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Contra las elites del poder

ECCIO LEÓN R. |  EL UNIVERSAL
lunes 15 de julio de 2013  12:00 AM
Las ciudades de Brasil y Turquía han sido escenario de un levantamiento contra las elites políticas y económicas protagonizado por jóvenes, convocado mediante las redes sociales y provocado inicialmente por un conflicto urbano, las tarifas de transporte en São Paulo o la remodelación de un parque en Estambul. Se trata en ambos casos de países con gobiernos democráticos, de manera que las protestas no pueden atribuirse a la ausencia absoluta de libertad o a la desesperación de la miseria; pero sí son revueltas contra el autoritarismo y corrupción de las elites, así como frente a la creciente desigualdad social y la erosión de las expectativas de las clases medias emergentes. Asuntos propios de la administración municipal, como una subida de 0,20 reales (siete céntimos de euro) en el billete de autobús o una licencia de construcción en el centro, han desencadenado perturbadoras crisis políticas, poniendo en cuestión la legitimidad de los gobiernos de Dilma Rousseff y Recep Tayyip Erdogan, cuyo origen democrático no excluye la necesidad de refrendarse de continuo mediante el adecuado ejercicio del poder. De hecho, ha sido precisamente esta colisión entre la legitimidad de origen y la legitimidad de ejercicio la que acaba de provocar la caída de Mohamed Morsi en Egipto.

En Brasil, la elevada inflación y el desplome de las tasas de crecimiento hacen imposible satisfacer las demandas sociales creadas por el auge económico de la última década, y la frustración ciudadana se vuelve contra unas elites percibidas como corruptas, al tiempo que cuestiona el costo colosal de eventos como el Mundial de Fútbol, estimado en 10.000 millones de euros, y que ni siquiera promoverá, en muchas de las sedes del campeonato, las infraestructuras de transporte prometidas. Y en Turquía, donde el persistente conflicto kurdo y la guerra de Siria dificultan su proyección hacia Oriente próximo y su ambición de servir de referencia para los países de la primavera árabe, la batalla urbanística del parque Gezi y la plaza de Taksim con la población enfrentada a un proyecto tan rigurosamente legal como perfectamente representativo del actual boom inmobiliario ha movilizado a las clases medias frente a los reflejos autoritarios y la deriva confesional del régimen, sea mediante la ocupación del parque en riesgo de desaparición, sea mediante la presencia silenciosa e inmóvil en la plaza Taksim de los hombres en pie, una acción de singular dramatismo que inició esa clase media maltratada.

Con el carácter pacífico que caracterizó a los indignados de Europa y en la estela de otros movimientos de protesta que han sacudido recientemente el globo terráqueo, desde Indonesia o India hasta Bulgaria o Israel y estos días trágicamente en Egipto, con el desenlace ya conocido, la eclosión simultánea de los levantamientos en Brasil y Turquía ha hecho que periodistas escriban el 2013 un hito histórico comparable a los de 1968 y 1989, las revoluciones culturales de la insurrección juvenil.

En lo que respecta a las revueltas contemporáneas, muchos analistas destacan en ellas dos rasgos característicos una mejor comprensión de la naturaleza del poder por parte de los jóvenes que las promueven, y un uso más eficaz de las nuevas tecnologías de la comunicación. Otros, ponen énfasis en la naturaleza de las redes sociales y los instrumentos de comunicación, que pueden servir tanto para difundir vídeos de denuncia y convocar concentraciones como para identificar a los participantes mediante el control de sus teléfonos móviles o a través de las herramientas informáticas de reconocimiento de rostros.

Brasil y Turquía están siendo laboratorios de la protesta digital, escenarios de la exigencia de una mejor vida urbana, como también la rebelión de las nuevas clases medias contra las elites de los regímenes en el poder.

El país emergente que forma parte de los llamados BRICs (Brasil, Rusia, India y China), considerados como las naciones que compensaron la recesión mundial iniciada con la crisis del 2008, y se conformaron en nicho de atracción de capitales, la Bolsa brasileña se desplomó, y comenzó a cuestionarse la exposición de estos países a los movimientos de capitales futuros. Según recientes declaraciones del director del Banco de Pagos Internacionales (BIS), Jaime Caruana, las principales economías de los mercados emergentes estarían perdiendo fuerza, siendo Brasil el de mayor deuda bruta entre ellos. La clase media brasileña está indignada, está rezagada y desprotegida desde el gobierno de Lula hasta el actual mandato de Dilma Rousseff.

En fin, esos pueblos deben ser un ejemplo para el nuestro, que solo se autocastiga cuando protestan por miedo de llegar donde de verdad se le escuche y no trancando sus propias calles y la de sus vecinos en zonas "seguras" para ellos, solo molestando a sus vecinos sin ningún resultado, en conclusión esta oposición tímida y muy protagónica siempre esperan tras las cortinas.

ecciol@yahoo.com


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