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Expediente familiar

EDILIO PEÑA |  EL UNIVERSAL
martes 2 de abril de 2013  12:00 AM
A Micha y Sebastián Szinetar

La familia puede llegar a ser una herida honda de la cual no se puede escapar. Por más que algunos de sus miembros quieran huir de sus atavismos o irresoluciones afectivas que desgarran su psiquis y su alma. La locura o la muerte no termina con el trazado de esa herida que se prolonga en el tiempo y consume generaciones hasta copar el cuerpo de una nación. Franz Kafka quiso escapar de ese surco doloroso escribiendo una extensa carta dirigida a su padre; pero no pudo conjurar el malestar familiar porque el rencor lo convirtió en juez. Sin embargo, con la construcción de su obra literaria, logró liberar buena parte de su acuciante tormento, proyectándolo en un universo fantástico. Muy por el contrario, Adolfo Hitler, su contemporáneo, convirtió su resentimiento en una afinada arma de odio, con la cual se vengó de la humanidad a la que creyó culpable de sus inconfesables complejos y amargos sufrimientos. ¿Y qué decir de la familia de ese presidente, recién fallecido, y que tanto daño le causó a Venezuela?... Porque una dictadura puede comenzar a empollar entre los muros privados de un hogar, entre gritos, ofensas y palizas.

El poeta  José Antonio Ramos Sucre, familiar directo del Mariscal Antonio José de Sucre, fue condenado al insomnio  que creó la épica independentista, pero también a llevar el nombre invertido del prócer de Ayacucho; pero en vez de convertirse en sirviente  de caudillos paridos por la gesta libertadora, -en la larga dictadura de Juan Vicente Gómez- se dedicó a escribir una extraña poesía que arañaba el oscurantismo y el medioevo. Sin embargo, la vigilia perpetua le arrancó la vida en la ciudad de Ginebra, el 9 de junio de 1930. Recién había cumplido cuarenta años. En una de sus últimas cartas, escribió: "solamente el miedo al suicidio me permite sufrir con toda paciencia". Al inicio de la democracia venezolana, la épica de la revolución quiso tomar la conciencia distraída de una juventud sin padre, y frente a ese absurdo que sólo propone héroes, mártires y miserables, el poeta Rafael Cadenas opuso un poema memorable llamado Derrota. El poema atiende el cruce de los dos caminos en que se debate la existencia: el personal y el colectivo. Pero, ¿cómo elegir el camino apropiado si aún el ser no se conoce?

Una familia es fundada por una pareja, y cuando el amor junta a esas dos personas, éstos ignoran si el empuje de ese sentimiento podrá redimir sus destinos rotos para que sean completamente felices. El hombre, un judío que abandona Hungría hacia la América en el momento en que la nube negra del nacionalsocialismo comenzaba a oscurecer a Europa; la mujer, una venezolana que parte hacia  esa Europa, con la ilusión  juvenil de encontrar a un famoso psiquiatra que pueda curarla del desasosiego que la aqueja. Ambos personajes, el hombre y la mujer, se habrán de encontrar en una azarosa circunstancia, en un pueblito cercano a Barquisimeto, en Lara; y a partir de allí, los dos fundirán el amor con sus ciegas desesperanzas. Porque a veces, dos seres que se encuentran, tratan de juntar algo que les falta. Lo paradójico, es que jamás llegan a saberlo. Como el poeta Ramos Sucre, el hombre vencerá el miedo al suicidio y la mujer hundirá, aún más, su delgada fragilidad en el desasosiego que se le reveló un día, al descubrirse fea ante la luz de un espejo. Después de la muerte del marido, la mujer envejecerá buscando la respuesta a ese misterio incesante que trae consigo la vida. La conciencia lúcida y despierta de un hijo (el escritor), trazará la tarea de juntar las partes de esta historia, antes de que la memoria las desdibuje y el olvido las trague.  Ese es el corazón de esta magnífica novela escrita en la cumbre de los Andes venezolanos, titulada Expediente Familiar, de Miguel Szinetar, y que la Dirección de Cultura de la Universidad de los Andes ha publicado.

Expediente Familiar, es narrado con una economía de palabras, pero con una precisión del detalle y de las imágenes, donde se concentra el cuerpo de la historia. Eso permite que la historia descubra a la novela, y con ésta, a un novelista con un estilo y una respiración propia, excepcional. En cada línea no existen metáforas, sino la poesía que se desprende de la ventura y desventura de los personajes confrontados por  las circunstancias.  Nada se explica. Todo acontece en el entramado narrativo. Las elipses fraguan la posibilidad de entrar en los misterios de cada personaje, de aquellos que no se revelaron en vida. Leyendo lo acontecido, también podemos leer lo que acontece. Porque esta novela intensa, que abate la categoría de las novelas breves y extensas, se coloca como un referente literario desacostumbrado, ante un país que siempre apuesta al inmediatismo y al arrebato. Con Expediente Familiar, Miguel Szinetar inaugura su propia manera de escribir novelas, siendo capaz de mostrar la herida irreparable del ser.

edilio2@yahoo.com

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Comentarios (1)
Por Pablo Gil
02.04.2013
3:58 PM
Juan Peres la vida ni es tener un carro ni es tener un apartamento... Es saber de matemáticas... Estás raspado!
 
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