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El diálogo posible

OFELIA AVELLA |  EL UNIVERSAL
lunes 1 de julio de 2013  12:00 AM
El diálogo es siempre de dos (o más). Si no, se trata de un monólogo. La comunicación es de lo más difícil que hay en la vida porque nos implica por completo. Supone una actitud de sinceridad, apertura y receptividad. Decir la verdad (reconocerla) no es fácil; estar abierto a lo que el otro tenga que decirme tampoco lo es, sobre todo si sé, de antemano, que aquello que dirá no va a agradarme (porque quizás tenga razón). La apertura lleva a escuchar al otro para procurar comprender su perspectiva de las cosas, la cual puede ser muy contraria a la propia o a lo menos, distinta. En el proceso (y el diálogo lo es siempre), las partes que buscan comprenderse deben procurar encontrar puntos en común. Pero para lograrlo, deben antes reconocerse y escucharse. Esto requiere, sin embargo, de buena voluntad.

Y aquí está el punto clave. La buena voluntad dice relación a la conciencia, al deseo real de encontrar esos puntos en común, que no son otra cosa que ciertas verdades que deben aflorar en el diálogo. Verdades que no son propias de las diversas perspectivas o modos de ver el mundo, sino que se refieren a hechos objetivos, que hay que reconocer. Por eso el diálogo es mucho más que "pronunciar" palabras o "negociar" ciertos intereses de las partes. La verdad electoral, por ejemplo, es en este caso un punto objetivo que refleja la voluntad popular y es ese hecho preciso, concreto, en lo que hay que insistir. Demostrar que Maduro no es venezolano es también otro hecho concretísimo que pondría en evidencia la verdad. Pero incluso demostrado, esto no bastaría para lograr la paz.

Llama la atención que muchos saquen a relucir el tema de la conciencia. Es lógico que así sea, pues uno se pregunta si es posible que la ideología nuble la mente hasta el extremo de no dejar ver que se está mintiendo y destrozando un país. Mientras escribía este artículo, recordé algo que Simón Wiesenthal cuenta en uno de sus libros acerca de sus experiencias en campos de concentración. Un día, una enfermera le pidió que la siguiera hasta el lugar donde estaba un oficial de la SS muriéndose. Al verlo, el oficial habló un poco sobre su vida, su formación, su familia, y su cercanía a Hitler. Algo le pesaba. Había colaborado en un crimen horroroso. Un día, los soldados a su mando habían encerrado a 300 judíos en una casa y la habían quemado. Todos murieron. "Sé que es horrible –dijo. Durante las largas noches, en las que estoy esperando mi muerte, siento la gran urgencia de hablar con un judío sobre esto y pedirle perdón de todo corazón". Wiesenthal concluye diciendo: "de pronto comprendí, y sin decir ni una sola palabra, salí de la habitación".

¿Qué "comprendió" Wiesenthal? Interpreto que constató la realidad de la conciencia. Las ideologías pueden ofuscar nuestras mentes, dificultándonos "ser" nosotros mismos y obrar en conciencia. Esto, sin embargo, no dura toda la vida. Llega un punto en que "vemos", por más superficiales, toscos y burdos que podamos ser. Hace falta un mínimo de sinceridad, sin embargo, para que esto ocurra, pues nuestra psique siempre encuentra modos de ocultar a nuestra mirada interior ciertas realidades que nos asustan y atormentan por su vileza.

El oficial nazi no dormía desde que colaboró en ese crimen atroz. Wiesenthal lo escuchó. La situación ideal habría sido que este último perdonara al confeso, pero se comprende que sintiese más bien una imperiosa necesidad de salir de la habitación. Tenía mucho que asimilar. Estaba recién constatando que hay conciencia: que se advierte lo que puede suponer un crimen.

La conciencia puede retorcerse hasta adaptarla a la propia conveniencia. Más que  irreflexión –lo que puede concederse por un tiempo-, usualmente hay complicidad, mentira y miedo. Lo triste es que la propia vida se vuelve inauténtica y sin sentido, al tiempo que se daña a muchos. ¿Cuál era la "verdad" en el encuentro entre estos dos hombres? Pienso que era muy objetiva: habían sido quemadas vivas 300 personas. No habían muerto como si "la tierra" se las hubiera tragado. Estas personas habían sido asesinadas porque este oficial lo consintió. Confesó, por eso, lo mismo que advertía en su intimidad.

No creo posible, por ello, que la ideología pueda exonerarnos por mucho tiempo de nuestra responsabilidad: y aquí incluyo tanto a quienes "hacen" como a quienes "dejamos de hacer", pues lo que sucede "no lo queremos", pero lo consentimos si no actuamos para provocar el cambio.

El diálogo posible es difícil, pues confesiones como las del oficial nazi no son comunes en estas luchas políticas que entablamos. Hay demasiados intereses de por medio, tanto como excesiva corrupción. Si se tratase, sin embargo, solo de "negociar" –sin apelar a una más profunda y humana reconciliación- la solución será siempre artificial y temporal. Sin buena voluntad de ambas partes no puede haber diálogo.

Si "negociar" bastase el mundo debería estar en paz. Vemos, sin embargo, que no es así. Por eso urge apelar a la conciencia.

Ofeliavella@gmail.com


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