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Busquemos soluciones

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 28 de junio de 2013  12:00 AM
Recientemente comentábamos en nuestro artículo Todos somos parte de la solución sobre lo importante que resulta, en medio de una situación adversa, buscar cómo hacer para solucionarla o para mejorarla en lugar de quejarnos. Hablábamos también de que si nos acostumbramos a reaccionar solo quejándonos frente a los problemas que se nos presentan vamos a contagiarnos de un espíritu negativo que lo va a ir envolviendo todo, y que nos va llevar a ver todo más negativo de lo que ya es, además de que nos va ocultando como mínimo las posibles buenas lecciones que podríamos obtener de la situación, y como máximo hasta soluciones a la misma. Además esa actitud también nos va a ir llevando de frustración en frustración, porque a los problemas acuciantes que ya tenemos vamos a agregar el hecho de que todo nos parece mal y nada tiene solución en última instancia, de donde lo único que puede quedar es una gran frustración y hasta ira.

Por otro lado pregunto: ¿en lugar de expresar en voz alta que todo está muy mal, que nada sirve, no sería más positivo y beneficioso reflexionar en qué puedo hacer yo para cambiar en algo este estado de cosas, olvidándome por un momento de la responsabilidad de otros, y más bien concentrándome en lo que está en mis manos hacer? Además, ¿no es mucho mejor para el bienestar presente y futuro de nuestros niños y jóvenes que ellos vean en nosotros el buen ejemplo de una actitud positiva en lugar de que nos escuchen lamentándonos por todo?

Actualmente y como parte de nuestro aporte personal al empeño de llevar los valores a nuestra vida cotidiana, estamos realizando algunas actividades de apoyo a dos Fundaciones que efectúan un trabajo ejemplar en la ciudad. Una de ellas que acoge y  ayuda con mucho empeño y efectividad a adultos mayores, realiza un esfuerzo admirable para que sus servicios tengan un costo razonable y subsidiado dentro de lo posible, buscando continuamente apoyo económico y de otra índole a tal fin.

Hace poco estaba allí y escuché una conversación de alguien que se quejaba porque su familiar adulto mayor  era muy fastidioso, que se había vuelto insoportable y que por eso querían internarlo en un geriátrico. Al comunicarle el costo mensual (muy razonable como dije pero un poco alto por el costo actual de la vida), comenzó a quejarse de que cómo es posible que sea tan costoso, que no sabía si iba a poder dejar a su familiar allí. Tanto en un caso como en el otro, consigue la persona que se lamenta cambiar en algo la situación con solo quejarse?

Por otra parte, reflexionando sobre este hecho posiblemente el adulto mayor en cuestión, cuando su familiar era niño, hizo todos los sacrificios que se requieren para criar un niño, quizás hasta con mucho amor, hasta que creció, probablemente años de duras batallas, y cuando ahora depende de recibir el mismo apoyo sacrificado de su pariente, resulta que éste no quiere hacerse responsable y más bien lo que hace es quejarse. Como un resultado de esta actitud o alguna similar, muy posiblemente la vida misma se encarga de retirar las bendiciones que siempre se cosechan, a la larga, cuando procuramos hacer las cosas bien, y no nos desentendemos de nuestras responsabilidades, sino que con mucha paciencia y amor nos hacemos cargo de ellas, buscando asesoramiento si es necesario. Entonces, de este modo podremos aprender a valorar más lo bueno que tenemos, como dice el dicho: "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", y así quizás lograremos aprender valiosas lecciones en el camino, que, sin duda, no será fácil ni exento de tribulaciones.

Apreciados lectores, ante los contratiempos de la vida no nos rindamos. No permitamos que nada ni nadie acabe con nuestro entusiasmo. No dejemos de esforzarnos para lograr nuestras metas. Nunca olvidemos que la mayor oscuridad nos envuelve justo antes del amanecer. Claro, hay y seguirán habiendo decepciones en la vida, pero esas decepciones no son callejones sin salida, ni son el final de la historia. El camino de nuestra vida sigue y, a medida que lo recorremos, dejamos atrás nuestros desencantos, pruebas y padecimientos.

En realidad, mucho va a depender de cómo reaccionemos ante las desilusiones que  tendremos, porque las tendremos. ¿Nos ponemos a la altura de las circunstancias y luchamos? ¿Confiamos a fin de ver el lado bueno y las valiosas y profundas lecciones que nos deja el asunto? ¿O nos quedamos sintiendo lástima de nosotros mismos y nos quejamos?

Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Si no lo tiene ¿por qué te quejas? Proverbio oriental

agusal77@gmail.com

@agusal77


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