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La nueva democracia

GUSTAVO BRICEÑO VIVAS |  EL UNIVERSAL
martes 23 de abril de 2013  12:00 AM
¿Es realmente la democracia una noción que beneficia al hombre en su gran sentir ante su historia?  ¿Es la democracia el sistema político que garantiza para los ciudadanos una vida mejor? Realmente, de conformidad con sus orígenes, Grecia etc., nació en el mundo una idea fundamental de considerar al hombre en su ser como persona y en la viabilidad frente a los demás. La democracia como se pensó y como se considera hoy en día, es una forma de entendimiento humano muy particularmente. De allí, lo complicado de su ejecución.

El gran problema de la democracia es su práctica, sobre todo en momentos en que se encuentra ejercitando el poder. Existen tres palabras, muy vinculadas a su noción: libertad, poder y ciudadano. La democracia se ideó con la finalidad de garantizar la libertad de los ciudadanos, en este sentido, ella supone, muy necesariamente, el respeto a reglas de conducta que deben seguir los ciudadanos para resguardar y complacer un medio individual y social, donde el ciudadano pueda actuar en sintonía con los demás. En otras palabras, la democracia verdadera es configurativamente un límite a la libertad.

El poder se regula justamente con democracia. La democracia es la alternativa de utilizar el poder de manera justa y compaginada a través de la ley, como expresión de la sociedad. La democracia no es el gobierno de las mayorías, sino el gobierno de todos incluyendo a las minorías. El poder se manifiesta de una manera formal a través de leyes, lo cual dan validez y autenticidad, es desde luego, una manera de admitir la obediencia de los ciudadanos.

Ciudadano, es el actor esencial de la democracia. Apartando cualquier consideración liberal que pudiera uno tener, el derecho del ciudadano más importante es el derecho a la democracia. ¿Por qué? Por cuanto la democracia como situación personal o individual, se extiende a todos los demás derechos de los hombres. ¿Quién puede señalar que la democracia no tiene que ver, por ejemplo, con la propiedad o con la pluralidad de ideas o con la elección como legitimación del hecho democrático?, en fin, con el cuido de los derechos humanos como expresión vigilante de un país con armonía y aceptación.

Los procesos electorales en América Latina se han hecho con la finalidad de legitimar a actores políticos en el ejercicio de sus funciones gubernativas. Ahora, en estos años observamos con cierta perplejidad, la existencia de gobiernos que han utilizado los actos electorales para legitimar sus tropelías contra los pueblos. A mi juicio, lo peor de las perversidades, es hacer uso de la democracia, o al menos de uno de sus elementos esenciales, para acabarla, desacreditarla o cambiarla por sistemas autocráticos o dictatoriales. Es ciertamente una debilidad de la noción de la propia democracia. ¿Es legítimo, entonces, que una sociedad escoja vivir en dictadura por el solo hecho de haber utilizado urnas electorales? La respuesta es en consecuencia abiertamente negativa, y es gracias a uno de los elementos esenciales de la democracia, que nos auxilia en la respuesta: los Derechos Humanos constituyen hoy por hoy, la salvación frente a la incomodidad de dar o conferir un  concepto de democracia que satisfaga a todos. Espero, estimado lector, hablar por estos años de la nueva democracia.

Abogado y profesor universitario

gbricenovivas@gmail.com
      


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Comentarios (6)
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Por Ernesto Luís Rodríguez Rojas
23.04.2013
4:49 PM
Sin caer en diatribas filosóficas o ideológicas, es necesario precisar que, ciertamente la democracia no siendo un sistema "perfecto", si en cambio es el más cercano a la perfectibilidad -que no perfección- aunque a veces parezca que no. Cuando la democracia se convierte en "el gobierno de las mayorías", abandona su esencia de representar a TODOS los ciudadanos para convertirse en vulgar OCLOCRACIA, es decir, la tiranía de las mayorías que con sus matices tropicales estamos viviendo en Venezuela "por ahora"; o sea, para que la democracia represente a TODOS los ciudadanos, es necesario volver la mirada a la Constitución de 1961, pues esta consagraba la representación proporcional de las minorías, mientras que la de 1999, no. No digo que todos los males deriven de allí, pero estoy seguro que el respeto a TODAS las minorías, es lo más justo.
 
Por José R Pirela
23.04.2013
4:08 PM
Tampoco la palabra obediencia define la relación ciudadano-Estado, o ciudadano-autoridad de la gobernanza democrática. El ciudadano demócrata sabe que debe respeto a la norma, porque de tal comportamiento depende su bienestar y seguridad. El desconocimiento de la autoridad, sin justificación alguna, conduce al ciudadano a enfrentarse con la justicia. Pero obediencia a la autoridad a secas, se siente como obediencia a ciegas, como a sumisión, como si no se tratara de personas que por representar alguna función pública se creen con derecho a mancillar la dignidad de ciudadano.
 
Por José R Pirela
23.04.2013
3:40 PM
Tampoco es tiempo de temerarios que conducen manadas. La civilización nos trajo la Razón y la Moral para que cada ser humano pueda producir e intercambiar bienes y servicios, y mantener la paz de la convivencia.
 
Por José R Pirela
23.04.2013
10:31 AM
La democracia es complicada para el primitivismo obtuso del animal humano aún no civilizado que aún sigue apegado a la dominación y a la corrección por la fuerza bruta. Es el instinto animal de la manada que necesita de la fortaleza y la guía de un líder que comande la manada. Pero ese comportamiento fue superado por la democracia como modo de vida que permite y facilita la convivencia de 7000 millones de personas, sin que se caigan a mordiscos unas con otras. El respeto mutuo entre ciudadanos, el respeto de los funcionarios públicos por los ciudadanos, y el Estado de Derecho Democrático como guía de comportamiento y oráculo moral de la justicia, es el marco posmoderno de la civilización actual. Ya no hay vuelta atrás, la ira y el odio animal quedaron enterrados con el pasado. Ya la naturaleza no alcanza para vivir sin trabajar, cada habitante debe producir para vivir.
 
Por José R Pirela
23.04.2013
9:54 AM
Lo primero que debemos hacer es execrar del léxico democrático del mundo la palabra PODER. Es lo opuesto a LIBERTAD individual o de cualquier persona en particular. La libertad personal no proviene de la misma persona, sino del respeto que las demás personas le deben tener a sus diferencias: de su propia humanidad y conciencia: religión, política,etc. El Estado, y principalmente el gobierno, lo que tiene es Autoridad delegada por cada ciudadano para preservar el Estado de Derecho Democrático. Pero esa autoridad la pierde inmediatamente al pronunciar alguna palabra autoritaria o algún procedimiento reñido con la Ética Democrática. Por lo tanto la Autoridad no es una patente de corso, ni permanente. Tampoco la gobernabilidad se sustenta en el autoritarismo, sino en la Moral Democrática, representada por el respeto que debe guardar el gobernante a los ciudadanos, respeto a sus diferencias y a su independencia económica y política.
 
Por Hugo Vargas
23.04.2013
12:58 AM
la ultima vez que la derecha hablo de cambio, dio un golpe de estado y desconocio la constitucion, hasta le quito lo bolivariano al nombre del pais. no se nos olvida.
 
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