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Cuando hay que saber decir que no

OSWALDO PULGAR PÉREZ |  EL UNIVERSAL
jueves 30 de mayo de 2013  12:00 AM
Antes, los hijos obedecían a sus padres, los nietos a los abuelos, los alumnos a los profesores, los ciudadanos a la policía, en una interminable cadena de valores que se transmitían de generación en generación, de la forma más natural. Los personajes siguen siendo los mismos, pero las normas y costumbres han cambiado. Y la culpa no es de las normas y costumbres pues ellas no tienen vida  propia sino la que reciben de las personas, de las normas ya que  las costumbres siempre están personalizadas. No son entes de razón, que existen solo en la inteligencia, sino en la vida de quienes las viven.

Las malas costumbres se van instalando por fuerza propia. Cuando no encuentran resistencia. El mal actúa siempre axial. Por falta de la resistencia que sobre él pueda oponer el bien. Hay un dicho popular que lo afirma: "El mal se cura con abundancia de bien". Los buenos hábitos siguen siendo buenos aunque pase el tiempo. Siempre tiene prestigio el obedecer sobre el desobedecer, el exigir sobre el consentir. El ser veraz sobre el mentir, etc.

Estas consideraciones de sentido común, que se transmitían de generación en generación, se han perdido. Ya los papás ante la mirada atónita de los abuelos no corrigen lo que está mal, y muchas veces lo fomentan, al celebrarlo. Llama la atención cómo nos dejamos llevar por la pendiente resbaladiza del permisivismo y, a  fuerza de no corregir, los muchachos van adquiriendo hábitos, que siempre han estado mal vistos, como no saludar, no agradecer, dejar cosas botadas, etc.

Uno de los buenos hábitos en los cuales los papás hemos cedido es al darles todo lo que nos pidan, porque nosotros no lo tuvimos. Malo. Porque el niño cómodo, a fuerza de ser más cómodo, será una adulto más cómodo al que habrá que hacerle todo, porque desde pequeños le hemos educado así. Porque tienen de todo aunque no lo necesita. Solo porque está de moda. El niño tiene que aprender el valor de las cosas. Si al perder el celular le compramos otro enseguida, se acostumbrará a no cuidar lo que tiene, porque para él no vale nada.

Los padres han perdido la capacidad que tenían nuestros abuelos de decir que no. El chamo que no es bruto manipula y les saca lo que necesita. Recuerdo un caso, ojalá podamos escarmentar en cabeza ajena. El papá no estaba. El chamo quería ir con un compañero a visitar a su novia en el colegio. La mamá no quería prestarle el carro. Que sí, que no, no. Que esperaras a tu papá. Que va a ser la hora... finalmente, le dan el carro. El chamo se va orgulloso con su amigo al colegio de la novia. Pelea con la novia. Sale "picando cauchos" para demostrar su disgusto, llega a la esquina, pierde el control, salta la isla y una camioneta que venía en sentido contrario se los lleva por delante y mueren los dos en el acto.

¿Nos damos cuenta de la oportunidad de decir que no? ¿Tenía que haber ocurrido esto? No. La firmeza en el carácter y ausencia de comodidades es muy educativa. Aunque una sociedad hedonista donde lo principal es figurar, donde tener es más que ser, aparentar es la moda, no deje de insinuar que los chamos han de tener lo que nosotros no tuvimos. Eso es falso.

El Dr. Américo Negrette, médico zuliano escribía de su juventud: "Cuando niño pasé muchas privaciones y carencias de todo tipo: no tenía candela en el fogón ni comida en el plato, pero tenía un aguacero de amor que me prodigaba mi familia. Mi madre, me tejía con aguja e hilo, porque no tenía máquina de coser la tela de los sacos de azúcar sobre el pantalón corto y único. A eso le llamaban "justillo".   Por eso mi camisa, mi justillo no decía "Pierre Cardin" sino "Central Venezuela", dentro de un rombo colorado.

Y con miseria y todo, era un niño feliz. Y esa fue la base del hombre que he sido siempre. Y siempre sin dinero. La felicidad es un asunto de actitud mental: de apreciar lo bueno que nos da la vida, en vez de quejarnos de las cosas negativas. Hay quien va para el cielo y va llorando. La felicidad es un estado de agradecimiento al Creador".


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