rey. Poco importa el nombre con el que se haya bautizado a esta nueva casta, sea boliburguesía, boligarquía o como sea. Importa que están medrando del país, magnatizándose ilegalmente y destruyendo como una marabunta.

A su suerte

En nuestra Venezuela, a la cual le declaramos amor todos los días pero a la que tristemente la hemos abandonado a su suerte, el Estado nada está haciendo para evitar el descalabro que supone esta situación en progreso. Las acciones del gobierno sobre algunos corruptos son apenas una brizna de paja en el viento, una manera de lucir bien y llenar titulares en las agencias de noticias. Pero a los peces gordos ni con el pétalo de una rosa. Al no hacer nada, el Estado se convierte en arte y parte.

No es competencia de los ciudadanos luchar contra esta barbaridad. Los venezolanos somos víctimas y no podemos ser culpados de estos desmanes aun cuando seamos forzados abierta o veladamente a integrar el tinglado de destrucción. Cuando la economía nacional se pervierte, queramos o no a todos nos meten en la podredumbre, incluso sin saberlo. El ciudadano no tiene las herramientas para enfrentarse a ello. Eso es función irrenunciable del Estado y sus instituciones, responsabilidad de los hombres y mujeres con nombre y apellido que están en posiciones de decisión y acción y en ejercicio de las cuales juraron servir a la República. A ellos hay que exigirles que procedan a limpiar la casa, a investigar, a perseguir, a desactivar redes de malandros de cuello blanco. Si no lo hacen, estarán dando una nítida señal de cuál es su posición al respecto. Venezuela no puede hundirse en un cloaca delincuencial porque tengamos un Estado inerme.

smorillobelloso@gmail.com



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Comentarios (1)
Por José R Pirela
21.07.2013
10:33 AM
Los venezolanos debemos entender que el Estado no es una Corte Celestial, sino que contiene a venezolanos igual que todos, con los mismos valores y ambiciones. Las sociedades democráticas modernas comprendieron que la convivencia no se regula con normas jurídicas sino con el equilibrio de intereses. Estos surgen en la práctica con el libre intercambio de bienes y servicios, cuya base de sustentación es la propiedad privada, de bienes y criterios. Así, las normas jurídicas pasan a un segundo plano: al castigo a los desafueros y a la justicia de los desacuerdos. Cómo puede equilibrarse la sociedad venezolana, si los funcionarios públicos son los dueños del petróleo, único bien que genera riqueza, y al disponer del privilegio de la Ley, nadie los puede castigar por los desafueros, incluida la conformación de mafias de todo tipo. Es la conformación que le hemos dado al Ordenamiento Social, lo que ha partido en dos la nación: El Estado y los demás.
 
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