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Tres regalos del más allá

La resurrección de Cristo es fuente de paz interior, de santificación y de unión con Dios

JOSÉ MANUEL OTAOLAURRUCHI, L.C. |  EL UNIVERSAL
martes 9 de abril de 2013  12:00 AM
Recibir una carta o una llamada del extranjero nos produce una profunda alegría porque significa que existe una persona que piensa en nosotros, que nos recuerda, que nos tiene presentes en su mente y corazón. Algo así experimentó Nicolás Maduro cuando el difunto expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, le habló en forma de pajarillo para bendecirlo y animarlo a ganar las próximas elecciones.

Jesucristo un día emprendió un viaje a donde todos iremos, pero del cual nadie regresa. Después de su pasión y muerte descendió a los infiernos, como recitamos en el Credo, para despertar a los justos que aguardaban la redención. Y en su resurrección nos trajo del cielo tres regalos para ayudarnos a fortalecer nuestra fe y para que no seamos incrédulos sino creyentes.

Cristo resucitado nos da la paz. La paz que nace de saber que no hemos sido engañados en la fe que profesamos, sino que Cristo es realmente el Hijo de Dios. La paz que es fruto de la feliz esperanza en Dios Padre celestial que nos dio la vida y que nos aguarda en el cielo. No se trata de sueños infantiles, sino de una certeza que nace de la resurrección. "Porque si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe" (I Cor. 15,17).

La Iglesia es también prueba de la presencia viva de Cristo, pues ante tanta fragilidad humana, ¿cómo es posible que permanezca siempre joven con dos mil años de historia a sus espaldas? Cristo va en la barca y lleva sus manos puestas en el timón de la Iglesia.

Cristo nos trajo al Espíritu Santo. Cristo pagó el precio de nuestro rescate con el sacrificio de su muerte en la cruz y como último gran don, nos da la vida nueva nacida del Espíritu Santo a través de los sacramentos que nos alimentan, nos curan y santifican. Dios se hace presente a través de esos signos visibles que llamamos: sacramentos. Cada uno de ellos es una caricia de la misericordia que unge, enardece, consuela e ilumina. El Espíritu de la verdad nos conduce a la verdad plena.

Finalmente nos ofrece el don de sí mismo. Si contemplamos a Cristo resucitado nos daremos cuenta que en su cuerpo glorificado, un cuerpo libre de las ataduras del pecado, conserva las huellas de su doloroso martirio. Le dijo a Tomás: "Trae tu mano y métela en mi costado; trae tu dedo y ponlo en las heridas de los clavos" (Jn. 20,22). Dios se tomó muy en serio nuestra creación y redención. En su cuerpo victorioso conserva los estigmas de su martirio para que no olvidemos cuánto nos ha amado.

La resurrección de Cristo es fuente de paz interior, de santificación y de unión con Dios a través de la gracia nacida de los sacramentos.

twitter.com/jmotaolaurruchi



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Comentarios (1)
Por Quintero Alfredo
09.04.2013
9:51 PM
Es bueno que haya el autor arrancado el artículo con el ejemplo del diálogo de Maduro con un pajarito a quien Maduro consideró es el difunto presidente. No emite el autor juicio sobre la plausibilidad de tal diálogo, por lo que parece que el autor cree realmente que dicho diálogo tuvo lugar. Es muy bueno el ejemplo porque si Maduro es sincero, sería prueba de la capacidad del cerebro humano para autoengañarse. Ese mismo tipo de delirio que le hace creer a alguien que puede hablar con un difunto, es el mismo tipo de delirio que experimentan quienes creen que pueden hablar con un zombi que resucitó hace 1980 años luego de haber pasado tres días muerto luego de una golpiza y crucificción, y que además es posible comer su carne y beber su sangre si un sacerdote ordenado por un obispo dice tres garabatos en latin para transubstanciar una oblea y un vino barato en la carne y sangre del zombi.
 
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