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La insurrección pacífica de Stéphane Hessel

Comprometerse, indignarse y resistir, y constituyen los ejes de la propuesta hesseliana

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RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
domingo 14 de julio de 2013  12:00 AM
Pocos personajes de la humanidad han movido tantas voluntades desde el pacifismo como lo hizo en los años recientes Stéphane Hessel en Europa. Recordamos en este sentido a Mahatma Gandhi, quien con su resistencia sin armas logró lo impensable: la independencia de la India del imperio británico, y aunque el odio entre hermanos terminó acabando con su vida, nos dejó un extraordinario legado de lucha en pos de un objetivo loable. Ni decir de Martin Luther King, líder de color que se entregara a la defensa de los derechos fundamentales de los de su raza, mediante la resistencia pacífica, enfilando sus energías contra la brutal discriminación racial anclada en el espíritu norteamericano. También King cae finalmente asesinado como consecuencia de los oscuros intereses políticos que sus luchas develaban.

En este sentido, el devenir histórico ha traído consigo personalidades de excepción, cuyas carreras no han sido puestas a la orden de meras ansias crematísticas, o para alcanzar elevadas cimas de reconocimiento, sino a favor de causas que los trascienden y ubican en posiciones de universalidad e impacto planetario. Y Stéphane Hessel fue uno de ellos. Nacido en Berlín en 1917 y naturalizado francés desde muy niño, este personaje tuvo una vida de película: fue miembro de la Resistencia Francesa, en 1944 estuvo a punto de ser ajusticiado en Buchenwald y se salva porque cambia de identidad y cuando termina la guerra se transforma en diplomático. En 1948 se encuentra entre los firmantes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre otros hechos resaltantes fue representante en 1977 de Francia ante la ONU en Ginebra, y desde entonces se erigió en un ferviente defensor de la causa palestina.

¡Indignaos!

Sin embargo, a pesar de toda esta trayectoria (o precisamente gracias a ella) nuestro interés por este personaje se focaliza en un libro de su autoría que le cambió el rostro a la resistencia pacífica a lo que va de este siglo XXI, titulado ¡Indignaos!, publicado en lengua francesa en el año 2010 y en la nuestra al año siguiente, con un prólogo del intelectual español José Luis Sampedro. Si sacamos una cuenta sencilla, el autor tenía 93 años al momento de la publicación de su libro (murió a comienzos del 2013), lo que le insufla a sus poderosos argumentos el peso de una auctoritas basada en una vida de encuentros y desencuentros, de terror y de máxima felicidad humana. Aunque se trata de un libro breve, sus ideas son demoledoras y nos llevan de inmediato a la reflexión con respecto a la pasividad frente a un mundo que se nos cae a pedazos, con un ser humano vacío en su esencia y un planeta que hace aguas por doquier, sin que nada nos mueva para salirle al encuentro a tanto desatino y así recoger los pasos perdidos.

En el libro hallamos de entrada una nota (A los lectores españoles), en la que el autor nos hace un llamado que se puede resumir en tres vocablos: comprometerse, indignarse y resistir, y constituyen los ejes de la propuesta hesseliana. Si bien estas increpaciones están dirigidas a los españoles, logran trascender el espacio geográfico y la semilla ya ha sido implantada en la sufrida y desatendida América Latina. No nos asombra la indignación que cunde a lo largo y ancho del Brasil, cuando hombres y mujeres de todas las edades y razas se han dado a la tarea de reclamar con justeza años y años de indiferencia y abandono. Pero no nos equivoquemos: la llama encendió casi de inmediato en Europa, tanto en Francia como en la inquieta España, el mismo año de la salida del libro, y todo ello se tradujo en multitudes de jóvenes (sobre todo) en vigilia resistiendo de manera pacífica, pidiendo con fuerza y sólidos argumentos cambios en las políticas de Estado, mayor atención a la persona humana, mayor inversión en lo social y un giro drástico en lo que entienden como pésimas actuaciones de sus dirigentes políticos. De alguna manera estos "indignados" han puesto en jaque a los líderes pusilánimes: aquellos acostumbrados a la tibieza de sus acciones y a logros igualmente pobres, que no trascienden e impactan las vidas de las personas.

La razón

Al igual que los seguidores de Gan-dhi y de King, los indignados de Hessel no hacen uso de la fuerza bruta, ni de las armas; sólo de la razón. Quienes se erigen en "indignados" son poseídos por un espíritu superior que los impulsa a expresar años; quizás siglos de descontento y marginación. Esa fuerza interior, que es al mismo tiempo fortaleza moral, halla de inmediato eco en aquellos que han sido víctimas de un sistema deshumanizado, mecanizado, que los ha convertido en piezas de una civilización agotada, que ha destruido los lazos humanos y los recursos del planeta dejando a su paso miseria y desolación. Hessel nos llama a enarbolar los principios de una vida auténtica y unos valores humanos que nos permitan un tránsito terrestre signado por el amor, la tolerancia y el respeto a la vida en todas sus formas y dimensiones. Su lucha es por una sociedad en la que no exista la discriminación, la xenofobia y los nacionalismos, que tanto daño le han causado al mundo. Guerras, apartheid, purgas, expulsiones, deportaciones, exterminio, limpieza racial y genocidio constituyen formas orquestadas de la vergüenza, que como humanidad llevamos a cuestas a lo largo de la historia.

Justicia y libertad

Como parte de una generación que vivió la guerra y el oprobio, Hessel azuza a los jóvenes de hoy a retomar la herencia de la resistencia y la indignación, a trabajar sin descanso por la justicia, por la libertad; a reclamar con empeño el respeto a las minorías, a los niños, a los ancianos y enfermos. En su visión universal de la persona humana y sus respectivos contextos, considera a la indiferencia como uno de los males de nuestros días ("la peor de las actitudes", dice), que nos lleva de manera cómplice a callar cuando deberíamos gritar; a aceptar lo indecible cuando tendríamos que actuar y cambiar. Si bien el lenguaje de Hessel es de permanente desafío, de incitarnos a tomar nuestras vidas y relanzarlas por nuevos derroteros, insiste en la no violencia; y a pesar de que retome la idea de Sartre cuando afirma que "el uso de la violencia contra la violencia corre el riesgo de perpetuarla, (aunque) también es verdad que es el único medio para detenerla", agrega al respecto con firmeza: "la no violencia es un medio más eficaz de detenerla".

Un año después de ¡Indignaos!, sale otro libro de Hessel, esta vez acompañado del célebre sociólogo francés Edgar Morin (también miembro de la Resistencia), titulado El camino de la esperanza. Este tomo vendría a complementar al anterior e implicaría una suerte de cierre vital a manera de gran pegada por parte del autor, redondeando su aporte a la humanidad frente a la inminencia del fin. Plantea (junto al padre del pensamiento complejo) temas fundamentales que giran en torno a la idea de una "política del buen vivir", que frene la barbarie civilizatoria. Podríamos argumentar que este libro representa una propuesta concreta de Hessel y Morin frente a lo enunciado en ¡Indignaos!, así como también -y en sus propias palabras- "un paso adelante si queremos cambiar aquello que no nos gusta de nuestra realidad social y política". ¡Una verdadera insurrección pacífica! Qué dudas caben.

@GilOtaiza

rigilo99@hotmail.com



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Comentarios (1)
Por leonardo fonseca
14.07.2013
8:16 AM
No son los cubanos,los americanos o los marcianos los causantes de nuestros males.¿quien infiltra a los militares cubanos en la FANB?,¿quien mantiene los dolares secuestrados,presos politicos,la economia patas arriba,un parque industrial en ruinas?,¿quienes matan y roban a toda hora?,¿quienes se han convertido en millonarios de la noche a la manana robando los dineros publicos?,¿quienes han levantado milllones de ranchos cercando las ciudades?.No estamos comprometidos con la patria,somos indiferentes ante el mal ajeno y Tener un carro ultimo modelo aun teniendo carreteras que son caminos para chivos,un apartamento a todo dar(aunque el edificio donde se encuentra el mismo se esté cayendo)y hacer turismo por el mundo entero mientras niños de la calle pululan por doquier oliendo pega para evadir su horrible presente parece ser un sueño hecho realidad para la mayoria de los venezolanos.¿entonces,resistencia,contra quien?.
 
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