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Diplomacia del consumidor

OSCAR HERNÁNDEZ BERNALETTE |  EL UNIVERSAL
lunes 17 de junio de 2013  12:00 AM
Me ha llamado la atención algunas reflexiones que he escuchado con relación al desengaño de millones de personas que no están de acuerdo con la política internacional de gobiernos y la relación complaciente que estos tienen con algunos países y sus gobernantes Muchos ciudadanos se sienten frustrados por la complicidad de los lideres de otros países con gobiernos que violan el Estado de Derecho. En Estados Unidos, Japón y en Europa hemos visto reacciones de grupos de presión y consumidores actuando contra personajes o gobiernos cuando ellos han sobrepasado los límites del respeto a o se suman a causas que son rechazadas por las mayorías.

Aquí en Venezuela, hemos observado en los últimos días mucha molestia y resentimiento por parte de ciudadanos por la actitud complaciente de algunos  gobiernos de la región  al hacerse la vista gorda o inmiscuirse en los asuntos internos del país para favorecer al actual gobierno. En otras palabras, a muchos venezolanos  no les gusta que amigos tradicionales de Venezuela se comporten poco exigentes ante los atropellos y las violaciones sistemáticas de la carta constitucional.

Un buen ejemplo que ilustra lo que referimos es el caso de los países  miembros de Unasur, que frenéticamente salieron a apoyar al nuevo gobierno mientras que la oposición pedía un recuento de votos. La actuación de muchos de los mandatarios suramericanos legitimó al nuevo inquilino de Miraflores sin guardar prudencia ante la delicada situación que se vivía en el país. Por lo visto, la chequera y los intereses económicos han prevalecido sobre la ética en las relaciones internacionales.

En esas circunstancias tienen los ciudadanos pocas herramientas para reaccionar. Es poco lo que pueden hacer cuando se consideran atropellados por la actuación de la comunidad internacional al ser indiferentes ante una crisis política. Es por ello que en otras ocasiones hemos denominado que muchos países tienen gobiernos sin alma. Prefieren el leguaje del dinero que el de la razón.

Sin embargo, a lo largo de la historia más reciente hemos observado  que ante actitudes deshonestas o complacientes tanto de empresas como de  gobiernos, cuando los ciudadanos  se organizan como consumidores pueden golpear los intereses de los países que se hacen la vista gorda ante las violaciones de derechos humanos  y de principios democráticos. Es allí cuando podemos hablar de "Diplomacia del consumidor".

Millones de personas han dejado de comprar productos de otras naciones por el tema de los derechos humanos, por la violación del medio ambiente. Por  la violación de los derechos de la mujer, discriminación racial y  hasta por la existencia en algunos países  de  leyes  que permiten el maltrato a animales. Una empresa como la Nestlé fue castigada por consumidores que dejaron de comprar productos al ésta incumplir las recomendaciones de la OMS sobre la publicidad de sustitutos de la leche materna y por un reclamo  de una deuda del gobierno de Etiopía con una filial suya por 6 millones de dólares desde 1975.

Son muchos los ejemplos. Los ciudadanos, ajenos como actores de   las decisiones de la diplomacia, también tienen poder como consumidores para actuar proporcionalmente y  para enviar un mensaje a quienes solo ven oportunidades de negocio en su relación con otros países.

oscarhernandezbernalette@gmail.com


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