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Guerra y paz

JULIO DÁVILA CÁRDENAS |  EL UNIVERSAL
jueves 9 de mayo de 2013  12:00 AM
Los recientes acontecimientos en la Asamblea Nacional, en los que han resultado heridos parlamentarios de la oposición, víctimas de las agresiones realizadas dentro del hemiciclo por elementos vinculados al oficialismo, hacen recordar hechos históricos lamentables, como el ataque perpetrado al Congreso Nacional en 1848 por ordenes de José Tadeo Monagas, y en 1933, el incendio del Parlamento alemán (Reichstag), hábilmente explotado por el cabo Hitler, quien al día siguiente logró un "decreto para la protección del pueblo y del Estado", que abolió principios fundamentales como la libertad de opinión, de prensa y de asociación, suspendió el secreto epistolar y la inviolabilidad del domicilio. Además legalizó el arresto por motivos de seguridad, lo cual le permitió detener a sus enemigos políticos. Hoy, el teniente Diosdado pretende eliminar el derecho de palabra y opinión a los diputados de la oposición.

La vileza de los ataques efectuados tanto el 16 como el 30 de abril, parece indicar que son producto de sugerencias realizadas por los asesores del "mar de la felicidad", ya que en la última oportunidad se arremetió brutalmente contra las diputadas María Corina Machado y Nora Bracho; se agredió por segunda vez al diputado Julio Borges mientras se encontraba sentado en su curul y patearon mientras se encontraba caído al parlamentario Américo de Gracia. En videos se observa que esa es la forma de actuar de las fuerzas de seguridad de la isla caribeña, quienes arremeten salvajemente contra mujeres indefensas. Ese tipo de asesorías es producto de la ignorancia, ya que desconocen cómo se debe proceder en democracia y libertad. Solo saben reprimir como los regímenes tiránicos que acuden a la violencia para silenciar los reclamos populares.

Los dirigentes oficialistas no quieren entender que en las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales, que son bastante complicadas, el país reclama la búsqueda de la paz. Juan Pablo II envió a la Jornada Mundial por la Paz, en 1983, un mensaje que denominó El diálogo por la paz, una urgencia para nuestro tiempo. Allí señala que el diálogo –el verdadero diálogo- es una condición esencial para la paz. Su predecesor, Paulo VI, decía que la apertura de un diálogo desinteresado excluye fingimientos, rivalidades, engaños y traiciones. Quizás es por eso que no aceptan dialogar.

No se puede esconder el Sol con un dedo. Existen demasiadas evidencias de fraude en la última elección presidencial y en este mundo globalizado ya todos se han enterado. El jefe de la campaña de Maduro y el presidente de la Asamblea, han sido contestes en afirmar que para que se pueda realizar una auditoría, se requiere revisar los cuadernos electorales y a eso es a lo que ahora ellos se niegan, al igual que Maduro y las rectoras del Consejo Nacional Electoral. Quien nada tiene que esconder, nada debe temer.

Los voceros oficiales hablan de paz pero escogen el camino de la guerra. Capriles, por el contrario, ha dado muestras de ejercer un liderazgo inteligente y eficaz. Se aferra al camino de la legalidad, aparta la violencia y en ello lo acompañan los dirigentes de la oposición y la gran mayoría del pueblo.

julio.davilacardenas@gmail.com


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